Opinión

Mercado libre, elecciones libres


Vivimos en una economía de mercado, estamos subordinados al comercio internacional y hemos aceptado disputar el poder a través de la democracia representativa, electoral o burguesa. Pero eso no quiere decir que nosotros creamos que el mercado es la mejor manera de asignar los recursos, o que el comercio internacional garantiza un intercambio simétrico, o que la democracia electoral es la panacea del poder ciudadano.
Libre competencia o libre monopolio
El mercado es una red de intercambio de valores y precios. El intercambio de valores puede ser equitativo, como el que se realiza entre los compradores y vendedores de los mercados metropolitanos, como el mercado Oriental por ejemplo, donde la gente intercambia a valores similares. En cambio, el intercambio puede también realizarse en forma desigual, donde una persona o un país aportan más valor a la economía y retiran menos valor, mientras que otras personas o países retiran más valor, aunque hayan aportado menos, resultando así una desigual distribución del trabajo y de la riqueza.
Un buen ejemplo de intercambio desigual es el que se realiza entre los bancos y el resto de productores, consumidores o cuentahabientes. Los bancos no producen ni un solo adoquín, sin embargo, son los que más valores obtienen en la economía.
Imagínese usted que el presupuesto de la República para el próximo año le entregará a unos cuantos bancos privados alrededor de 1,000 millones de córdobas en interés. Difícilmente encontrará usted un negocio en Nicaragua que produzca una ganancia similar.
¿Y quién pagará esos mil millones de córdobas? Pues los que pagan impuestos, es decir, la gente, ya que muchos empresarios, como las empresas de Zonas Francas, no pagan nada de impuesto, o los mismos banqueros que son los empresarios que menos impuestos pagan en Nicaragua.
Decir, entonces, mercado libre no es más que un eufemismo que se utiliza para justificar la actual distribución de la riqueza, aunque todos sabemos que el mercado actual no es más que una red de intercambios desiguales.
La verdad es que no hay libre competencia, sino libre monopolio. Todos pueden competir, pero quien tiene el monopolio del capital es quien siempre gana en aquella competencia. El que tiene el capital tiene la influencia suficiente sobre el gobierno para realizar los mejores negocios de su vida y además podrá decir en los medios de comunicación que todo eso se hace por el bien de la gente, pues tiene el capital suficiente para pagar una buena publicidad.
El candidato, el partido, el programa
Lo mismo que dijimos del mercado libre, podemos decir de las elecciones libres. En teoría, como nos decía nuestra maestra de primaria, cualquiera de ustedes puede llegar a ser presidente. Pero en realidad hay que tener suficiente dinero para poder participar en las elecciones, ya sea para alcalde, diputado o presidente. Si el candidato tiene muchos recursos puede pagarse una buena campaña electoral, si el candidato no es rico no podrá ni siquiera ser concejal municipal. Por eso es que durante la mayor parte de la historia de Nicaragua, la mayoría de los presidentes han sido gente con muchos recursos económicos.
En Nicaragua las elecciones cuestan más de cinco millones de dólares. De ahí que la gente se organiza en partidos políticos, o establece alianzas con países extranjeros para poder sufragar los gastos electorales. Eso explica en gran parte que los proyectos populares no hayan tenido mucho éxito en ganar elecciones.
En una contienda electoral se vende un candidato, se vende un partido o se vende un programa, igualmente, en la misma campaña electoral, se critica al candidato adversario, o al partido adversario o al programa adversario. Claro está que los candidatos expresan por lo general la identidad del partido y, tanto el candidato como el partido, expresan un programa determinado.
En cuanto a la libertad de elegir, la misma dependerá de la oferta que exista, del conocimiento que se tenga, de los valores que se profesen o del debate que se emprenda. A mayor participación de las masas y a mayor debate sobre los diferentes programas, mayor libertad electoral tendremos.
Últimamente, los debates han empezado a girar, al menos en América Latina, alrededor de los programas sociales y económicos, lo que permite no solamente discutir sobre el régimen político que queremos, sino sobre el sistema económico que preferimos.
En ese sentido, la radio, la televisión, Internet, las asambleas de barrio, trabajo o estudio, están cambiando el panorama del debate y los intereses. El monopolio empieza a romperse, la misma economía de mercado y el mismo sistema electoral han entrado a la discusión. Se ha puesto en agenda la discusión sobre la democracia indirecta, delegada y permanente o sobre la democracia directa, participativa y revocable. Igualmente, se discute sobre el mercado o sobre los monopolios realmente existentes.