Opinión

Juegos de guerra


“Si Dios no existiera habría que inventarlo”.
Voltaire.

Mucha gente se opuso a la guerra en Irak --y se opone ahora-- por razones totalmente válidas de orden moral, jurídico y político, que es lo que suele siempre prevalecer. Y no es que lo político esté siempre reñido con lo moral, sino que a veces tal vez con demasiada frecuencia simplemente no coinciden. Exigen, pues, muchas personas en el mundo que EUA retire de inmediato sus tropas del territorio irakí.
Pero la cosa no es tan sencilla como a primera vista parece, pues existen muchos factores en juego que complican sustancialmente la situación. Prescindiendo por un momento de las consideraciones éticas o jurídicas, veamos diversos escenarios posibles. En primer lugar, simulemos como premisa matemática que, efectivamente, EUA abandona junto con sus aliados de la Coalición, el campo de batalla. De la noche a la mañana, como en esos cuentos de Las Mil y Una Noches en la Bagdad de Sherezada y Harem-Al Radhid, en que como por encanto desaparecían los palacios al conjuro de un mago, las tropas de la Coalición desaparecen y se retiran de Ira. ¿Qué sucede?
Recordemos que esto es un mero ejercicio o simulacro virtual aunque basado en hechos reales. ¿Qué pasaría primero en el mismo Irak, en sus vecinos inmediatos, Irán, Siria, Turquía, Jordania, Arabia Saudita, Egipto, y sobre todo, desde luego, Israel? Luego, ¿cómo reaccionaria la UE, Rusia, India, China, Pakistán, entre otros? Eso es lo que vamos a indagar con los datos que tenemos a mano, pero usando la imaginación en nuestra computadora.
En primer lugar, en el mismo Irak, todo el mundo está de acuerdo en que se formaría de inmediato un vacío (“A Cuatro manos” Cross–Voglt END). Vacío que alguien trataría de llenar. ¿Quiénes llenaría este hueco? Lo más probable --y en esto me imagino coinciden todos los analista militares o políticos-- es que la insurgencia tome de inmediato las riendas del poder.
Ahora bien, ¿quiénes componen la insurgencia? Según Steven Metz, presidente del Departamento de Estrategia y Planeación Regional en el instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del Ejército de EUA (END 6/6/05), tres son los componentes principales de la insurgencia: 1) Jihadistas, extranjeros o locales, con vínculos directos con Al Qaeda. 2) Ex funcionarios ba’hadistas, que buscan volver al poder 3) “Nacionalistas sunnitas” interesados en un Irak post Sadam.
No hace falta ser experto para darse cuenta de lo que harían estos grupos, juntos o por separado, de llegar al poder. De inmediato crearían un estado fuertemente militarizado, sostenido por el petróleo, amenazando a todos sus vecinos. Sería, como alguien dijera, un Afganistán con petróleo.
El primer reto a la ONU, OTAN y UE sería la represión inmediata a minorías de kurdos y chiítas. ¿Asumiría Europa, o más en concreto Francia y Alemania, la defensa de los kurdos como antes de la guerra lo hacía EUA y Gran Bretaña? ¿Cómo vería Irán el resurgir de un Irak enemigo jurado de ellos?
De hecho, escribe Karim Sadjapoour, analista del Grupo Internacional de Crisis, (END 5/1/05): “Es probable que Irán se haya beneficiado más que ningún otro país de los cambios de régimen provocados por los EU en Afganistán e Irak, pues tanto los talibanes como Sadam Hussein eran enemigos jurados del país”. No hay que olvidar la guerra de agresión de Sadam contra Irán.
Por otra parte, es indudable que preocupa grandemente a la comunidad internacional la mera posibilidad de que Irán adquiera un arma nuclear. Sobre ello escribe el experto analista internacional M. A. Bastanier, de EL PAÍS (“La Amenaza de Irán” END 21/5/05), quien afirma que “la adquisición del arma por Teherán constituiría una revolución en la zona, que únicamente pueden apoyar, y ni siquiera eso estaría claro, las fuerzas del terrorismos islamista. Solo Israel posee el poder atómico en el gran arco que va en el Oriente Medio desde el Golfo del Mediterráneo, por lo que cualquier exigencia de desnuclearización general de la zona parece que debería comenzar por aplicarse al Estado sionista, pero nadie ignora que eso no va a ocurrir por que EU y Occidente entienden que un Israel dotado de arma atómica no es una amenaza para nadie”.
