Opinión

¿Laissez faire?


I
¿Qué prevalece? Se dice en economía, casi como dogma de fe, que la mano invisible del mercado desarrolla la producción de riquezas y su correcta distribución.
Es decir, se deja todo a la espontaneidad. Si eso fuera cierto no existiría Brasilia.
II
La construcción de Brasilia puede calificarse de cualquier manera, menos de espontánea o casual.
Juscelino Kubistchek, presidente desarrollista, se animó a construir Brasilia en 1956. Oscar Niemeyer, arquitecto, en colaboración de Lucio Costa, urbanista y chef, crearon en planos y dirigieron la construcción de la nueva capital de Brasil, inaugurada en 1960.
III
Brasilia es la única capital del mundo por cuyo centro se puede circular en automóviles particulares a cien kilómetros por hora. Es una ciudad que previó muchas cosas pero no previó, entre otras, los requerimientos de vivienda para trabajadores poco calificados.
No tenía cementerio, pero sí un lago artificial.
La circulación por sus parques, al contrario de la exhaustiva planificación, quedó en manos del laissez faire, puesto que se embaldosaron hasta después los caminos por donde la gente solía circular.
Nuestra Managua se coloca al otro extremo con su desarrollo desordenado y caótico, como bien lo explican Edwin Sánchez y Dionisio Rodríguez en el artículo de EL NUEVO DIARIO publicado el pasado martes 25.
IV
Estimamos que las ideologías las crean ad-hoc los poderosos para sustentar el poder que detentan y justificar el hecho de que dirigen a su favor el desarrollo natural de los fenómenos sociales y económicos.
Los demás estamos atrapados en estas superestructuras y acorralados con promesas del más allá y saturados por medios de comunicación masivos que nos convencen acá de que somos libres de escoger.
V
Creemos que el machismo sustituyó al matriarcado natural cuando se desarrollaron las fuerzas de producción, los hombres le dieron un “golpe de estado” a las mujeres afianzados en su mayor disponibilidad productiva. El hombre no tiene que acarrear el embarazo ni amamantar.
Después nace la superestructura machista que hasta las mujeres refuerzan a través de una educación que diferencia y sobrevalora a sus hijos varones.
VI
Es decir que no se puede hablar de una superestructura ajena a la voluntad de la clase dominante que la refuerza.
Como no se puede hablar de un desarrollo programado que sea ajeno a un desarrollo más o menos natural.
VII
Las leyes, como toda superestructura, tienen conceptos diferentes, no solamente distinguiendo en su aplicación a sujetos de distinta clase económica, sino que además privilegiando con la facultad de legislar a quienes detentan el poder.
Hay un tipo de leyes que regulan lo que acontece de un modo más acorde a lo natural mientras otro tipo de leyes son diseñadas para obligar a los dominados a observar un comportamiento que beneficia a los dominantes.
No hay tal dejar hacer, dejar pasar, las leyes van por donde van y la gente termina por hacer lo que ordena quien domina.
VIII
El arte puede ser la más libre de las expresiones, pero no se crea que es tan libre. La máxima expresión de libertad es tener el sartén por el mango, lo que influencia, limita o auspicia el desarrollo del arte en la dirección que los sartenes señalan.
Afortunadamente hay genios que con nuevos estilos y formas diferentes, se adelantan a su época y rompen con los patrones establecidos.
IX
¿Se les puede creer a quienes predican el laissez faire? Si creen en la equilibradora mano invisible ¿Cómo justifican aranceles que limitan la circulación de bienes? ¿Y los subsidios que algunos gobiernos conceden a cultivos específicos?
Y no menos contradictorio es que en un libre mercado se impongan reglas tan rígidas como las contenidas en el Cafta, y para mayor ironía nos han convencido con abundante publicidad de que al firmarlo hemos alcanzado el máximo de libertad económica.
X
Aceptamos que si bien somos capaces de modificar lo espontáneo por medio de la voluntad, estamos confinados en lo que ya existe y regidos por superestructuras fuera de nuestro alcance.
No hay futuro desarrollo que no se base en el pasado y en la voluntad de quienes detentan el poder. Puede que algunos poderosos tengan amor por lo humano, pero la mayoría de ellos bendicen el laissez faire, besando la mano invisible del mercado que tenazmente se inclina por un capitalismo deshumanizante y deshumanizado que sólo favorece a quienes manejan mangos y sartenes.
Managua 27 de octubre de 2005
elsavogl@ibw.com.ni
Neville Cross y María Elsa Vogl
Miembros de Centro Nicaragüense de Escritores.