Opinión

Las debilidades de los Estados Unidos


Hay una dialéctica de poder y debilidad en los Estados Unidos (EU). El poder militar es innegable, pero hay debilidades estructurales. Estas vulnerabilidades son económicas, políticas y aun militares, fácilmente vistas en Irak. Debido al fracaso del neoliberalismo y a las nubes que se extienden por el horizonte de la crisis económica mundial, el capitalismo contemporáneo refuerza todas las formas posibles de jerarquización. EU busca una “solución final” a sus problemas de la forma más jerarquizada existente, es decir, la militar.
A la vez, aprovechándose del control monopólico de los medios de comunicación en manos de un puñado de corporaciones transnacionales aliadas con la política agresiva de los EU, se fortalece un sistema nacional e internacional de una ofensiva ideológica a favor de un pensamiento único y la supresión de cualquier otra alternativa.
Es verdad que hay un fortalecimiento de poder de los ultra-neoconservadores en posiciones clave del gobierno norteamericano; escalada en el uso o amenaza de fuerza y una represión y criminalización de los movimientos sociales y voces de protesta. Sin embargo, hay señales de un crecimiento en la resistencia de los pueblos contra el superpoder, no solamente en América Latina, sino también en otras partes del mundo.
Actualmente, EU controla casi la mitad de las mayores compañías y bancos en el mundo. Además, aquellas empresas estadounidenses reciben más de la mitad de sus lucros de sus filiales en el exterior (en comparación con el caso de las empresas extranjeras de otros países que reciben apenas una tercera parte de sus lucros desde afuera). Las grandes compañías estadounidenses y su Estado buscan no solamente un control del petróleo y otros recursos naturales en el mundo, sino también una hegemonía militar, económica y política sobre los rivales de la Unión Europea y Japón.
La economía estadounidense sufre un estancamiento que deviene de la larga fase económica descendente desde 1973, a pesar de una recuperación tentativa de la tasa de ganancia en los años 1995-2000. Su parte de la producción mundial se ha reducido a un nivel de entre 20 y 25 por ciento.
Con la mayor deuda externa en el mundo superior a los 7 billones (millones de millones) de dólares, un déficit comercial de 500.000 millones de dólares y un déficit monumental en cuenta corriente de más del 5 por ciento del PIB, la economía norteamericana se encuentra en condiciones de perder el dominio del dólar y el control sobre otras economías del mundo. Muchos países petroleros y de la Unión Europea comenzaron la presión para que la cotización y el comercio del petróleo se realicen en euros y no en dólares. Económicamente EU corre el riesgo de que los chinos, japoneses, árabes y otros inversionistas en bonos y mercados financieros estadounidenses huyan hacia otros países más seguros de sus inversiones, como lo demuestra en el reciente caso de Venezuela.
Los mayores acreedores de los Estados Unidos en estos momentos son los bancos centrales del este asiático, principalmente Japón y China, aunque Hong Kong, Corea del Sur y los inversores europeos no se quedan atrás. A estos países, que son los mayores exportadores del mundo, les interesa que el dólar esté alto y que sus monedas estén bajas para exportar más. Es por eso que los bancos centrales asiáticos cuentan con cerca de 1.6 billones de dólares en reservas, aguantando así el billete verde, que de otra forma se desplomaría ya totalmente.
El aumento de la potencia de China es otro motivo de inquietud que domina el debate económico en EU. Representa hoy cerca de la mitad del déficit comercial norteamericano, y esta proporción no hace más que aumentar. Entre 1970 y 2002, las exportaciones chinas se multiplicaron por 140.
EU tiene la necesidad de un dólar fuerte en tanto potencia financiera y monetaria dominante, pero de un dólar débil en tanto potencia económica y comercial. En relación al euro, el movimiento de baja del dólar condujo a una devaluación considerable, del orden del 40 por ciento en relación a su punto más alto de hace un poco más de tres años. La baja del dólar en relación al euro hace más competitivos a los productos norteamericanos, no sólo en el mercado europeo sino en el conjunto del mercado mundial, pero le hace perder supremacía económica en el escenario mundial y por ende, poder político.
Finalmente, hemos entrado en la era del mundo multipolar y multidimensional, y uno de sus corolarios lo refleja la nueva guerra fría del petróleo. Las potencias mayores del incipiente orden hexapolar (Estados Unidos, la Unión Europea y el BRIC: siglas de Brasil, Rusia, India y China) actúan en consecuencia para capturar el máximo de cartas en el denominado “triángulo energético”, constituido por el Golfo Pérsico, el mar Caspio y Siberia occidental, donde se encuentra 70 por ciento del petróleo y gas del planeta.
El mundo está peleando ya una guerra fría sobre el crudo, ya que el juego geopolítico contemporáneo es energético. Las necesidades energéticas de China, India y Brasil cimentarán sus relaciones con Rusia y entre sí. La preocupación de India y China radica en que Washington intentará asfixiar el abastecimiento de petróleo para mermar el crecimiento de los dos gigantes asiáticos e impedir que controlen la economía mundial en unos 15 años.
El talón de Aquiles de India es la importación del 70 por ciento de su crudo, por lo que ha sido impactante su acuerdo firmado con la compañía estatal iraní por 50 mil millones de dólares para la importación de gas licuado y la explotación de dos yacimientos petroleros y uno gasero en Irán. India, que en conjunto con Rusia, China e Irán ha conformado en forma subrepticia un cuadrángulo sinergético para conseguir la independencia energética.
China, que importa el 40 por ciento de sus necesidades energéticas, se convirtió en el segundo consumidor más importante del mundo y ha empezado a acaparar reservas estratégicas en la ciudad costera de Ningbo, con las cuales considera llevar a un mínimo de 150 millones de barriles en los próximos tres años, en imitación de EU, que ahora cuenta con 700 millones de barriles de reservas estratégicas, lo que ha contribuido a elevar el precio.
Actualmente no es posible determinar con certeza qué tanto peso tiene el factor petróleo en las decisiones del gobierno norteamericano en materia internacional, pero dada la importancia que ha tenido la energía en la carrera y la visión de varios altos funcionarios de la administración Bush, y asumiendo las necesidades energéticas de los países del nuevo orden hexapolar, sería ridículo no tomar en cuenta el factor petróleo y gas natural en las próximas movidas geoestratégicas de los Estados Unidos.