Opinión

Reflexiones de y sobre perro


Como no habían iniciado la caminata, Sherlock y Watson permanecían formalmente sentados oteando el horizonte con sus narices inmóviles, lo que aprovechó el de Managua para comprobar, poniéndose en cuclillas frente a ellos, que las narices de los perros son de la ternura de un borrador negro y húmedo, con dos hoyuelos algunas veces temblorosos por la respiración, y divididos por una simpática raya vertical que casi les llega al labio superior, a cuyos lados, un poquito arriba, afloran unos bigotes que los emparientan con las morsas y las focas. Los ojos de los perros --pensaba el de Managua-- son más expresivos que los de los humanos e irremediablemente delatan sus pasiones y sentimientos. Los ojos de los perros no mienten. Un perro al que le pedís, “dame la mano” para que te dé la pata, pone cariño o a lo sumo resignación en sus ojos, si es que te la va a dar. Si no te la va a dar, pone un brillo feroz que puede ir “in crescendo” acompañado de un sordo gruñido en aumento, como una advertencia de su rechazo a la hipocresía.
El perro no te engaña, o te da la mano o acaba dándote un mordisco sobre advertido. En cambio si a un político le pedís la mano, te da la pata con una mirada fingida de alegría y afecto y no ves nada en sus ojos, si es que te da la cara. Los ojos de los políticos están vacíos, son como un abismo donde uno se precipita hacia el país del sinsentido, y a las orillas de aquel precipicio no hay señales de advertencia, ni un gruñido.
En cambio Sherlock, cuando lo miro fijamente, sostiene la mirada con una especie de devoción, lealtad y extrañeza si uno no le dice nada. Baja los ojos, quizás amohinado, mirando por arriba y espera algo que explique aquello de mirarlo tan insistentemente sin decirle nada. Watson no es igual si uno le hace lo mismo que al Sherlock, pues pone ojos de asombrado, como si lo han descubierto en alguna de las tantas travesuras que hace, como destruirle plantas a Mercedes, y se oculta en la mansedumbre de su pelaje negro y en el inquieto movimiento de su rabo. Pero tampoco engaña a nadie. El de Managua decidió compartir sus reflexiones con el de Masatepe y éste a su vez pensaba que los perros nacieron para decir la verdad. Los gatos, esos sí son políticos y hay que observar los ojos de las culebras antes de lanzarse a morderte. Las loras, por su parte, tienen una especie de zoom verde en una mirada que gira, atrae a lo profundo y luego como que vuelve a la superficie para observar tu desconcierto. Son como las mujeres, o como algunas mujeres cuando miran y tienden su trampa, diciendo y repitiendo cosas para complacer tu ego de amo que creyó haberlas domesticado.
El de Masatepe también se colocó en cuclillas junto al de Managua, para observar a los perros que ya se estaban incomodando con aquella especie de laboratorio callejero. Sherlock y Watson se miraron con extrañeza por aquel análisis visual de que eran objeto y aburridos por aquella insistencia decidieron al unísono acostarse sobre sus barrigas, estirando patas traseras y delanteras, y a su vez analizar al de Managua y al de Masatepe.
Definitivamente, pensaba Sherlock, ninguno de estos dos puede ser político. Madera de mártires sí les veo, le confiaba a Watson mientras observaba unos feos pelos que les sobresalían de sus narices a ambos, cuyos ojos, llenos de un cariño que lindaba con el amor, eran la adoración de ambos perros. En cambio, decía Watson, los ojos de magistrados y diputados son cada vez más turbios, como las aguas de una ciénaga o de las calles de Nueva Orleáns. En esos ojos no hay vida ni verdad, tan solo pacto y un olímpico desprecio por quienes no comulgan con el pacto. De manera tal que, para no quedarse fuera de esa iglesia de los poseedores de la verdad, muy pronto veremos a Tomás Borge comulgando y de la mano de Monseñor Eddy Montenegro, aunque no lo hayan invitado a la boda del siglo en la que fue mencionado un verdadero sacerdote y mártir, Gaspar García Laviana.
¿Quién nos iba a decir que, casi veintisiete años después, el cardenal Miguel Obando y Bravo culminaría una obra del cura guerrillero? Vivir para ver, reconfortaba Sherlock a Watson en su perruna indignación, y te digo que hoy día la historia se escribe, no según el evangelio, sino según el pacto.
El de Managua y el de Masatepe se percataban, desde su encuclillado observatorio, que aquellos perros pensaban y que luego ellos existían. Todo lo que está ocurriendo en Nicaragua es un problema de vida o muerte, se dijeron así mismos los cuatro al ponerse de pie y disponerse a iniciar la caminata de hoy, la cual, como ya se ha visto, más que de plática ha sido de reflexión, pues, como todos dijeron, lo que tenemos es una crisis existencial.

Jueves, 20 de octubre de 2005.