Opinión

Cultura, crimen y vacío


El individuo tiene que desarrollar todas sus potencialidades creadoras, basta ya que el Estado reprima el potencial creador del nicaragüense, éstas eran algunas frases que recuerdo haber escuchado a inicio de 1990. Según interpretaciones culturales de entonces, el mejor ejemplo de esto era el propio Güegüense, quien habría burlado encuestas científicas que marcaban una falsa inclinación del electorado hacia el FSLN.
El Güegüense politizado y polarizado dejaba de ser una correa de transmisión y celebraba una nueva era para el potencial de muchos “individuos creadores” en un clima de gran debilidad institucional. Para entonces muchos embajadores y personal internacional acreditado en Managua dejaron de leer al Príncipe de Nicolás Maquiavelo y comenzaron a leer al Güegüense, seguros según ellos, de haber logrado por fin descifrar el laberinto político de la cultura criolla. Mientras por aquellos días, en Costa Rica, los partidos políticos asumían un solo discurso frente al proceso de globalización, en Nicaragua el doctor Alemán en tanto “ individuo creador “ emergía con un discurso extremista con la mirada complaciente de los sectores ultraderechistas de Estados Unidos en un país desgarrado por la guerra.
Después, respondiendo a preguntas de algunos periodistas de EL NUEVO DIARIO sobre la corrupción y la posición de Washington, siendo ya presidente de Nicaragua, el Dr. Alemán respondía con naturalidad : “En Estados Unidos saben todito, todito, todito”.
Todito tradicionalmente ha sido permitido en Nicaragua bajo la lógica injerencista de Estados Unidos. La llegada recientemente del Sr. Zoellick pareciera sin embargo poner de manifiesto aparentes modificaciones. En tiempos del dictador Somoza, el General era un HP, pero era el HP de Washington. Aquellos tiempos se fueron, el Sr. Zoellick llega tratando de “criminal” al Dr. Alemán. El “criminal” ya no es el “criminal” de Washington. El “criminal” ya no tiene “dueño”. Acaso la figura del Dr. Alemán hubiera llegado tan lejos sin el apoyo de los sectores extremistas del partido republicano a los cuales está asociado el Sr. Zoellick.
Criticando el pacto entre liberales y sandinistas, curiosamente el Sr. Zoellick ha manifestado un cierto “vacío”. En realidad, lo que existe es un efecto de espejo donde el injerencismo se encuentra en un vacío. El discurso polarizante del Dr. Alemán no tenía futuro en un país con inmensos desafíos de reconstrucción.
Se habla sobre la necesidad de la organización de una tercera fuerza “democrática” por Estados Unidos en Nicaragua en las próximas semanas para impedir el triunfo sandinista. Acaso la figura del Dr. Alemán no surgió en este mismo clima de descomposición justificado por un “esfuerzo democrático”.
En las últimas elecciones presidenciales donde salió electo el presidente Bolaños fue común encontrar en los diarios fotografías del embajador norteamericano entregando víveres a campesinos en zonas rurales organizadas por el Partido Liberal que tenía como líder al Dr. Alemán. Un sacerdote que también aparecía junto al embajador definía la política como la expresión más alta de la caridad. El embajador aparecía sonriendo.
Después, los resultados electorales fueron bien recibidos por el embajador. En el lenguaje diplomático el Dr. Alemán aún era “líder”, estaba lejos de ser un “criminal”.
El injerencismo de Washington no ha dado resultado positivos, al contrario, ha promovido una actitud parasitaria en “individuos creadores” que como el Dr. Alemán en su tiempo estarán ahora urgidos en convertir en retórica vacía el discurso de la libre empresa, derechos humanos y democracia. Una retórica que ha escondido los verdaderos debates que un país en ruinas debió asumir desde 1990. Una nación urgida de salir de dictados y de vacíos.

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Montreal, Canadá.