Opinión

¿Ya no hay pacto?


Sin duda que el hecho de que el pacto se haya convertido en una mala palabra, en un costo político tan grande que Daniel Ortega ha tenido que anunciar con tono de prócer que éste ya se acabó, es un triunfo ganado en las calles de las ciudades de Nicaragua por el pueblo que marchó para denunciarlo y por todos los que se movilizaron para expresar su repudio de cuanta forma estuvo a su alcance.
Pero este triunfo semántico no puede hacernos perder de vista tampoco que la maniobra sigue y que el pacto, en su esencia, continúa intacto. No podemos olvidar que, por mucho que Daniel se llene la boca intentando aplacar la creciente inconformidad y confusión del sandinismo de base y del electorado en general, el pacto no se ha desmontado. Sigue vigente la composición partidaria de la Corte Suprema, del sistema judicial y sobre todo, del Consejo Supremo Electoral. De manera que no podemos dormirnos sobre los laureles de haber derrotado –-temporalmente al menos-- una parte del pacto. Hay que continuar trabajando de cara a las elecciones, ahora para garantizar que esta propuesta de “Ley Marco” no signifique que el presidente Bolaños va a comprar la estabilidad del resto de su período al precio de ceder sobre las condiciones que deben quedar establecidas si es que queremos tener unas elecciones libres, justas, en las que no haya inhibidos y en las que las autoridades del Consejo Electoral sean imparciales.
Lo que estas largas jornadas anti-pacto han demostrado es la enorme importancia de la participación activa y vociferante en la arena política de la sociedad civil y del pueblo que disiente de las maniobras amañadas de las cúpulas. Es bueno darse cuenta que se ha luchado por una causa justa y que por mucho que se haya querido descalificar el griterío que clamaba contra el pacto, éste al fin ha logrado imponerle un límite a los artífices del mismo, haciéndoles reconocer el desgaste que sus maquiavélicas maniobras les han acarreado.
Es un buen momento para seguir adelante y hacer efectiva la verdadera democracia: la del poder ciudadano.
Octubre, 2005