Opinión

Columnas de la democracia


El premio Nobel Douglas North define a las instituciones como un conjunto de mecanismos que estructuran la interacción social, política y económica. Las instituciones implican limitaciones en el comportamiento de los actores. Estas limitaciones son formales como las establecidas en la Constitución y en las leyes, o informales como las tradiciones y costumbres.
Las instituciones son productos históricos y surgen de la necesidad de crear órdenes en los que las personas puedan interactuar y reducir el costo de sus intercambios. Las instituciones permiten estructurar y coordinar las opciones de los actores. Uno de los códigos informales sobre los cuales descansan las instituciones democráticas requiere que los actores se autolimiten para preservar las reglas y consecuentemente la legitimidad del sistema en su conjunto.
La principal regla de un sistema democrático es el gobierno de la mayoría. Sin embargo, la regla de mayoría coexiste con los derechos de las minorías. Las reglas denominadas contra mayoritarias preservan los derechos de las minorías ante los avances circunstanciales de las mayorías.
Las reglas anteceden a las votaciones. Mientras que las mayorías se modifican de acuerdo con las preferencias expresadas por los ciudadanos en cada competencia electoral, el conjunto de derechos se preserva fuera del debate que animan las mayorías. No se justifica que una mayoría electoral vulnere derechos básicos, como la libertad de expresión o de reunión.
Estas reglas de los sistemas democráticos también regulan a los partidos políticos. En función de ellas existen dos planos diferenciados, la vida interna de los partidos y la competencia electoral entre ellos. En el primero los partidos deben definir su estrategia, su programa electoral y los candidatos que serán sometidos a cargos electivos. En el segundo los partidos compiten entre sí para determinar de manera proporcional su cuota en los poderes Ejecutivo y Legislativo. Por voluntad de los electores y nunca por pactos.
Cuando los partidos no son capaces de llegar a un consenso respecto de algún aspecto de su vida interna, existe en el sistema institucional el instrumento de las elecciones internas abiertas, sancionado como una medida tendiente a aumentar la transparencia en la selección de los candidatos. Asunto que ignoran tanto don Daniel como don Arnoldo. Es fácil de entender, pero nadie se los ha explicado.
Si la vida interna de los partidos se vulnera con decisiones de dedo, se generan riesgos para el sistema democrático, dado que la expansión de la competencia interna de un partido al conjunto del sistema de partidos genera distorsiones en la competencia entre ellos. Sin competencia genuina interna no hay democracia.
La democracia requiere mayorías, pero también requiere reglas. Estas reglas, como dijimos, son contra mayoritarias y la agencia encargada de aplicarlas, el CSE, no debe estar sujeta al humor de mayorías circunstanciales o a la voluntad de los caudillos. Elevar el nivel de la conceptualización democrática resulta fundamental para que las decisiones públicas sean las mejores disponibles que nuestra cultura política nos permita alcanzar.
* Vicerrector de la UCC.