Opinión

El eterno coscorrón extranjero


Una de las cosas buenas que tiene la política o los políticos nicaragüenses es la forma de tragarse sus discursos baratos y confrontaciones de mentira; crean sus propios espectáculos criollos y hacen caer en la zozobra al pueblo, amenazándolo con crisis y hasta confrontaciones en las cuales vaticinan ríos de sangre derramada por sus más acérrimos defensores.
Pero una cosa que no debemos olvidar nunca es que el circo en el que actúan estos sediciosos de violencia no es manejado por un gerente local, nunca ha sido así, si recordamos un poco, hace unos meses, poco antes de que empezara esta ridícula confrontación entre los maltrechos poderes del Estado, el presidente Bolaños amenazó a sus adversarios con llamar a la Organización de Estados Americanos para que los viniera a “coscorronear”, es decir, golpear con los nudillos de la mano la cabeza de alguien, si no corregían sus actitudes en la confrontación con su gobierno, pues en la política criolla eso no es nada raro.
A mediados del siglo XIX el liberal Máximo Jerez invocó la ayuda de los norteamericanos a través del filibustero William Walker, quien además de coscorronearlos, tanto a liberales como conservadores, les arrebató las aspiraciones de tomar el poder por el que habían muerto muchas personas inocentes, y se les robó el mandado quedándose con la propia Presidencia de la República, todo esto hasta llegar a la batalla de San Jacinto, la cual la mayoría de nosotros ya sabemos cómo termina la historia, con la pedrada de Andrés Castro.
Un poco más hacia el siglo XX, el coscorrón vino de parte de Mr. Henry L. Stimpson, quien agarró como un niño al general Moncada y le obligó a parar la guerra, claro que no solo implicó dejar gobernar al presidente de turno, además obtuvo una ganancia redonda de diez dólares por cada rifle entregado y posteriormente la Presidencia de la República, sin embargo Anastasio Somoza y sus serviles trataron de tergiversar la Historia en el mamotreto de libro llamado “El calvario de las segovias”, haciendo alusión al héroe nacional, quien en el año de 1927 fue el único digno de rebelarse a las pretensiones de los vende patrias y con la fortaleza y el coraje que representaba su sombrero, cubrió a todos aquellos que se fueron con él y protegieron su cabeza frente a los nudillos gringos de la época.
Luego del asesinato de Sandino nos siguieron coscorroneando hasta el año de 1979, esto se termina con el triunfo de la revolución, se llenó de sueños y esperanzas a un pueblo que dispuso su esfuerzo y su sangre por defender un ideal eterno de justicia, a algunos dirigentes esto ya les parece una retórica trillada, sin embargo, quienes mantienen los principios revolucionarios saben el asco que les produce el degenere con el que actúan los corruptos de la nueva izquierda económica.
Pues en esa revolución victoriosa, cuando las cosas se comenzaron a poner difíciles y los dirigentes intentaron llevar la iniciativa, tratar de entenderse con el gobierno norteamericano para convivir, o al menos tratarlo, lejos de confrontaciones, sonó el duro coscorrón en la cabeza de los nueve comandantes, esta vez el puño cerrado llegaba desde Cuba, la férrea posición de un Fidel le orientaba ahora a los nicaragüenses cómo se debían manejar las cosas, éste se encargó de presentarles a un nuevo amigo, una rara mezcla entre amo y verdugo, este nuevo triunvirato se cerraba con la Unión Soviética, ya no le bastaba el teatro de operaciones que tenía en la isla mayor del Caribe, se presentaba la nueva oportunidad de minar el continente para exportar las revoluciones de izquierda que Fidel tan furibundamente propiciaba, no bastaron entonces los millones de dólares en ayuda y en deudas militares para probar su armamento en las montañas nicaragüenses, se tenían las personas dispuestas al sacrificio por su revolución, lanzadas en una guerra injusta y sin sentido, al final de cuentas los dirigentes perfectamente sabían qué había en la intransigencia de sus posiciones. No había necesidad de buscar el diálogo, primero era necesario un diálogo entre las potencias que coscorroneaban paralelamente a sus súbditos criollos, una a los líderes sandinistas, y otra a los líderes de la Contra, luego éstos los sobaban con una buena donación o ayuda humanitaria.
Hasta que por fin acabó la guerra, no por voluntad propia, sino por la eterna voluntad extranjera que siempre ha intervenido con todo el derecho que los propios nicaragüenses les hemos dado a cambio de alivianar un poco nuestras desgracias materiales.
En la llamada etapa de los llamados gobiernos “demócratas”, y ya sin el escenario de la guerra fría, siguieron las presiones extranjeras, y ahora con el condicionamiento de la ayuda económica se impusieron candidatos en las elecciones, se intervino en los discursos que los políticos debían decir al pueblo, la soga norteamericana se consolidó, pero a pesar de la desaparición de la URSS no dejamos de tener una sola potencia que nos condicionara; entró en el escenario, y con toda la intención de tener poder de influencia, es decir competir contra los gringos, la llamada Unión europea, con esa sonrisa con las que nos ofrecen su ayuda, con esa misma sonrisa dicen sus opiniones, sobre todo lo que políticamente es importante en la vida nacional.
Por todo lo anterior, se ha demostrado que tanto los discursos de la vieja y la nueva generación política están supeditados al eterno coscorrón extranjero, esta vez tanto Bolaños, Ortega y los allegados de Alemán, se han tenido que sobar el coscorrón de Zoellick, en el vacío quedaron sus discursos, bajo la alfombra quedó el orgullo y sus... valores de hombre; es lamentable que siempre nos vengan de fuera a decir lo que debemos de hacer, hasta que los dirigentes sean maduros y sepan resolver las crisis sin rabietas, hasta entonces nuestras cabezas estarán llenas de tantos coscorrones extranjeros.

Miami, octubre de 2005