Opinión

El pentágono mágico del desarrollo

I - Parte

“Para ser exitoso no tienes que hacer cosas extraordinarias. Haz cosas ordinarias, extraordinariamente bien.”
Existe consenso en principio que toda política de desarrollo debe tener como meta la satisfacción de las necesidades básicas de la población y que el desarrollo debe satisfacer las mismas y otras. También ha habido muchas discusiones alrededor de qué metas deben considerarse como estratégicas para alcanzar el desarrollo. Seers parte de tres metas estratégicas; alimentación, trabajo y justicia social, complementadas con una serie de variables instrumentales. Los dependentistas de la Cepal parten de superar la dependencia como premisa para alcanzar el desarrollo. Ch. Elliot señala los componentes: independencia, crecimiento y justicia social como el triángulo mágico del desarrollo.
Los profesores y autores de varios libros sobre desarrollo, D. Nohlen y F. Nuscheler hablan de 5 componentes que deberían incluirse en todo concepto de desarrollo: crecimiento, trabajo, equidad-justicia social, participación e independencia. Es obvio que al interior de los cinco componentes, existen controversias en los chances (tiempo) de realización, de ahí que también para que se alcancen los 5 al mismo tiempo debe haber algo de “magia”, por ello se establecen prioridades y la gradualidad en alcanzarlos.
El Crecimiento económico no sólo debe ser un componente básico para disminuir la pobreza, sino un adecuado proceso de creación de bienes y servicios para la población y la economía. Además debe ser un crecimiento que se armonice con el ambiente y no un crecimiento depredador, sino en el sentido de hacer verdaderamente sostenible ese proceso.
El crecimiento debe anudarse a los aspectos cualitativos y no sólo los aspectos cuantitativos. Un crecimiento adecuado está en contra del monocultivo (aunque éste aumente las exportaciones) la ganadería extensiva y, debe propiciar la diversificación de la producción. Crecimiento es una condición necesaria, pero aún no suficiente para el desarrollo. El crecimiento no se convierte de manera automática en progreso económico, además el progreso económico tiene además límites. Un crecimiento de 5% es insuficiente, si por otra parte ¾ de la población vive en condiciones de pobreza. La pregunta clave es a favor de quién está el crecimiento y de qué manera favorece el mismo. Necesitamos fundamentalmente crear riqueza, mejorar su distribución, para disminuir los niveles de pobreza y sobre todo, un crecimiento que cree riqueza efectiva y empleo.
El Trabajo debe entenderse como un elemento indispensable e insustituible en el concepto de desarrollo. Sobre todo, como medio de una adecuada y productiva ocupación. Que la gente esté ocupada dinamiza la economía y da impulso al crecimiento, además que genera una efectiva capacidad de elegir ante las distintas opciones. Las migraciones descapitalizan intelectualmente nuestra economía, aunque también pueden contribuir al crecimiento y mejorar el nivel de vida. La ocupación debe ser más que una fuente de ingresos, la fuerza de trabajo debe ser remunerada de manera adecuada y por ello hay que elevar la calificación, pagarla adecuadamente y no sobreexplotarla o dejar que lo hagan.
La calidad de la educación afecta la productividad, la producción e incide en las oportunidades de competitividad. Por ello hace falta una adecuada supervisión de la utilización de la fuerza laboral en las zonas francas. Es recomendable un crecimiento intensivo en el uso de la fuerza de trabajo, para no seguir desperdiciando el principal recurso con que cuentan las naciones. Estamos obligados a elevar la eficiencia productiva de las posibilidades de producción.
Una fuerza de trabajo calificada es atractiva para las inversiones y puede asimilar nuevas técnicas y tecnologías. De ahí que es importante que el país cuente con ingenieros que manejen las matemáticas, los programas informáticos y personal bilingüe. Actualmente existen más de 400.000 personas aptas para trabajar que están subutilizadas, equivalente al 23 % de nuestra PEA y cada año se integran entre 90 y 100 mil nuevos miembros. Los voceros oficiales señalan que se han creado muchos nuevos empleos, y entonces por qué la gente está migrando hacia Costa Rica y hacia los Estados Unidos. ¿O es que debe entenderse que la migración es una forma “inteligente” de atacar el desempleo? También las fronteras se están convirtiendo en “cementerios inteligentes” para los desafortunados inmigrantes.
II - Parte
Equidad y justicia social no deben tomarse como propuestas abstractas, sino como condiciones concretas e ineludibles para el desarrollo, esto porque le abren a los seres humanos y le desarrollan la facultad de elegir, decidir, tomar parte en los asuntos que le competen. La búsqueda de la justicia social debe ser parte integral de un verdadero desarrollo. La equidad tiene que ver con una mejor distribución de la renta. El último informe de Desarrollo Humano (2004), Nicaragua presenta un Coeficiente de Gini de 55.1. Sabemos que este índice mide la desigualdad a lo largo de toda la distribución del ingreso o consumo. El valor de cero representa la igualdad perfecta y un valor de 100 la desigualdad perfecta. (El C de G., para Costa Rica es de 46.5; Brasil 59,1 y Chile 57,1).
