Opinión

Tierra de huracanes


Nicaragua está bendecida con la posición geográfica en la que está situada, bañada por dos preciosos océanos, lagos, volcanes, ríos, lagunas y una exuberante vegetación, fauna impresionante y de exquisitos colores; nuestro país es la mejor opción turística del mundo, y quien desee vivir en el paraíso, entonces que opte por vivir el resto de su vida en mi querida tierra.
Ahora bien, nada es perfecto, definitivamente que tenemos algunas cosas que nos hacen mala fama; el hecho de tener costas en el mar Caribe nos deja expuestos a la llegada de huracanes, recordemos que es precisamente en el océano Atlántico donde se forma la mayoría de estos fenómenos naturales; desde el origen de la tierra nuestro país ha recibido los vientos y el terror que acarrean estos monstruos, el pueblo nicaragüense ha sabido sobrevivir a todos ellos, hemos tenido huracanes que han dejado luto en nuestras familias, destrucción en los hogares, miseria, hambre, entre ellos tenemos los huracanes “Fifí”, “Joan”, “Mitch”, entre los más destructivos, y recientemente el susto que pasamos con el famoso “Beta”, todos ellos, gracias a Dios, son historia, ya solo recordamos con tristeza el inmenso dolor que causaron para muchas familias, sin embargo, lo más grandioso es que desaparecieron de Nicaragua y ya no pueden hacernos nada por el hecho de que no regresarán nunca.
Pero hay huracanes eternos, tan poderosos y destructivos como el inmenso coloso que tiene miles de años de arrasar sobre la superficie de Júpiter, huracanes que se vinieron formando con un poder destructor desde que aparecieron como unas insignificantes tormentas tropicales, algunos ya desparecieron, pero otros siguen arrasando silenciosamente sobre nuestro país, haremos un repaso de los principales y los más dañinos para nuestra tierra y habitantes.

El huracán “Somoza”
Comenzó a formarse a inicios del siglo pasado, en su crecimiento parecía una insignificante tormenta, la gente salía a las calles para recibir sus cálidas gotas, hasta le permitieron entrar a mojar los patios de la Casa Presidencial ubicada en “La Loma”; el mismísimo Presidente de la República lo invitó a entrar con la idea de que lo refrescaría un poco, de repente tornó su fuerza hacia lo maligno e implacable, subió hasta categoría cinco, destruyó primero lo que había en Casa Presidencial y desde allí, comenzó a azotar el país por casi 50 años, en esa vorágine murieron miles de personas que sin quererlo se mojaron en sus aguas malignas, parecía que nada lo podía detener, hasta los alemanes sufrieron sus efectos, y eso que supuestamente llegaron a estas tierras pacíficas que convivían mutuamente con la naturaleza.
Solo el valor de un hombre lo pudo detener, una bala certera al cuerpo del terrorífico lo pudo destruir, cuando todo parecía acabar entraron en juego otros huracancitos derivados del mayor, el primero se destruyó solo, sin mucha lucha, en cuanto entró en tierra se comenzó a desbaratar, el que lo siguió dilató un poco más y salió tan maligno como el primero, éste acabó en poco tiempo con 50 mil almas inocentes, era tan destructivo que no quería terminar de destruir nunca, ya estaba preparando su tormentita llamada “Chigüín”, para en cuanto envejeciera, esta tormenta retomaría la misión de causar tristeza y llanto en esta tierra de huracanes.
La gente se unió y, con la fuerza de sus brazos y corazones, creó un fulgor tan grande como una revolución, que expulsó de nuestro sol a este engendro de muerte.

