Opinión

La culpa de ser honrado


Karla Castillo

Hace poco, una amiga me suplicó que escribiera sobre las arbitrariedades de Unión Fenosa con sus clientes. Ella me decía que no es posible que mientras paga ochocientos córdobas mensuales por el servicio de energía eléctrica, para su familia conformada por cuatro personas, haya vecinos que se ríen de quienes van al día con sus pagos y derrochan electricidad hasta ignorando los interruptores de los bombillos.
Y tiene una gran razón. Uno se atrasa quince días en el pago a Fenosa y le llegan a cortar el servicio. Sin embargo, por todos lados hay gente, con o sin medidor, con o sin recursos, que no se molesta ni en apagar las bujías en el día, porque evidentemente no les cuesta el servicio.
Sin embargo, no culpo al usuario ilegal de la energía eléctrica. Simplemente él la toma porque nadie se lo impide y no se anima a legalizarse, porque es más cómodo recibir un servicio ilimitado, sin que le cueste un centavo.
Los llamados a resolver tal situación son los comercializadores de energía eléctrica, es decir, Unión Fenosa. Pero a todas luces es más fácil “joder” al cliente que va al día, inflándole la tarifa, que obligar a los ilegales a pagar. Porque es un hecho que los españoles propietarios del consorcio energético no van a estar en Nicaragua para perder, y quien paga los platos rotos no son ellos.
¿Y el racionamiento?
De modo que quienes vamos al día somos castigados con cobros más altos. Caso concreto los quince días de racionamiento que nos recetaron, con más de seis horas de corte, y a veces hasta “dobleteaban”, lo que a muchos nos hizo incurrir en gastos extra. Y ahora nos damos cuenta que la crisis energética sólo fue una forma de chantajear al gobierno y los usuarios que vamos al día, para que aceptásemos el vulgar incremento en la tarifa.
Sin embargo, el recibo del mes correspondiente a los racionamientos llegó a mi casa sin un córdoba de diferencia. Sin embargo, calculo que dejé de recibir al menos 60 horas de servicio –seis horas diarias, en diez días--. Es decir, más de dos días que fueron imperceptibles para el medidor instalado por Fenosa en mi casa.
En seis horas de un solo día pudieron haber muerto muchas personas, a falta de ventilación en los hospitales. En seis horas se me pudo echar a peder una cantidad de alimentos que necesitaba refrigeración. No sé cuántos adultos mayores padecieron de sudoraciones extremas y estuvieron al borde del infarto, a falta de abanico. En ese período me tocó trabajar en un infernal ambiente saturado de sudor mío y de mis colegas, sin aire acondicionado y con las computadoras a punto de quemarse, en fin...
Eso ocurría mientras otros felizmente se dedican a gastar y mientras uno piensa que lo hacen porque son pobres, basta con echarles una mirada y se aclara que beben licor los fines de semana, se compran el último pantalón o traje que salió al mercado y hasta vehículo tienen.
Fenosa debería de una vez por todas hacer cumplir sus obligaciones acordadas en el contrato para dar servicio a los nicaragüenses, además de aplicar las tarifas legales para evitar que más clientes caigan en la ilegalidad, para enfrentar los abusos cometidos. El gobierno también debería poner de su parte, al regular a la empresa española, vigilar su actuación y sobre todo, los cobros irregulares.