Opinión

Argentina: “Marea Roja” contra turismo


Nunca había tenido la experiencia que me dijeran que los enlatados, conservas o envasados, debidamente sellados y con el registro sanitario de su país de origen impreso, pudieran, a pesar de dicho registro, ser portadores de virus y bacterias. Pero este raro fenómeno -que quiero compartir con viajeros y turistas para que les sirva de advertencia- me ocurrió el sábado 15 de octubre al llegar a Buenos Aires, Argentina, procedente de Santiago, Chile, a las cuatro y treinta minutos de la tarde, viajando en Air France. Puntualizo tanto dato aparentemente superfluo, porque así están en el Acta No. 408 del Servicio Nacional de Sanidad (SENASA) que me entregaron a solicitud mía para respaldar esta triste historia.
Resulta que en Santiago, la víspera del viaje a Buenos Aires, mi esposa y yo compramos una especie de muestrario, seleccionando uno o a lo sumo dos de cada especie que nos pareció atractiva en sus respectivas latas o envases, de los tan gustados y merecidamente famosos mariscos chilenos para traer a Nicaragua. Cantidad de conservas, desde luego módica, propia para consumir en ocasiones especiales con familiares y amigos, después de los días que pasaríamos en Argentina. Pero al llegar a ese país y abrir con la conciencia libre de toda culpa nuestra maleta en aduana, resulta que encima, a la vista de todos, estaba el cuerpo del delito representado por enlatados o envasados de cholgas, almejas, choritos y machas, lo que, según las autoridades sanitarias que al azar nos habían registrado a nosotros, no podíamos llevar, puesto que esos productos sellados eran portadores de marea roja.
De nada sirvieron nuestros argumentos ni los de otros viajeros solidarios que decían que los envasados no podían ser objeto de esas medidas. Nada convenció a aquellas dos diligentes mujeres que sólo atinaban a decir que aquellas eran sus instrucciones y que Air France debió advertirnos de aquella prohibición (no sé si en el momento en que estábamos haciendo las compras en el supermercado de Santiago) o cuando menos hubiéramos llevado un “certificado del frigorífico”, que me imagino que es algo así de imposible como que un turista vaya a conseguirlo en la fábrica enlatadora de aquellos mariscos que al final, cuando ya todos estábamos como los insuperables erizos de mar que no llevábamos (aunque sí “locos” y decepcionados), también a solicitud mía quise ver cómo los desenlataban y eran tirados dentro de una bolsa negra.
Pero en esa bolsa negra no se pudieron tirar algunas preguntas que hoy hago, a través de sus respectivas representaciones diplomáticas, a las correspondientes autoridades chilenas y argentinas: ¿No pueden ambos países advertir al incauto turista sobre esta indigerible prohibición y así evitarle entusiasmo y gastos innecesarios? ¿Los envasados, realmente pueden ser portadores de virus y bacterias? ¿Están las autoridades sanitarias chilenas, como al parecer lo presumen las argentinas, engañando al consumidor cuando en cada envase o lata ponen su registro sanitario, pero entre tantas delicias del mar están incluyendo marea roja?