Opinión

Periodismo filibustero


Muchos han afirmado que el periodismo es un “cuarto poder”. Yo me pregunto: ¿cuarto qué? No concibo una escala de poderes en periodismo, mucho menos cuando estas escalas de poder están supeditadas a mortales como usted y como yo. Sí me atrevería a decir que “es un poder” dentro de la sociedad, cuando éste está dirigido a segmentos para crear conciencia y valores dirigidos para fortalecer las bases de la democracia.
Pero muchas veces esto no ocurre, especialmente cuando el periodismo es utilizado de forma parcializada para ponderar a personajes dueños de cuentas con más de seis ceros en dólares, o a políticos dedicados a obtener el poder y a celebrar sus divagaciones a través de un medio de comunicación.
150 años de periodismo filibustero
Esto precisamente fue lo que ocurrió hace 150 años, precisamente un 20 de octubre de 1855, cuando el filibustero William Walker funda su periódico El Nicaragüense, periódico dedicado a loar las glorias obtenidas por el pirata político y sus secuaces.
El periódico estaba escrito en español e inglés. En un español bárbaro adulaba de forma hipócrita a los nicaragüenses, y en inglés retrataba el carácter de los filibusteros americanos hablando de esclavitud, conquistas y trataba a los nativos con epítetos odiosos y despreciables.
Juan Tabor, uno de sus principales redactores, se encargaba de maltratar a los nicaragüenses llamándolos “degradados, afeminados y greasers” (graseros), entre otos insultos.
Luto por un caballo
Solían publicar estupideces para sus fieles lectores, como la nota de un “fallecimiento”: ...“Old Aguardiente. Un caballo bien conocido, perteneciente al coronel Frank Anderson, murió súbitamente el domingo en la noche. El Coronel le enterró con pompa. Pocos caballos había en Nicaragua superiores a él, ya por su velocidad, ya por su fortaleza, hermosura y docilidad. Paz a sus crines...” Aquí nos podemos dar cuenta de la clase de lectores que tenía este periódico filibustero, donde se le deba crédito a un equino con una publicación, la que hoy en día la llamaría una caballada.
Albert Carr, uno de los biógrafos de William Walker, señala que regularmente se enviaban ejemplares a los Estados Unidos invitando a los americanos a compartir los exóticos placeres y el futuro brillante de la bella Nicaragua; y la influencia del periódico en la prensa americana, que lo citaba frecuentemente, desempeñó un papel importante en la llegada de cerca de un millar de reclutas al servicio de Walker al año siguiente.
Uno de los propósitos de El Nicaragüense era de crear opinión pública, el que hizo saber claramente que Walker no era ni un simple filibustero, ni un peligroso revolucionario, sino el “regenerador” de tan abusada e infeliz nación, argumentos que han querido usar algunos para despojarnos abusivamente de nuestro territorio.
Héroe de mentiras
Agrega Carr que los resultados se veían en muchos periódicos americanos en los que el escepticismo cedía el paso a la aprobación. El influyente Alta California, de donde se supone vino el impresor y editor, importó de California una prensa y algunas fuentes de tipos de donde publicaban el semanario, hacía mofa del filibustero: “¡Qué héroe el que se ha vuelto Walker! Guillermo el Conquistador, Cortés y Pizarro no son sino precursores de uno más grande, el predestinado conquistador de Centroamérica”.
Luego el mismo periódico lo ensalzaba diciendo que Walker en su campaña de Nicaragua ha mostrado ciertamente un buen grado de habilidad, perseverancia, energía y una vasta suma de habilidad política y lo felicitaba también por el considerable grado de habilidad en su periódico.
Retrato de William Walker
El profesor Miguel Ángel Álvarez describe a Walker afirmando que en la fisonomía de éste está reflejada su alma. Bajo una frente amplia, que debiera encerrar altos pensamientos, brillan dos ojos zarcos, medio entrecerrados, como de víbora en acecho lista al acometimiento, pronta al ataque: en ellos está el origen de sus golpes de audacia y la frialdad de sus crímenes. Bajo una aquilina nariz que determina carácter aparece una boca vulgar de labios plegados, que nunca se abrieron para una sonrisa, según lo afirma su lugarteniente Jamison, el cual revela a un hombre sombrío. Walker muestra en su semblante un aspecto de solípedo: he ahí el origen de sus desaciertos. En fin, su carácter melancólico y taciturno hacía que siempre estuviese solo. Las Sagradas Escrituras tienen una frase terrible para esta clase de hombres: “¡Ay del solo...!”, frase lapidaria que lo retrató hasta el momento de morir fusilado en la vecina Honduras, deseando la publicación de alguna esquela mortuoria, parecida a la publicada por Mr. Tabor en El Nicaragüense...

pgutierrezd@yahoo.es