Opinión

El centro educativo y su autonomía original


Ph.D.IDEUCA

Trabajando en un curso sobre “Estrategias participativas para el desarrollo de la educación en los centros educativos”, con directores de centros, asesores departamentales y municipales que los atienden, padres/madres que conforman los consejos directivos y representantes de algunas ONG que apoyan la labor educativa en el terreno, uno tiene la oportunidad y el privilegio de ver y sentir la educación en marcha, en vivo, en la práctica, como proceso educativo y social.
Para verla y sentirla así actualmente, en un determinado centro educativo, sus aulas y autores del Distrito VI de Managua, la educación ha completado un recorrido largo, complejo y enriquecedor.
Algunas de sus fuentes originales más cercanas se ubican en las plataformas educativas de acción: Conferencia Mundial de Educación para Todos (Jomtien, Thailandia 1990); el Informe Delors a la Unesco “La Educación encierra un tesoro” (1996); Los Compromisos de Santo Domingo (2000); la Reunión Mundial de Educación (Dakar, Senegal 2000) y el Programa Regional de Educación para América Latina y el Caribe (Prelac), (Habana 2002), etc.
La Educación para Todos (EFA), las necesidades básicas de aprendizaje, la educación a lo largo de toda la vida, el continuum educativo, la contextualización del currículum, la educación de jóvenes y adultos, la educación extraescolar no formal e informal, la profesionalización docente, la descentralización y participación educativa, las nuevas tecnologías, etc. son algunas fuerzas pedagógicas que emanan de esas fuentes...
Estas corrientes se unen a la experiencia, historia y realidad educativa de nuestro país generando políticas educativas, objetivos y planes de desarrollo como nuevos cauces por los que corre esa corriente renovadora. La estrategia reforzada de crecimiento económico y reducción de la pobreza 2001, el Plan Nacional de Educación 2001-2015; el Plan Nacional de Desarrollo 2003, el Foro Nacional de Educación 2004, etc., constituyen cauces importantes donde se nutren las políticas y prioridades educativas nacionales que mueven el quehacer educativo e impulsan la innovación permanente de la educación.
La autonomía escolar, la descentralización territorial, la Ley de Participación Educativa, la Ley General de Educación, la alfabetización y educación básica de adultos, la reforma curricular, el constructivismo humanista, la educación inclusiva, las alternativas educativas no formales de la sociedad civil, etc., hacen que las corrientes mundiales y que las corrientes nacionales penetren en el centro educativo, donde adquieren aliento y forma propios. Éste es un paso clave en la vida de un centro educativo y en el lento proceso de su desarrollo mediante su autoafirmación o despliegue de su autonomía original en tanto el centro educativo es la organización que concentra todos los medios y resortes para garantizar un proceso educativo sostenido y renovado. La autonomía original es el ser propio de un centro educativo. Ésta no le es otorgada por una ley, un decreto, una decisión ministerial. Éstos activan y hacen viable la autonomía original que el centro educativo posee, como tal.
Se trata de una autonomía que se va haciendo como algo vivo, como la construcción activa de la personalidad del centro educativo, de su autoafirmación, de su capacidad de gestión administrativa y pedagógica responsable.
En este proceso se conjugan varios factores, elementos e instrumentos que se materializan en la apropiación contextualizada de las políticas y normas nacionales; en la caracterización del centro en sus fortalezas, ventajas y limitaciones y en el conocimiento preciso del contexto socio-económico y cultural donde está ubicado el centro educativo con la gente que atiende, educa y participa en su desarrollo.
Estos factores atraviesan el ser y quehacer del centro educativo en su dimensión técnico-pedagógica, administrativa y psicosocial, los que en conexión con los factores ya señalados proporcionan al centro educativo su realidad y ubicación para fundamentar su desarrollo, sus políticas y prioridades institucionales, sus estrategias operativas y su organización interna alentada y sostenida por una gestión participativa en la que la comunidad, las familias, el director, los asesores, los profesores y los estudiantes conforman una plataforma social activa.
Un mecanismo importante para orientar, consolidar, alentar y asegurar este proceso que desemboca en la autonomía original como centro educativo, lo constituye el proceso de formulación del Plan de Desarrollo Educativo de Centro (PDE) con las decisiones compartidas para su aplicación y el acompañamiento activo del mismo.
Este ejercicio del PDE está cambiando la personalidad e identidad de cada centro educativo haciéndolo dueño de sí mismo, de su quehacer y desarrollo con un impacto decisivo en el incremento de la cobertura, en la búsqueda de la equidad social, en el mejoramiento de la calidad y pertinencia de los aprendizajes, en el desempeño global del centro y en su incidencia en la cohesión social de la comunidad integrando incluso iniciativas de educación no-formal.
De esta manera se está construyendo la que me permito calificar como la autonomía original del centro educativo en tanto organización que concentra todos los medios y condiciones para educar. El centro educativo es la síntesis viva del espacio y tiempo del proceso educativo nacional. Se trata de la auténtica autonomía escolar. Para sostenerla y consolidarla será necesario generar nuevas capacidades en los autores del engranaje educativo local y de cada centro educativo, especialmente de los docentes mediante una formación inicial y permanente de calidad y de condiciones de trabajo y salariales en consonancia con el impacto social de su excepcional labor.