Opinión

Un pacto más que anotar en nuestra historia


En la Nicaragua de hoy, pocas cosas me sorprenden ya, todos los acontecimientos del quehacer político están previamente expuestos a los ciudadanos mediante las actuaciones de los protagonistas, llámense éstos danielistas, arnoldistas o bolañistas.
Ha pasado tanta agua bajo el puente del pueblo pobre de nuestro país que ya no es noticia los amarres y reparticiones de poder en donde está en juego primero que nada los beneficios que se pueden obtener del pueblo; siempre ha sido así, la mayoría de los nuevos ricos en Nicaragua tienen o han tenido que ver con la administración pública, por no decir sustracción pública.
Los pactos y amarres siempre han existido, el de Daniel Ortega con Arnoldo Alemán es uno más que se debe escribir en las páginas de nuestra historia nacional, los alcances y consecuencias de éste es un tema que debemos analizar los nicaragüenses de manera objetiva y con la óptica de desarrollar nuestra conciencia crítica con el fin de estructurar nuevas mentalidades que sean capaces de hacer cambios sustanciales a la hora de tomar decisiones, a la hora de elegir a quienes supuestamente deben representarnos en el gobierno. Hasta la fecha hemos tenido políticos que no han sabido responder a los planteamientos y necesidades de sus electores, hemos tenido políticos ajenos a nuestra realidad social, cultural, económica, ética y moral.
Los amarres y negociaciones no las puedo ver como algo nuevo, basta con leer un poco nuestra historia reciente para darme cuenta que han sido una constante en la manera de gobernar, ni veo que sean diferentes a los que han acontecido en el pasado, es uno más que debemos vivir, uno más que debemos ver con atención, uno más que anotar en nuestras mentes y en nuestra historia.
En lo personal no veo a Daniel Ortega como el inventor del agua hervida, como el creador de la nueva modalidad de gobernar, como el primer pactista de Nicaragua; al contrario, veo a un hombre que ha sabido capitalizar las oportunidades que se le han presentado, que sea o no moral y ético, no está en discusión, puesto que todos sabemos que en la política cualquier cosa pasa, y tomando en cuenta la situación del Frente Sandinista en la oposición no es de extrañarse que tuviera aspiraciones de escalar posiciones que le permitieran tener una mayor fuerza frente a las políticas del actual gobierno, que no ha sabido responder a las necesidades de su pueblo y más bien ha hecho rueda con los banqueros, con los grandes capitales y con los Estados Unidos en su ansias de dominación de los más débiles.
Reconozco que el pacto no ha sido la salida para el pueblo de Nicaragua, pero al menos ha puesto un freno a las políticas neoliberales del gobierno de Bolaños, ha sido el compás de espera para ganar tiempo en la aprobación del Cafta, del cual el gobierno no ha querido decir al pueblo la trascendencia que tendrá éste en la pobre economía de nuestro país, ni se ha informado a ciencia cierta los beneficios que se lograrían con la aprobación y puesta en marcha de este tratado, ni mucho menos se ha preocupado en hacer leyes que protejan a nuestros artesanos y pequeños productores y a consecuencia de ello se tienen que buscar mecanismos de presión que permitan ser tomados en cuenta en el diseño del futuro del país.
Con lo anterior no quiero ni puedo justificar el actuar de los caudillos, ni ostento decir qué es lo que motivó realmente la puesta en marcha de los acuerdos entre ambas fuerzas mayoritarias, lo que sí he tratado de expresar es mi modo de ver las cosas, desde un punto de vista objetivo y tomando en cuenta las opciones y oportunidades de defensa que el pueblo tiene frente a la implementación de políticas de parte del gobierno.
No omito manifestar que no soy de los blancos, los cuales se han declarado enemigos acérrimos del pacto y han presentado demandas ante los organismos de derechos humanos, han hecho grandes manifestaciones en donde se ha tenido que gastar grandes cantidades de dinero, pero a ninguno de ellos he oído mencionar las demandas de los campesinos afectados por el Nemagón, ninguno de ellos ha dicho esta boca es mía con el caso de los cañeros, nadie a dicho quiero encabezar una lucha en contra del hambre que pasan los mískitos hoy en día, ni mucho menos han sido capaces de demandar al gobierno ante los organismos de derechos humanos por la falta de medicamentos en los hospitales, la falta de educación, la falta de empleo, la falta de financiamiento para con los pequeños productores, o por la estafa que hacen al erario público los banqueros con la famosa deuda interna.
Me gustaría ver a esos grandes intelectuales que están detrás de estas organizaciones de la Sociedad Civil declararse en contra de la aprobación del Cafta, eso sería hacer algo por nuestra pobre Nicaragua, no lo que hacen hoy los que se autodenominan demócratas libres de cualquier señalamiento; entre ellos hay gente que por años se ha lucrado del pueblo, y que ha participado de una u otra manera en los pactos siendo negociadores o beneficiarios de ellos, hace falta más que moral para salir rasgándose las vestiduras ante las cámaras, hace falta reconocer que lo que motivan semejantes luchas son intereses creados por grupos que saben usar el mecanismo de persuasión de los más sencillos para alcanzar objetivos personales.
El pacto libero-sandinista no es algo que debo aplaudir, pero debe reconocer que en todo caso el FSLN ha hecho lo correcto desde el punto de vista político, se presentó la oportunidad y se hizo, se negoció y se lograron importantes conquistas que garantizan una mejor posición del Frente Sandinista frente a sus adversarios, lo que le permitirá trascender en la estructuración de nuevas estrategias de lucha para alcanzar la presidencia en las próximas elecciones.
Los beneficios que el Frente ha logrado con el pacto se han evidenciado en los distintos poderes del Estado, en donde se han ocupado importantes puestos desde los cuales se pueden desarrollar mecanismo de presión, pero es una realidad que con estos nuevos logros de poder se pone de manifiesto el factor económico, ya que hasta el momento no ha sido objeto de negociación la reducción de salarios en los distintas instituciones, incluyendo obviamente la Asamblea Nacional.
Hace falta que el FSLN traduzca sus logros en mejoras a la salud pública, en mejoras a la educación, en desarrollo de infraestructura en las zonas más remotas de nuestro país, con ello se lograría humanizar un poco la condena que hasta el momento recibe Daniel Ortega de parte de la sociedad en general, y a la vez se estaría dando muestras de las motivaciones de hacer de los amarres puntos de apoyo para los ciudadanos.

aburtoreyes@hotmail.com
Estudiante de Turismo UCC