Opinión

Democracia vs. “fuerzas democráticas”


Edwin Sánchez

Se aproximan las elecciones. Ustedes saben, se invoca desde el apocalipsis hasta la inquisición, los cataclismos, Belcebú, y hasta la maldición de la Momia. Vaya forma de entender la democracia.
Lo correcto --desde esa posición-- debiera de ser: evitar que el FSLN participe en el proceso electoral. Debió haber desaparecido el 25 de febrero de 1990. Sin embargo, una mitad nacional no estuvo de acuerdo con esa fórmula de tierra arrasada propuesta precisamente por los “demócratas” de temporada.
Pero como una cosa piensa la derecha y otra es la que hace la Historia, la mitad nacional está ahí. Y esto no significa que la otra mitad sea la buena o la peor. Ambas son realidades nacionales. Las dos, son una: es Nicaragua.
Yo desearía como votante presidencial un proceso sin traumas. Nada de miedos, terrores implantados, pesadillas mandadas a hacer de encargo. Que además, es un terrible y despiadado abuso mediático. Montesquieu debería ser materia de estudio obligatorio desde la secundaria para que los niños no se lleven el trauma de que para ser demócrata hay que ser banquero y candidato.
Un “demócrata”, por sólo esas palabras, dirá: “Habla un sandinista”. Lo dirá porque no es sencillo ser demócrata y más aún, estar a la altura de ser un verdadero liberal que defienda las libertades individuales, el derecho a elegir y ser elegido, la institucionalidad y la importancia del individuo frente al Estado o al partido. El mero hecho de señalar a equis persona por su piel o forma de pensar, credo u opinión, como alguien distinto, ya entraña exclusión. Es el “otro”. No es el “nos”.

Joggin cívico
La democracia es un concepto que demanda mucha responsabilidad. No se gana en un joggin cívico de fin de semana, aunque salga por televisión y podamos ir al Departamento de Estado. La Washington de Bush no es Atenas. La democracia es una vocación, no una pose. Y a pesar de ser una de las escalas humanas más serias --el talante de un José Figueres 1948, por ejemplo-- con frecuencia la versión tercermundista que se nos quiere presentar como típicamente nacional y representativa parece un acto de circo.
Ya no vivimos la era de las verdades supremas. Los señores que dirigen el Movimiento por Nicaragua tratan de imponer su relato de cómo debemos leer a nuestra nación. De hecho, hay una actitud nada democrática de utilizar el nombre de nuestro país para sus fines políticos. Ellos se encargan de narrarnos quiénes son los herejes y quiénes los sagrados: ellos
Lejos de avanzar por esa vía, también retrocedemos. Si esto de “caudillos” puede resultar decimonónico, también la Verdad Absoluta --adoptar como certeza infalible sus lecturas-- es una forma vetusta de entender el siglo que nos tocó. Sin embargo, hay gente que actúa de buena fe, desde ese bloque.
Los tiempos electorales en mi país son del Katrina para arriba, pasando por el Mitch y la ayuda del Stan, y quién sabe si el Wilma. Borrascosos. Tempestuosos. Nada que nos diga: Oh, qué modernísimos. Pero a esto es lo se le denomina pomposamente democracia. Los “demócratas” --y aún no entiendo por qué han querido privatizar el término a favor de una facción política-- se alborotan.
En nuestro país hay quienes sólo hablan del “pacto”. Y tal vez no son los ciudadanos más idóneos para pontificar sobre ética política.
Se piensa, con extraña lógica, que uno ya no se acuerda de lo que pasó hace unos pocos años. Los que hoy más satanizan y maldicen a don Arnoldo Alemán --una de las firmas-- son los que finalmente le dieron el poder, todo ese poder del cual desde su “convivencia familiar” hoy hace gala.

De pactos íntimos al faraónico
Se elevó su influencia al pacto bipartidario, porque antes se suscribieron pactos personales, bilaterales, serenata de pactos para novios presidenciales, en fin, pactos demasiados íntimos que... Finalmente, se colocó en la cúspide de esa pirámide --donde sus constructores lo “hicieron por la patria”--, el pacto faraónico del que se habla hoy.
Pues bien, hay demócratas de sarcófago. Todavía se les ve más de alguna venda, pero ahí están hablando como si nada. Cuando se abalanzaron sobre el poder, se olvidaron del balance de los poderes.
La lógica fue: con tal de arrinconar al FSLN, cualquier cosa. O con tal de estar bien, a caballo regalado... Así se enfilaron canales y medios escritos, radios. La comandante Mónica Baltodano se pasó denunciando las arbitrariedades, los saqueos y otros etcéteras durante los cuatro años de alcaldía de Alemán, pero estos “demócratas” más bien le erigieron un pedestal al nuevo caudillo de la democracia: el Benefactor de Mentes Agachadas (PAC habló en “El Nicaragüense” de la Patria Agachada”).
Hay mucho cinismo. Hablan del Estado Nación y actúan conforme al estado de su propia pasión. Y la democracia que se construye, así se funda sobre arena.
Un demócrata de tiempo completo debe ser como el Alcohólico Anónimo: un día sin un trago. 24 horas de sobriedad contra todo amago de dictaduras civiles, o peor, ataduras serviles.

