Opinión

La sociedad civil, las elecciones y los Estados Unidos


Es un hecho bien demostrado que los servicios de inteligencia estadounidenses y sus agencias estatales han penetrado en la sociedad civil y política en Nicaragua, directamente o a través de organizaciones intermediarias, fundaciones y otros aparentes grupos privados.
La penetración implica la financiación, influencia, control y establecimiento de planes políticos que sirvan al estado norteamericano y a sus intereses comerciales. La penetración está dirigida a presionar al gobierno y lograr su aquiescencia a sus políticas y, también, busca colocar en el poder a candidatos obedientes.
En la sociedad nicaragüense post sandinista la barrera a la penetración estadounidense ha sido reducida drásticamente, al tiempo que Washington ha extendido de modo considerable sus actividades para penetrar y controlar a los gobiernos neoliberales y crear oposiciones anti-sandinistas por medio de los denominados movimientos de la “sociedad civil”.
Desde finales de los años ochenta el estado norteamericano y sus aparatos de inteligencia y de “ayuda” han estado profundamente implicados en influir sobre los procesos electorales y en financiar a diferentes organizaciones de la “sociedad civil” nicaragüense. Un caso conocido fue el de las elecciones de 1990, donde la CIA vertió millones de dólares en la campaña electoral de la candidata Violeta de Chamorro para derrotar al sandinismo.
Desde los años noventa y cada vez más en la primera década del siglo XXI, la penetración estadounidense y la organización de “tropas de choque” --aparentes organizaciones de la “sociedad civil”-- han servido como ariete para ayudar a derrotar, primero, al régimen sandinista y organizar, después, resultados electorales favorables a los candidatos pro-estadounidenses, como son los casos de los gobiernos de Chamorro, Alemán y Bolaños.
Se ha hecho poco o ningún esfuerzo para debatir las consecuencias prácticas de la penetración estadounidense a gran escala y a largo plazo en la sociedad civil nicaragüense y en los procesos electorales. Por ejemplo, ¿en qué punto dejan unas “elecciones libres” de ser “libres”? ¿Son “libres” cuando una súper potencia financia y adiestra a redes nacionales de cuadros, difunde en los medios de comunicación, proporciona innumerables asesores, alta tecnología en comunicación y transporte para provocar un resultado electoral favorable al gobierno estadounidense?
¿Cómo afecta la intervención norteamericana a gran escala a la “libre decisión” de los ciudadanos? ¿En qué sentido puede hablarse de elecciones libres cuando los “factores de poder e influencia externos” juegan un papel tan grande para conformar el liderazgo, actividades, programas y resultados de las elecciones? ¿Cuáles son las alternativas a la penetración y a la manipulación de las organizaciones de la sociedad civil?
En relación con las ONG y fundaciones nicaragüenses que actúan como canalizadoras de la influencia del estado norteamericano y financian a los clientes locales, ¿habría que regularlas y permitirles seguir adelante como si realmente fueran “no gubernamentales”? Estas preguntas son fundamentales para el debate sobre democracia, elecciones libres y decisión ciudadana. Son especialmente importantes hoy porque el estado norteamericano está cada vez más inclinado a determinar los resultados electorales de noviembre de 2006, como los declaran abiertamente sus principales políticos e ideólogos que vienen regularmente a Nicaragua.
Dos herramientas de la política norteamericana son: la penetración política donde sea posible y las guerras militares y asesinatos donde sea necesario. Mucho se ha escrito sobre la estrategia bélica; pocos, sin embargo han estudiado la estrategia de la penetración política. Los efectos a largo plazo y gran escala de la penetración política, a través de organismos de la llamada sociedad civil, pueden ser tan destructivos para la soberanía nacional como una guerra abierta.
Para los norteamericanos, lo primero y más importante es el reclutamiento, educación y adoctrinamiento ideológico de “los cuadros dispuestos” entre los “líderes de opinión” de la derecha y los “líderes potenciales” de la sociedad civil. Las agencias estatales norteamericanas y sus auxiliares en las fundaciones “privadas” proporcionan programas de adiestramiento, seminarios, conferencias, atención de los medios de comunicación, estipendios lucrativos, atención, halagos y promesas de un futuro dorado para la formación de futuros gobernantes clientes y organizadores de la revolución de la “sociedad civil”. Muchos líderes que han surgido, supuestamente de las bases de lucha, tienen biografías y antecedentes educativos estrechamente interrelacionados con las organizaciones no gubernamentales norteamericanas.
En la organización de los ‘golpes blandos’ o ‘revoluciones de la sociedad civil’ como los ideólogos imperialistas prefieren llamarlos, una inmensa serie de instituciones convergen para promover una escalada de protestas, aprovechándose del descontento local. Los Institutos Demócrata y Republicano, la Agencia para el Desarrollo Internacional, los grupos delanteros de la CIA, los medios de comunicación de masas, y sobre todo las ONG financiadas por los EU, intervienen masivamente en la mecánica de deslegitimar y demonizar a los líderes sandinistas, haciendo propaganda alrededor de: todos contra el pacto o ganar las elecciones para reforzar la democracia.
La intervención norteamericana en los procesos electorales nicaragüenses, desde finales de la década de los ochenta, está basada en políticas y estrategias a largo y corto plazo, la mayoría de las cuales no se enmarcan en los términos de un lenguaje de abierta construcción imperial sino en términos de “reforzar nuestros intereses a largo plazo”.
Los candidatos presidenciales de la derecha buscan, de Washington, conseguir un certificado de buena conducta a cambio de comprometerse a “respetar” la propiedad estadounidense y el Cafta, así como a asegurar su apoyo a los contornos generales de la política global estadounidense.
Los clientes imperiales, organizaciones de la sociedad civil, lanzan un ataque frontal contra las instituciones del estado, desprestigiando a sus funcionarios y atacando al candidato que no goza de las simpatías de los EU. Mientras tanto, el estado imperial recluta o “neutraliza” a ex-funcionarios del gobierno sandinista con el objetivo de restarle votos al sandinismo en las elecciones de 2006. Todos ellos, tratan de montar una ola de movilizaciones de masas con financiación exterior, para que los candidatos clientes, respaldados por EU, ganen las elecciones y mantengan el próximo gobierno en la órbita imperial.