Opinión

El péndulo de Daniel


Le lectura del Evangelio en la misa del domingo fue Mateo 22, 15-21: Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Esta respuesta de Jesús de Nazaret, acosado por fariseos y gente del partido de Herodes, es sabia, astuta y políticamente correcta. Su lectura nos enseña, entre otras cosas, que la realidad es una cosa muy distinta y a veces distante de nuestros deseos. Que ésta nos obliga a ser objetivos y a reconocer, al menos, la correlación de fuerzas y ceder los méritos correspondientes, si el problema es de poder. No dudo que Barrabás y su pandilla de celotes nacionalistas hubiesen dicho algo más radical, adobado con palabras soeces. Ellos dirían: ¡No debemos pagarles nada a estos romanos imperialistas hijos de la mujer de Putifar!
Los semiólogos saben que todo discurso hecho con palabras --incluyendo la palabra de Dios escrita por hombres en una lengua determinada-- es una composición de oraciones que se puede aproximar a la realidad, que nunca dice la verdad o que es abiertamente mentirosa. Ésa es la riqueza del lenguaje que vence toda ética y toda filosofía, la posibilidad de imaginar, de crear, de mentir que tiene el lenguaje. En estos usos “retóricos” del lenguaje, los principales especialistas, a nivel mundial, son los políticos y los poetas.
En este territorio neblinoso de la palabra, creo que usted y yo, querido lector, nos hemos quedado “estupepactos” observando el péndulo de Daniel. Pero no debemos dejar que el péndulo con su movimiento oscilatorio nos hipnotice. Aunque debo reconocer, con mi mejor espíritu cristiano, que Daniel Ortega, el caudillo ganador, hoy por hoy es el político más hábil de la cáfila de políticos niquiranos. Esa jugada de alcanzar en el límite una tregua con Enrique Bolaños y no dejar que su péndulo se detenga es algo que vale la pena analizar, aprender lecciones y tomar posiciones políticas personales por interés y por gusto. Como debe ser en política moderna.
Debemos a Carlos Fernando Chamorro, en su valiente entrevista al caudillo Ortega, la imagen del péndulo, pero obviamente él no la pudo explotar en toda su dimensión, no era el momento del análisis sino el de las preguntas. Daniel Ortega pone en movimiento su péndulo, que estaba anclado en los territorios de Arnoldo Alemán y lo desplaza hacia Enrique Bolaños. Un péndulo sirve en otras cosas para medir el tiempo. Ortega ha demostrado con esta acción un certero cálculo del tiempo político. Era el momento propicio para que Daniel hiciera esta jugada.
El movimiento del péndulo en el espacio marca dos puntos separados que acorde a sus intereses no se deben unir: Arnoldo y Enrique. Si se unen su soñado triunfo le sería más difícil. Esto lo está logrando Daniel en un primer nivel, cuando él mismo se convierte en el péndulo. Pero en el recorrido del péndulo de límite a límite, cuando Daniel se convierte en un punto y Enrique en el otro, une lo que hay en medio, alzándose con el bolsón de votos, arrebatando banderas --el antipacto-- y casi dejando en bancarrota, a las terceras vías primaristas (Herty, Montealegre, Movimientos por Nicaragua y CIA).
Se las barajo más despacio. Daniel “Péndulo” Ortega mantendrá separado por mucho que el imperialismo quiera, pretendiendo aplastar e ignorar a Arnoldo, a las fuerzas democráticas. Esta jugada de Daniel es posible porque entre Arnoldo y Enrique la sangre llegó al río. Es triste decirlo, pero en la Omerta de los políticos criollos (Omerta: código de la mafia según Mario Puzo), la traición es imperdonable y ante un eventual triunfo de un candidato arnoldista, sería mejor que Enrique Bolaños vaya seleccionando sus bermudas y disponiéndose a conocer Canadá.
Debemos tener claro que Daniel ya es un caudillo ganador en tanto pone y dispone el escenario político en Nicaragua. El poder se ha desplazado hacia él como es obvio para todos los que tengamos un mínimo CI de 70. Aquí no se mueve una mosca sin que Daniel quiera o al menos lo sepa. Pero el caudillo quiere legalidad y legitimidad, y me temo las va alcanzar.
De esta última jugada para mí, perdedores netos son Enrique Bolaños y Herty Lewites. Aunque Bolaños fue derrotado de antemano por su soberbia, el imperialismo y porque toda traición es una derrota íntima. El otro gran perdedor es Herty y su pandilla de good fellas. A ellos nunca le conocimos programa y como todo lo basaron en el antipacto, viene Daniel, les arrebata esta bandera y con ella va a reconquistar a gran parte de la clientela sandinista que ha intentado hacer tienda aparte. Vamos a ver cómo reaccionan, si es que pueden.
Otro combo de perdedores, pero con posibilidades de maniobra, es: el banquero Eduardo Montealegre y el Movimiento por Nicaragua. Al primero, que también hizo parte de su fortuna política siendo antipactista, por supuesto que los péndulos no le gustan mucho y quizá se quede con el de la Catedral de San Patricio en Nueva York. El banquero debe estar angustiado por las reacciones tibias y complacientes del imperio frente a esta tregua. Para los gringos, por voz de Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa, ahora hasta los misiles están seguros en Nicaragua. Algo se negoció ahí con el imperio y mi miopía no me deja ver.
El Movimiento por Nicaragua está dando patadas de ahogado. Ahora va a demostrar cuan independiente era del Gobierno y si su preocupación por Nicaragua y los nicaragüenses era auténtica. Me dan mucho pesar los jóvenes utilizados por un grupo de cultos e industriosos asesores cañoneados por Casa Presidencial. Vendrán Noches de nostalgias con Antonio Lacayo, el Buki Mayor.
Artículo aparte merecen Orlando Núñez Soto y Aldo Díaz Lacayo, los ideólogos viudos del pacto. Bueno, pero si justificaron aquel, ya pueden hacerlo con éste y con los futuros. Los dos teóricos de marras ya pueden irse rasurando las patillas para besar la dulce mejilla de ébano de Condolezza Rice.
Los creyentes verdaderos que cometemos el error de agarrar vara con los discursos amorosos y hasta en los discursos políticos, seamos vivos, no pongamos nuestro corazón en la ruta del péndulo porque lo va a destrozar una vez más. Observemos mejor cómo el péndulo es una mantis religiosa, mimetizada de verde en una fronda verde, con su mirada estrábica y sus fuertes tenazas, que se dispone a devorar uno tras uno a los machos atrevidos que se atrevieron a copular con ella que es el poder. Dad al César lo que es del Cesar y al Diablo lo que es del Diablo.