Opinión

Bloqueo a Cuba


En una declaración sin precedente por su franqueza, lejos del tradicional lenguaje indirecto y eufemístico de los documentos diplomáticos, la XV Cumbre Iberoamericana celebrada en Salamanca, España, entre el 13 y el 15 de octubre de este año, puso fin a las diferencias y en algunos casos disputas que hasta entonces habían mantenido los gobiernos americanos con relación a la añeja política norteamericana de bloqueo a Cuba.
En efecto, fundamentándose en el Derecho Internacional, la XV Cumbre Iberoamericana aprobó un Comunicado especial dirigido al Gobierno de los Estados Unidos, exponiéndole de manera franca y directa su posición contra el casi cincuentenario bloqueo a Cuba. Dice así:
«Considerando las referencias al tema en cuestión en las declaraciones de anteriores Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica.
«Reafirmamos una vez más que en la defensa del libre intercambio y de la práctica transparente del comercio internacional, resulta inaceptable la aplicación de medidas coercitivas unilaterales que afectan el bienestar de los pueblos y obstruyen los procesos de integración.
«Reiteramos el más enérgico rechazo a la aplicación de leyes y medidas contrarias al Derecho Internacional como la Ley Helms-Burton y exhortamos al Gobierno de los Estados Unidos de América a que ponga fin a su aplicación.
«Pedimos al Gobierno de los Estados Unidos de América que cumpla con lo dispuesto en 13 sucesivas resoluciones aprobadas en la Asamblea General de las Naciones Unidas y ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero que mantiene contra Cuba.
«Solicitamos en particular al Gobierno de los Estados Unidos, que con carácter inmediato detenga la aplicación de las medidas adoptadas en el curso de los dos últimos años con el objetivo de fortalecer y profundizar el impacto de su política de bloqueo económico, comercial y financiero a Cuba».
Habiendo firmado este Comunicado por consenso —sin rechazos explícitos, que es como la Comunidad Internacional define este concepto—, los gobiernos americanos alcanzaron, por fin, una política común en contra de la política norteamericana de bloqueo a Cuba. Un consenso que además de contar con el aval del Reino de España y del gobierno de Portugal contará con una instancia de verificación, seguimiento y control de parte de la recién creada Secretaría General Iberoamericana, que a partir de esta Cumbre tendrá su sede en Madrid.
Y esta nueva política iberoamericana contra el bloqueo norteamericano a Cuba tendrá la oportunidad de ponerse a prueba en la reunión del próximo 8 de noviembre de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que por enésima vez tratará este tema y que también por enésima vez condenará al gobierno norteamericano. Dicho en otras palabras, en esta nueva ocasión todos los gobiernos de América Latina y el Caribe están obligados a votar en contra de esta política norteamericana.
Con independencia, pues, de las consabidas presiones de Washington de toda naturaleza, que se expresan en función de la firmeza de las posiciones de las naciones de la región con relación al bloqueo a Cuba, ninguno de los gobiernos iberoamericanos podrá abstenerse y mucho menos votar a favor de los Estados Unidos, como algunos lo han hecho anteriormente.
Y aunque en Centroamérica las presiones ya se hicieron sentir públicamente, con las declaraciones del Secretario de Comercio de los Estados Unidos —reafirmando la naturaleza punitiva y no solamente ideológica del bloqueo a Cuba—, el gobierno de Nicaragua está obligado a honrar el compromiso de la XV Cumbre Iberoamericana en la próxima reunión de la Asamblea General de Naciones Unidas. Ojalá que las declaraciones del presidente Bolaños justificando la firma del gobierno de Nicaragua en inexistentes errores de traducción no impliquen ruptura de este compromiso.
Porque según reproducción de una agencia de prensa internacional, y en respuesta al Secretario de Comercio, el presidente Bolaños declaró que «había una palabra mal traducida, incompleta, y se juega a veces con dos palabras que son bloqueo y embargo y que en las Naciones Unidas siempre se ha usado el término de embargo comercial que es el que existe. Bloqueo ya es una cosa física, como que están los barcos, que no hay entrada ni salida, que ni los pajaritos pueden entrar ni salir». Ojalá también que esta declaración no corresponda a una proyección de profundos sentimientos inconfesables.
Los costos del bloqueo
Pero además ningún gobierno americano puede alegar ignorancia acerca del brutal impacto sobre el desarrollo económico de Cuba que ha tenido la política norteamericana de bloqueo contra la isla en los últimos 46 años. Porque cada vez que se reúne la Asamblea General de las Naciones Unidas para tratar el tema el gobierno cubano se ha preocupado por presentar a cada uno de ellos, con suficiente antelación, un detallado estudio al respecto.
