Opinión

Megasalarios han fomentado corrupción y desgobierno


Nacen en Nicaragua los megasalarios con el primer gobierno de la democracia en 1990 y, pasados 15 años, tan descabellado criterio para un país con sus finanzas públicas en el fondo del barril, los beneficiarios siguen defendiéndolos a capa y espada, ¡qué desvergüenza de quienes dicen sacrificarse para servir al país y a un pueblo en la miseria!
Al cambio de régimen político, la crítica situación de la nación era un caos total, no era momento de “profesionales genios”, mercenarios, ladrones, o para repartirse un botín. Era un momento de poner la casa en orden, pero ni quienes ganaron el poder o quienes lo perdieron lo entendieron así, situación que degeneró en permanente inquietud e inestabilidad durante los últimos 15 años.
En ese ambiente, la administración pública del Gobierno central se estructuró bajo el concepto del oportunismo y enriquecimiento rápido, sin prioridades ni programa estratégico de conjunto para revivir al muerto, no chuparle la última gota de sangre. El Poder Ejecutivo consideró organizarse con técnicos del más alto nivel académico, alegó que para conseguirlos había que competir y sustraerles de la empresa privada, gente sin experiencia acumulada en administración pública, con conocimientos básicos sólo en negocios, para hacer dinero y con trayectoria de subalternos en las empresas donde laboraban. De entrada, un gabinete de criados, no pluralista.
Pero, ¿cómo se pagaban estos megasalarios mensuales a esa gente?, se han preguntado alguna vez los ciudadanos, se hizo con dólares en efectivo que proporcionó la cooperación extranjera como donación o préstamos, un mecanismo artificial y oscuro que en algún momento fue instrumentalizado por el Incae. Estos recursos no ingresaron a la Tesorería General de la República y fueron manejados con extrema discrecionalidad, no existen registros de entradas, y menos transparencia de cómo se gastaban; así procedía la gente que iba a rescatar a Nicaragua.
El asunto se torna más oscuro cuando fue del murmullo público la existencia de lo que se llamó la “Caja Negra”, a la cual entraron millones de dólares con origen desconocido, gastados secretamente ante la ignorancia de los ciudadanos. Vericueto de corrupción.
Los causantes originales de los megasalarios fueron cooperantes extranjeros, que desnaturalizaron la realidad que se vivía en 1990, quienes estimularon el criterio de que ministros y funcionarios superiores debían ganar altos salarios como garantía de honestidad y transparencia; es decir, había que comprar honestidad sin transparencia. Son culpables, primero, porque usaron caminos torcidos que incentivaron al gusanito de la corrupción, todo lo que no se pone sobre la mesa, no es transparente, y segundo, dieron por cierta la tesis que la salvación de Nicaragua estaba en pagar genios graduados en el exterior, satanizando a miles de profesionales de la clase media y baja, con iguales o mayores conocimientos sobre el quehacer en el país.
Los megasalarios en el gobierno central van de la mano con privilegios que suman muchos millones, de suerte que una minúscula elite, en relación con más de 5 millones de habitantes, vive en opulencia, acumula fortunas, hace negocios fabulosos, se convierte en empresario, logra una vida independiente posterior, pero la mayoría entra al Gobierno con una mano por delante y otra por detrás, baste repasar cómo vivían antes y ahora.
Lo que Nicaragua demanda de un gabinete es mucha capacidad profesional, ética, experiencia y transparencia, y eso no ha ocurrido en los tres últimos gobiernos, ¿por qué?, porque hemos sido gobernados por dictadorzuelos, con funcionarios sin personalidad ni dignidad, sólo hacen o proponen lo que dice el dictador, el hombre que no se equivoca, son mudos o defienden lo indefendible para mantenerse en el cargo.
¿Cuál podría ser un balance de beneficios logrados para la recuperación de Nicaragua pagando megasalarios en el Poder Ejecutivo?, de la mediocridad que se ha visto, nada bueno podía esperarse. Bajo la dictadura somocista, duela a quien duela, no existieron megasalarios ni cajas negras, y de los gabinetes integrados con nicaragüenses de mucha capacidad y dignidad, se pueden recordar a personas muy honorables.
Los megasalarios y privilegios en los poderes Legislativo, Judicial y Electoral salen del presupuesto general de ingresos, de los impuestos. El Legislativo al aprobar el Presupuesto General se despacha sabroso, es una facultad de mucha responsabilidad, de coordinación con la política económica nacional, que quita parte del ingreso del trabajo y supone gastar recursos escasísimos en altas prioridades para mejorar las condiciones sociales del pueblo.
En los 15 años transcurridos no ha existido política fiscal alguna, sólo énfasis en los gastos, sólo se ha apreciado una merienda de negros, y los razonamientos de los pocos diputados que participan en las discusiones, dan grima. La cantidad de faltones, mudos y dormilones que existen en la Asamblea hacen un gran porcentaje del total de diputados, son cuatro gatos quienes hacen aportes, por lo que los diputados podrían reducirse a unos 15 ó 20, ahorrar presupuesto para gastar en vitales necesidades sociales del pueblo.
En los poderes Judicial y Electoral, lo gordo del presupuesto se queda en las respectivas estructuras superiores, para abajo, tanto en lo judicial como en lo electoral es un desastre. Lo más relevante que ocurre en el Judicial son los minisalarios en segmentos donde se imparte justicia diaria o juzgados.
Una vergüenza nacional es lo que ha venido ocurriendo en diferentes resoluciones judiciales vinculadas con la propiedad privada, chorrea sangre en los vía crucis de legítimos dueños de bienes que han pasado a poder de ladrones mediante trucos, como los muchos millones de dólares en efectivo que han circulado bajo la mesa, sin dejar comprobantes.
Propiedades con 50 ó 100 años de historia registral, de la noche a la mañana pasan a propiedad de ladrones, traficantes como los narcos, con fallos de jueces que hacen y deshacen, y que los superiores de los megasalarios no corrigen ni corregirán, son ciegos y sordos. El patrimonio de las personas puede ser suyo al anochecer, y al amanecer ya no ser. Para defender el derecho de propiedad, lo que es propio, hay que disponer de muchos miles de dólares, paciencia y tomar pastillas para la gastritis. En esto de la justicia con la propiedad hay que anotar que está en manos del sandinismo. El despojo en la propiedad ha sido escandaloso, sin límite.
En lo electoral, eso de la cedulación desde su inicio se ha hecho un colocho; un asunto tan simple y fácil de manejar en todos los países del mundo civilizado, en Nicaragua se ha manipulado con descaro político, creando vericuetos que al final concluyen con que no hay presupuesto, pero la cúpula del poder tiene para todo. Lo más negro ha sido la falta de transparencia.
Esto de megasalarios con “hipegües” de agua bendita al margen del Presupuesto General debe concluirlo un próximo Gobierno honesto y transparente, lo cual es imposible predecir por ahora porque todo lo que muestra el panorama político es una porquería. Puntos clave de la solución son: el Presupuesto General de Gastos y un escalafón de la administración pública del gobierno central, por ahora un sueño, y ¿por qué? Porque a partir de 1990 hemos carecido de un Presidente de la República con conocimientos mínimos de lo que es gobernar un país con honestidad y transparencia, llevamos tres períodos de dictaduras; y porque tampoco hemos tenido un Ministro de Hacienda con conocimientos básicos sobre finanzas públicas, responsable y transparente, los ministros han sido ex empleados de empresas, que no diferencian lo público de privado. Se responde a un pueblo, a un país con pragmatismo, no es el caso del mandamás de cualquier empresa, con servilismo.