Opinión

Verdades evidentes


Tachar de injerencista la actitud de los personeros de la Embajada y Gobierno de los Estados Unidos en Nicaragua al señalar los actos de corrupción del ex presidente Alemán y el pacto sobrevenido con el también ex presidente Ortega es una verdad evidente en sí misma de la cual no se ha hecho eco buena parte de la clase política nicaragüense, y de lo que se colige no cabe rasgarse las vestiduras, ni arrepentimientos ni escenas dramáticas enarbolando la bandera de la soberanía y la dignidad del pueblo nicaragüense.
La soberanía, según una norma que muy pocos políticos han leído y que se llama Constitución, reside en el pueblo. La delegación de la misma en los poderes constituidos, y más que nada, en el Legislativo, no implica que sea una delegación sin reservas, ya que lo primero a lo que cualquier funcionario público o diputado está obligado es precisamente a respetar la Constitución y las leyes de este país.
Consecuentemente, cuando a través de componendas que tienden al reparto de cuotas de poder en torno a cotos muy definidos y cerrados se decide de la peor forma el destino del pueblo soberano, muy poco tienen que decir los políticos nacionales si desde el extranjero no sólo los Estados Unidos, sino la Comunidad Internacional entera hace suyos los reclamos de la ciudadanía que cada cierto tiempo hemos venido viendo en las marchas cívicas contra la corrupción y el pacto.
Que algunos políticos jueguen al fariseísmo a estas alturas del juego significa tratar de defender algo que ellos mismos han procurado perder: la dignidad y la soberanía de Nicaragua como Estado.
Afortunadamente, cabe diferenciar la estructura estatal, de la Nación como realidad política. La nación nicaragüense la vemos todos los días en las calles ironizando sobre el día a día, tomando el devenir político con toda la sorna posible para reír en vez de llorar. La vemos en cada acto de manifestación libre en contra de los actos de corrupción, y en cada casa, soportando los inclementes aumentos tarifarios.
La dignidad y la soberanía de la nación nicaragüense se encuentra intacta, y nuestro modo de ver, más viva que nunca. Que de fuera nos vengan a decir esto, también es una verdad evidente.
balladares@usal.es