Opinión

Una carretera alterada y desordenada


Para el mes de noviembre la empresa española Hispánica deberá de honrar su compromiso de asfaltar hasta el último centímetro de carretera establecido entre el Gobierno de Nicaragua y el Ministerio de Transporte e Infraestructura, MTI. Acordado formal y legalmente hace casi dos años por el orden de más de treinta millones de dólares, respecto a un proyecto de 33 kilómetros que da inicio en Ticuantepe, pasando por Masaya, hasta llegar a la ciudad de Granada.
A simple vista un millón de dólares para cada kilómetro, y más de 22 días, un poco más de tres semanas, para la construcción per cápita de los mismos era lo que se esperaba, sin embargo, la situación es otra y no entraba en los cálculos de nadie la inoperatividad de dicha empresa hasta el punto que no se sabe a ciencia cierta hasta cuándo podrá ser concluida la bendita carretera, que cada día que pasa los trabajadores vuelven con los reiterados obstáculos de desviar al tráfico vehicular.
No existió entonces ni el tiempo ni la forma para la entrega oportuna y responsable de la carretera concluida, y a escasos sesenta días del mes de noviembre no se escucha voz responsable o autorizada para aclararle a la ciudadanía qué es lo que verdaderamente pasa, por qué tanta irresponsabilidad e indiferencia para quienes en última instancia son los que sacan la cara a la hora de solventar los pagos. El pueblo mismo.
Desde sus inicios dicho proyecto fue cuestionado por no cumplir con una serie de formalidades que lo hacían doloso para una de las partes, incluso los ingenieros especialistas de la Universidad Nacional de Ingeniería dieron la voz de alerta a través de las páginas de EL NUEVO DIARIO, y llegaron hasta la saciedad demostrando que dicha empresa no estaba cumpliendo con los requerimientos pertinentes, generando dudas que hoy son una realidad incuestionable.
El calvario seguirá azotándonos con el peligro inminente de los accidentes que se han incrementado producto del derrame de combustible, asfalto y otra serie de negligencias que no solo ponen en riesgo a los automotores y pasajeros, sino a los mismos trabajadores que, laborando más allá de lo permisible para el cuerpo humano, se juegan la vida por la falta de señales apropiadas, especialmente por las noches.
Está en juego también el interés por dónde será lo más adecuado para los habitantes de Masaya la ubicación de la carretera, pues entre las partes no existe un verdadero acuerdo, o al menos la posibilidad de ceder posiciones extremas; las autoridades de la Alcaldía y el ministro Pedro Solórzano no han llegado a establecer cuál es lo más conveniente, mientras el tiempo pasa, el tortuguismo aflora y eso no es lo razonable.
Todavía es tiempo de hacer mejoras en las divisiones de los carriles, pues el acabado no es técnicamente bueno ni fino, y sí peligroso; no se previó el respeto al peatón desde ningún punto de vista, tan solo en algunos lugares de preferencia por los personajes que desean tener la facilidad del acomodo, como suele suceder con aquellos que son cercanos a los ministros o propiamente son la representación del poder mismo.
Docente UNI