Opinión

El nica y la muerte: otra especulación


Yo te proyecto desnuda por dentro
como paloma leona interior a la tierra
sin otra sustancia marina que tormenta.
Muerte vida.
Hipótesis de tu cuerpo
JCU

El nicaragüense antropológicamente posee una relación particular con la muerte. Esto ha sido motivo de reflexiones especulativas, de abordajes seudo científicos y de una vasta producción de poesía, relatos (cuentos y novelas) y teatro que iluminan más que otras disciplinas el tema. Un ejemplo de la muerte en la poesía lo encontramos en el bello epígrafe de José Coronel Urtecho que utilizo para este artículo.
El “Maitro” Coronel era uno de los mejores conocedores del nicaragüense y su particular genio creativo le hizo especular cosas –-no científicamente verificables, pero sí culturalmente posibles. Igual lo hizo Pablo Antonio Cuadra. Sé que a los dos se les acusa de una visión oligárquica y que mucho de lo que imaginaron sobre el nica, a partir de sus experiencias concretas, son desechables a la luz de las ciencias sociales del siglo XX. No cabe duda, hoy hasta la misma ciencia es efímera y desechable.
Pero ahora sabemos qué tan especulativos son los poetas y los filósofos, como los científicos sociales o los especialistas en estudios culturales. Sones de una misma cantiga donde la manera de abordar el barco por piratas del conocimiento es lo único diferente.
El nicaragüense (básicamente aludo a los mestizos del Pacífico), forjador y sufridor de devastadoras dictaduras político-militares (desde Pedrarias Dávila hasta la dictadura revolucionaria del FSLN pasando por la dinastía de los Somoza), ha vivido en las hojas metálicas de una bisagra: muerte vida. Estoy reflexionando básica y brevemente sobre el nica, con esto aludo no a los nicas Pellas, Dreyfus, ni Mántica, Chamorro o Lacayo, que perfectamente se pueden reclamar como tales, ni siquiera a los Cruz que somos un vasto e ilustre apellido, sino a lo(a)s trompudo(a)s, murruco(a)s, moreno(a)s, nobles, crueles, valientes y bandidos, machistas y locas ocultas, que componen esa porción imaginaria que llamamos pueblo.
El nica popular hasta el Gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro fue un ser anónimo escondido en la burla, en la conspiración, en el espíritu güegüense montado en una carreta nagua: la carreta de la muerte. Hasta este ilustre gobierno el nica empieza por ejemplo a tener una cédula de identidad. Un trozo de plástico que le asigna un nombre, un número y un lugar de nacimiento. Ya no es sólo el pedazo de espejo o el espejito enmarcado en lata que le entrega una imagen de alguien que Pedrarias pueda perrear, Somoza lanzar en un volcán o los sandinistas callar y encerrar en una mazmorra o en un campo de concentración, irónica y cruelmente llamado Tasba Pri (Tierra Libre).
Las sucesivas guerras civiles, las despiadadas dictaduras, el anonimato del ser frente a la crueldad de los poderosos, el dolor de los pueblos autóctonos inventado con crueldad genocida por los españoles, más un alegre duende vandaluz, hizo que el nica celebrara siempre la muerte desde la vida y la vida desde la muerte. La muerte, una compañera al lado del nica siempre, alguien con quien se puede conversar, alguien a quien ebrio(a) se puede insultar, e inclusive, en algún momento, desear y amar.
Mas aún, en estos días aciagos de ranchera mejicana cuando la vida no vale nada, seguimos viendo la muerte de mujeres y hombres jóvenes, en la flor de la vida, que son cegados por una filosa guadaña surgida como relámpago por un quítame esas pajas, por una trifulca de pandillas con armas hechizas o por un dame un peso para un trago o una piedra de crack. Aunque sean caras las exequias, por muy humildes que sean, puedo afirmar que obtener la muerte en Nicaragua es lo más barato.
El Día de los Santos Difuntos una vez la procesión se encamina a los cementerios a celebrar el rito del culto a los muertos, algo que el nicaragüense hace con devoción, fe, agradecimiento y placer. El nicaragüense sabe, al contrario del Eclesiastés, que siempre su tiempo individual es para vivir y morir. Y fachento siempre, es el único que puede decirle a Bond, al mero James Bond, muere y deja vivir.