Democracia viva
A menudo nos acordamos de cómo debe ser el comportamiento de un revolucionario, de un cristiano, del vecino. Es “el otro” quien debe dar el primer paso. Pero olvidamos cuáles son los deberes de un demócrata. Aquí algunos se autoproclaman como tales y ni idea vivencial tienen de lo que significa esa tan abusada palabra. Urge un cambio de paradigma para alcanzar la esencia, no la apariencia de ese estado mayúsculo de una sociedad desarrollada: la democracia.
Nadie que realmente sea capaz de proclamarse como tal puede recurrir y sistematizar una dictadura mediática contra el voto libre, para envenenar la atmósfera contra una o varias agrupaciones políticas y desviar el verdadero curso de la democracia por el camino torcido del prejuicio y el miedo. Lo padecimos en 1996, en 2001. Es incongruente. “Una democracia viva no sólo se caracteriza por su respeto a la voluntad de la mayoría en las elecciones: se caracteriza también por la calidad de su discusión pública”, dice el mexicano Enrique Krauze. Y no es de izquierda.
Aquí se exhiben las apariencias como marcas comerciales. En una época superficial, los demócratas son de fines de semana, de periodos electorales, de pocas horas. De escasos resultados en sus bamboleantes biografías políticas.
Eso veo en nuestro areópago tropical. En una sociedad democrática, también dice Krauze, a propósito de las elecciones mexicanas de 2006, y la operación mediática, “lo ideal es que desde ahora centre su cobertura en aportar datos y preparar reportajes que informen al elector con hechos, y no en alimentar sus prejuicios”. Es lo que Churchill llamaba, allá por los albores de la Guerra Fría, la lucha por ganar las mentes. Y dijo “mentes”, no instintos. Esas campañas hepáticas de los “demócratas” no recurren al intelecto, a las mentes, al pensamiento: trabajan sobre los instintos, las emociones. ¿Se le llama a esto ser adalid de la democracia?

Democracia de la pobreza
De hecho, la polarización política es el mejor reflejo de otra más preocupante y a la vez amoral: la polarización económica. La derecha terminó de acabar con la clase media. La ilustración más patética está entre asentamientos estilo “Hugo Chávez” y residenciales Carretera a Masaya. No hay término medio.
Lo que nos han presentado como democracia en estos 15 años lo resume un espeluznante informe de la FAO: “Utilizando el método de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), la pobreza afecta al 73 por ciento y la pobreza extrema al 45 por ciento de la población”. ¿Se construye así la democracia? ¿O es que la democracia es un acto litúrgico para ungir a un presidente?
Obviamente, los Estados Unidos no han contribuido mucho con sus lecciones de democracia. Pero tampoco se puede seguir, por muy de izquierda que sea, alentando una retórica antiimperialista, “por decir algo”, que sólo conduce a los “ríos de leche y miel” de un escaño. La diputada Rita Fletes replicó así al anuncio de Zoelick “de congelar el desembolso de 175 millones de dólares de la cuenta del Milenio”:
“No necesitamos esa partida, que mejor nos paguen los 17 mil millones de dólares de indemnización que le deben a Nicaragua desde los años 80, conforme a la sentencia de la CIJ de La Haya”.
No es lo mismo enfrentar el día con dos dólares diarios, que con más de 160 dólares de una curul. Así es fácil, por un lado, para la derecha llamarse demócrata, y por el otro, la izquierda proclamarse antiimperialista.
Yo pensaría que la democracia puede ser una audaz combinación de las ciencias para todos y recursos naturales para bajar esas estadísticas dolorosas, y no la economía de pega botones de las zonas francas.
Pero paladines de la democracia como Noel Ramírez, que becó a toda su casta con fondos del BCN, tienen la mejor opinión de lo que es la esencia de la democracia cuando paradójicamente está en manos de las “fuerzas democráticas”:
“¿Para qué un muchacho pobre, con 99.7 de promedio, va a estudiar matemáticas puras? Las matemáticas no sirven para nada en este país”.
Toribio José Matamoros, el estudiante que supo en carne propia lo que significa “la democracia”, no logró que ningún “líder” cívico hablara por él. Por eso el 2006 es clave: O gana la democracia o las “fuerzas democráticas”.

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