Y añade algo que hay que tener muy en cuenta, que “Occidente, en definitiva, trata de impedir que Teherán alcance la paridad con Jerusalén, no porque los ayatolas sean especialmente peligrosos con el átomo en la mano, sino porque el equilibrio en la zona quedaría gravemente comprometido. El mundo árabe oriental vería con horror cómo un país, también islámico, pero de otra etnia y, sobre todo, con una fuerte mitología de sí mismo básicamente anti árabe, se convertía en el hegemónico principal, y, en particular, Egipto perdería el carácter de gran potencia del Machrek. Igualmente, Pakistán, que adquirió con el comienzo del siglo el arma nuclear para cancelar la superioridad de la India en ese terreno, se sentiría estratégicamente mucho menos cómodo, porque su ventaja sobre Irán en el juego de rivalidades del vecino Afganistán se vería fuertemente en entredicho”.
El problema, desde luego, no terminaría allí, pues ahora tendríamos otra potencia en la región, fanatizada y con exceso de petróleo para intentar también ellos construir un arma nuclear. No hay que olvidar que, como señala el mismo Bastanier, los iraníes pertenecen a otra etnia, lo que no es propiamente exacto, pues según el gran historiador ingles A. Tonybee, todos estos pueblos pertenecen a la gran rama asirio-caldea-babilónica, aunque en el caso concreto de Irak y de todos los pueblos árabes que ocupan la franja sur-oriental del Mediterráneo se mezclaron luego con los árabes propiamente dichos provenientes de la península arábiga racialmente negroides por su cercanía con la Nubia, Somalia y Etiopía. (Cfr. Enciclopedia Británica).
La amenaza real a la paz, sin embargo, no provendría de los países árabes moderados, y ni siquiera directamente de Irán o Siria, sino, paradójicamente, de Israel. Y tampoco porque Israel no quiera la paz cuando, de hecho, es lo que más desea --vivir en paz con sus vecinos-- sino porque ante una situación extremadamente peligrosa como sería la de un Irak en manos de extremistas fanáticos pro Al Qaeda, o manipulados por Bin Laden, Israel no duraría ni un momento en lanzar un ataque fulminante y relámpago contra las instalaciones nucleares iraníes (como de hecho ya lo han sugerido), y lo hicieron en el mismo Irak hace algunos años.
Además de eso, con toda certeza, obligados por las circunstancias estratégicas, invadirían así mismo Líbano y Siria llegando hasta la misma Damasco, y colocando tropas en el Sinaí para contrarrestar un ataque egipcio. Y esto es prácticamente seguro. Cómo reaccionaría entonces el mundo ante una guerra inminente en el Medio Oriente con consecuencias devastadoras, una especie de Armagedón bíblico. No hay que olvidar nunca que Israel posee armas atómicas, además de tener uno de los ejércitos más poderosos del mundo, perfectamente bien entrenado y experimentado en la lucha en el desierto.
Lo único que impide que se dé esta situación imposible es la presencia de las tropas de la coalición. Y esto lo saben mejor que nadie los europeos, sobre todos franceses y alemanes, y desde luego los israelitas que solo confían en EU. Y ésta, aunque no nos guste admitirlo, es una realidad. Por eso, en mi opinión, se hace indispensable la presencia de las tropas de la Coalición en Irak. Por otro lado, a los países árabes inclusive moderados, pero en especia a Arabia Saudita, les horrorizaría un Irak moderno y demócrata, al estilo Turquía, que está ya por ingresar a la UE, pese a la oposición de Austria y quizás de Alemania. Y ya no digamos a los extremistas islámicos empeñados en causar destrucción en todo el mundo.