Todos los esfuerzos para superar el hambre y la pobreza en el mundo en desarrollo, deben basarse en la justicia económica y social, así como la responsabilidad política compartida. El Estado debe ser un garante de la equidad, la justicia social y jurídica. Para ello deben existir instituciones sólidas y confiables. La corrupción atenta contra la justicia y la equidad, mientras no se aplique la ley a los que la transgreden. El reto de disminuir los niveles de pobreza y miseria exigen políticas coherentes, consistentes y focalizadas a los más necesitados. No basta con elaborar documentos o programas en otros idiomas para atacar la pobreza.
La Participación no debe concebirse solamente como un concepto normativo aglutinador. Ella no se circunscribe a tomar parte en las elecciones, sino promover una efectiva incidencia en el quehacer político y en la toma de decisiones de los actores sociales. Este debe ser un concepto antípoda a la marginalidad y la exclusión de la población o sus organizaciones políticas. La participación debe sustituir las decisiones desde arriba, y anteponer el desarrollo a través de los pobres, o el “desarrollo desde abajo”. El caudillismo es la antípoda de la democracia participativa. Se trata de sustituir la planificación burocrática y el cálculo político. El desarrollo se da cuando el ser humano es tratado como sujeto y no como objeto; cuando su autonomía, su confianza, su individualidad se toma en cuenta, a la hora de planificar y ejecutar proyectos. Tiene que ver con elevar la autoestima de la gente. El desarrollo debe llamarse ser, llegar a ser y no sólo el tener. Participación debe significar democracia, pero más que la realización de elecciones. Ella contiene el respeto a los derechos humanos, la libertad pluralista de una organización. Participar es tener real libertad de elegir en el mercado y sólo se puede elegir, si se tiene el voto monetario efectivo. La democracia es por naturaleza participativa y, aún más, la democracia económica.
La independencia debe ir de la mano con la soberanía de elegir su sistema económico, político y cultural. Estos aspectos deben representar la voluntad del pueblo sin intromisiones o amenazas externas. Aquí es evidente que este elemento se enfrenta a las estrictas y cuantiosas condiciones de los organismos internacionales que proporcionan recursos financieros. Para nadie es un secreto que la economía mundial contiene para los países en desarrollo más presiones y condicionalidades que potenciales de liberación. La independencia asume un rol cada vez más trascendente y para algunos se convierte en una inalcanzable meta. La propuesta de dolarizar las economías atenta contra la soberanía de las políticas monetarias nacionales. La ingobernabilidad política nos hace que recurramos a otros para mejorar el riesgo país, en detrimento de nuestra soberanía e independencia. Tales políticas abortan cualquier intento de la autodeterminación y el derecho a un desarrollo propio.
Se puede deducir que para el caso de Nicaragua, alcanzar los 5 componentes resulta tremendamente difícil, casi un “milagro” dado el deterioro de la economía nacional y el impacto descomunal de la crisis energética. Los retos para 2006 y los venideros son gigantes; exigirán concentración y mucho esfuerzo. La estabilidad macroeconómica sigue siendo vulnerable. La política fiscal y la política monetaria tienden a ocasionar un enfriamiento de la economía, disminuyendo el ritmo del crecimiento. El año electoral implica erogaciones que afectarán el crecimiento de la producción. Es un imperativo fortalecer el sistema financiero y convertirlo en una palanca productiva. Los elevados costos de producción ponen en una situación difícil a los productores de cara a la aprobación del DR-Cafta. Para alcanzar las metas se necesita no solamente del mecanismo del mercado, sino de una gestión estatal ágil y efectiva. Es decir un buen gobierno y transparencia en el uso de los recursos de la nación.
Evitar que los recursos provenientes de la privatización o los recursos liberados por la condonación de la deuda externa no se usen para el consumo suntuario o inverosímiles indemnizaciones. Una renegociación adecuada de la deuda interna sería saludable para el país. Hay que buscar cómo aumentar los indicadores claves de la economía, como el crecimiento del PIB, el ingreso per-cápita, las reservas internacionales, pero también el de las actitudes y los valores. Para alcanzar el desarrollo debemos mejorar la calidad de la educación y la institucionalidad, mejorar la transferencia tecnológica, atacar la depredación ambiental, así como el riesgo país, ponerle músculos al crecimiento, y cerebro a los hacedores de políticas, a los estrategas y a los gobernantes.
*Profesor de Economía
Director de Maestría en Economía
Pública y del Desarrollo.
Escuela de Economía-UNAN-Managua
Email: romulo@ibw.com.ni