Y aunque en Nicaragua son pocos los ciudadanos que tienen acceso a estos estudios cubanos, a ninguno se le escapa la magnitud del daño causado por el bloqueo, porque todos conocen el impacto en términos humanos y materiales que le causó al país la sostenida agresión norteamericana durante la década del gobierno de la Revolución.
Aún así, sin embargo, es posible que algunos crean que por no tratarse de un bloqueo físico —como dice el presidente Bolaños—, las consecuencias no son tan graves. Pero no es así. El impacto del bloqueo a Cuba es tan grave como si fuera el resultado de una interdicción física, que de darse sería de carácter militar: un sitio naval y aéreo, que es a lo que realmente se refiere el presidente Bolaños.
Porque el bloqueo es un ultimátum de los Estados Unidos a todos los productores occidentales de toda la gama de productos imaginables, incluyendo la tecnología de punta, para que no le vendan a Cuba. Lo mismo pasa con la banca internacional, para que bloqueen las transacciones bancarias a favor de estos proveedores, y que ya implicó una multa de cien millones de dólares al banco suizo UBS AG que se negó a someterse al bloqueo. Y con las compañías de transporte marítimo y aéreo, para que respectivamente no transporten a Cuba ningún tipo de mercancía, de cualquier puerto del mundo, ni viajeros si parten de los Estados Unidos. En el caso de las compañías aéreas, el bloqueo va mucho más allá: en Canadá, por ejemplo, que es un puerto de triangulación, la única compañía de chequeo a pasajeros, que es norteamericana, no le da servicio a las compañías cubanas, obligándolas a hacer manualmente el chequeo de pasajeros y carga.
Un ultimátum, al cual se someten buena parte de productores, banqueros y transportistas occidentales, la mayoría de las veces con plena conciencia de que están violando las leyes internacionales. En algunos casos esto es válido también para las exportaciones cubanas.
Todo este bloqueo le ha costado al pueblo cubano miles de millones de dólares durante los últimos cuarenta y seis años. Un promedio de mil setecientos millones de dólares por año, sin incluir los «daños directos ocasionados a objetivos económicos y sociales del país por los sabotajes y acciones terroristas estimuladas, organizadas y financiadas desde los Estados Unidos», según afirma el documento que este año el gobierno de Cuba ha circulado en la Asamblea General de Naciones Unidas.
Lo admirable es que Cuba haya podido resistir sin disminuir sus inversiones sociales en salud, educación, cultura, deporte, prevención y protección frente a desastres naturales, y por si fuera poco en solidaridad internacional. Y que tampoco las hayan disminuido en la investigación científica, principalmente en medicina y biotecnología, áreas en las cuales Cuba mantiene una posición destacada.
La unidad
latinoamericana-caribeña
Pero ahora Cuba se encuentra en una mejor posición. Como nunca antes en su historia las naciones de América Latina y el Caribe están teniendo éxito en la implementación de una política de desarrollo independiente, que rompe la tradicional relación con los Estados Unidos y que obligadamente se traduce en la realización de la histórica demanda de unidad regional frente a terceras potencias. La XV Cumbre Iberoamericana ha acogido esta nueva realidad.
En efecto, el Comunicado especial de la Cumbre Iberoamericana, también hace un claro señalamiento al respecto, porque como bien dice «la aplicación de medidas coercitivas unilaterales (…) afectan el bienestar de los pueblos y obstruyen los procesos de integración».
En otras palabras, la Cumbre reconoce que en las actuales circunstancias el bloqueo a Cuba es al mismo tiempo un bloqueo a la unidad regional, que en este momento ha cobrado tal ímpetu que puede afirmarse que el mapa político de América Latina y el Caribe ha cambiado radicalmente, expresándose en una nueva mayoría frente a los Estados Unidos —que se manifiesta políticamente en los organismos internacionales, incluida la Organización de Estados Americanos, tradicionalmente controlada por Washington.
Y aunque es obligado reconocer que estos cambios regionales encuentran una feroz resistencia en los gobiernos centroamericanos, que continúan sometidos a Washington en contra del sentimiento popular, también lo es que con el respaldo del resto de las naciones iberoamericanas han dado un paso importante en la dirección de una política independiente.
Managua, 24 de octubre de 2005.