“El huracán Danny”
Se comenzó a formar en los albores de los años 60 del siglo pasado, nadie lo conocía ya que estuvo guardado en una jaula natural por siete años, formando poco a poco su fuerza, en esos albores su misión era irradiar de luz con una brisa cálida nuestras montañas y valles, éste asumió la tarea de mojar con su candor todo el desastre que había dejado el huracán Somoza, comenzó tan fuerte con categoría nueve, era algo inaudito, en ninguna parte del mundo un huracán había tenido tanta fuerza, eran nueve fuerzas verdes que lo alimentaban... y eran nueve con él, esos años fueron negros para nuestro país, su intransigencia causó muchas víctimas, arrasó en el campo y la ciudad, poco a poco fue perdiendo fuerza, en los años 90 tuvo un cambio repentino, bajó de categoría, paso de nueve a tres, eso lo hizo perder fuerza, pero sigue destruyendo hasta la fecha, ya no sólo la naturaleza, ya no sólo los techos de las casas, es un fenómeno raro, ya que se mutó en una fuerza que corrompe el sistema de vida de los ciudadanos, destruye leyes, reglamentos, Constitución, funcionarios, jueces, magistrados, en fin, sigue girando desde el centro de Managua y sus vientos destructivos llegan hasta el último rincón de Nicaragua.
Este huracán está condenado a perder toda su fuerza, ya a lo interno está bien dañado, ni por más tiempo que vaya al océano a tomar fuerza logra sostenerse, siempre le ha gustado luchar contra la corriente, en sí es mar de contradicciones, un día se cree el bueno de la película y el otro día hace su verdadero papel desestabilizador de la sociedad, papel perfecto para un terrible huracán, ya pasó su tiempo, pero insiste en querer seguir siendo el eje en que a la fuerza, la rotación de izquierda gire en torno a él.

El huracán “Arnold”
Este voluminoso fenómeno se comenzó a crear en los años 90, tuvo una propaganda tal que de una simple lluvia miserable se convirtió en una molde de destrucción; arrasó con millones de dólares, no sólo en lo que costó su terrible paso, sino en el dinero en efectivo que con su feroz viento logró enviar hasta Suiza, Estados Unidos, Islas Caimán y Panamá, entre otros, ningún otro había llegado tan lejos, en simples palabras desvalijó a un pueblo entero, pero uno de los efectos más raro es que golpeó la inteligencia de los poderes del Estado, eso cambió los valores, sus rachas de corrupción hicieron que lo negro se volviera blanco, es decir, era un experto en lavar; le produjo amnesia a muchos que a pesar de tanta vergüenza causada, algunos están luchando por una norma que lo declare “Huracán Bendito” y que con esas aguas cálidas, retorne con su estela de miseria y robo natural en su propia clase; hasta la tormentita “Byron” salió beneficiada con el efecto en el Poder Judicial, pobre aspirante de huracancito, que injustamente le quisieron adjudicar que vació las arcas del Estado con sus vientecitos atormentados.

El huracán “Churry”
Éste es el huracán mas viejecito de todos, la verdad es que no ha pasado de categoría uno, las aguas que lo alimentan son muy ingenuas y se equivocan constantemente y lo hacen girar de forma errada, cuando se equivoca a todas luces lo resuelve con terquedad, ha estado a puntito de desparecer en muchas ocasiones, los huracanes más fuertes lo han aplastado tanto, pero cuando ya se va a extinguir, tiene una sutil forma de pedirles perdón, y siempre cree que se sale con la suya, le queda poco tiempo en la vida del país, ha causado destrucción principalmente en las familias pobres, es que una característica de este fenómeno es su clasismo, por eso no pasará nunca de donde se encuentra atollado.
Por eso les digo que Nicaragua es una tierra de huracanes, la ventaja es que todos, tarde o temprano, desaparecen, si le preguntan al pueblo, es preferible un huracán normal, de aquellos que se forman, entran al territorio, causan sus daños, pero desaparecen para siempre, que seguir aguantando a estos terribles fenómenos que nos matan silenciosamente, no sólo a las personas por no tener nada con qué protegerse de sus efectos perversos, sino que ahogan con sus aguas pestíferas el sueño de aquellos que un día esperan ver el verdadero sol de esta tierra que ya no quiere saber nada de huracanes.

León, octubre de 2005