Opinión

“Dios saca los vientos de sus depósitos”


Edwin Sánchez

Si el huracán “Beta” completa los pronósticos de los expertos, tendríamos nuestra Nueva Orleáns y Cancún también. Pero diría que ninguna culpa era posible atribuir al actual equipo de la casa presidencial sobre los daños probables.
La fragilidad de la Costa, en cuanto a infraestructura, protección en casos de desastre, y carencia de todo, es la suma de los desaciertos --que en nuestro país pomposamente denominamos “gobierno”-- desde que Rigoberto Cabezas nos recuperó todo eso que hoy llamamos Atlántico, borrando del mapa al Caribe. Comenzando por ahí.
Para todas las autoridades, para los escritores, para los periodistas, para los nicaragüenses del Pacífico no hay Caribe. Desaparecemos de un plumazo toda la riqueza multiétnica de esta grande y mejor parte de Nicaragua. Les ponemos un nombre que no es el de ellos, Atlántico, o los llamamos “costeños”, como si nosotros, finalmente, no fuéramos también los “costeños”, pero del Pacífico.
El Atlántico comienza más allá del arco de las antillas menores y mayores. Y nosotros no limitamos con el Atlántico, sino que nuestra bella frontera es el Caribe, es más, somos del Caribe. Si no, que el gobierno, en la próxima, invite al escritor Lisandro Chávez Alfaro para acabar con el zarpazo geográfico que hacemos contra nuestros hermanos.
Ante los informes de don Claudio Gutiérrez, el Gobierno se movilizó con sus principales cuadros a los lugares de impacto y no he escuchado de ninguno de ellos acreditarse glorias sobre sus actuaciones en la RAAN, que debería ser Región Autónoma del Caribe Norte, RACN o RACAN.
Por eso, debo observar notables diferencias entre el doctor Arnoldo Alemán y su equipo con lo demostrado por el presidente Bolaños y compañía. En escena vimos a un hombre preocupado. Movió recursos humanos y técnicos. Se vio que había presidente. Jorge Bolaños estaría orgulloso y también, estoy seguro, habría estado allá.
En 1998 no ocurrió, lamentablemente, lo mismo. A los llamados de Felícita Zeledón sobre el inminente peligro que enfrentaban los lugareños del Casita, lo que presenciamos --esos que hacen “caudillo” a cualquiera que tiene un micrófono y una corte a mano-- fue a un señor que llegó riéndose a la sala de conferencias como si fuera a anunciar el próximo carnaval. Día: miércoles 27 de aquel octubre negro. En tanto, el Mitch soltaba su diluvio sobre aquella gente, damnificada de por vida, además.
Lo que es de cada quien. Si el calendario retrocediera, y este equipo que mandó el mandatario hubiera estado para los tiempos del Mitch, como diría Mario Tapia, “otro gallo, con esta gente de gallo” nos cantara. Ver a una señora como la ministra Margarita Gurdián en plena faena, ya no tanto con ese atuendo de alto cargo, sino de nicaragüense comprometida con sus hermanos de la Costa; verla en esa caída peligrosa que sufrió al descender por la rampa del avión en su apuro de estar con los hermanos de la Costa, hablan de ese otro heroísmo del cual no estamos acostumbrados.
Pero es que ahí también se ve cuando alguien actúa por cálculo político o por capacidad profesional. Un punto para el Gobierno, en las horas más duras que pudo haber sufrido Nicaragua. Punto para el ingeniero Bolaños que aparece con su capote, distinto a Alemán, con traje formal mientras miles de compatriotas perecían víctimas de la inercia de un gobierno que posiblemente ellos mismo llevaron al poder.
Esta operación de emergencia, sin embargo, debería permanecer como una operación cotidiana con nuestros nicaribes. Porque aunque el Beta no causó los estragos esperados, su población, como la del Casita, es damnificada perenne. Lo que pasa es que los números oficiales disfrazan sus rostros y tragedias, sus dramas alcanzan en cifras y sus hambrientos son bien presentados en gráficos de barras desde una laptop que nos permite ir a misa o al culto sin cargos de conciencia.
Que la visita hacia esa región del ostracismo se convierta en costumbre. Integrarlos. Que estrenen por primera vez la patria y todo lo que eso significa. Que cuando los ministros y diputados hablen de la Costa, aparten la calculadora y actúen como servidores de ese vasto territorio.
Y si hay que darle gloria a alguien, si cabe un reconocimiento cabal, debo decir que esta vez, el Señor Yavhé mostró ese tipo de piedad que muchas veces perdemos de vista con el prójimo. Este fin de semana salvó tantas vidas que las palabras siempre quedarán cortas para agradecer al Clemente y Misericordioso lo que hizo por este pueblo.
Los meteorólogos podrán dar sus razones y la NOAA resolverlo con un informe de cuatro párrafos, pero yo debo creer mejor, razonar además, lo que escribió el profeta Jeremías en el capítulo 51:16, lo que nos describe el mejor parte para comenzar a entender algunos de esos fenómenos climáticos y sus extraños comportamientos, que, a lo mejor --si no, lean Jeremías-- puede que no sean tan “erráticos”.
“A su voz (de Dios) se producen tumultos de aguas en los cielos, y hace subir las nubes de lo último de la tierra; él hace relámpagos con la lluvia, y saca el viento de sus depósitos”.
Seguro que hubo muchos cristianos nicaragüenses que no han doblado sus rodillas ante los baales de la tradición y la costumbre que oraron en el nombre de Jesús, para que los vientos del Beta regresaran a sus depósitos.

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