Opinión

La educación en la Constitución de 1893


IDEUCA
1. El contexto
La Constitución Política de 1893 fue el producto de las formas y maneras como se solucionaron las contradicciones en el interior de las clases oligárquicas, en el que por un lado estaban quienes se aferraban al viejo modelo servil-señorial venido del período colonial, y por el otro los que propugnaban por el nuevo modelo agroexportador que alumbraba los caminos al siglo por venir. Al final, la contradicción se solucionó a favor de los segundos, con la toma del poder político de la coalición liberal agro-exportadora encabezada por José Santos Zelaya.
El proyecto revolucionario de carácter burgués triunfante necesitaba, como años antes lo había necesitado la economía servil-señorial, de disposiciones jurídicas, que en el campo de la producción de la fuerza de trabajo y de la transmisión de una ideología coherente con el modelo que buscaba imponerse, crearan las condiciones para la producción del nuevo sistema social basado en el modelo agro exportador y la expansión de las actividades mercantiles, que emergían de los despojos coloniales.
De esta matriz en ebullición es que va a surgir la Constitución de 1893, y en especial los artículos dedicados a la Educación, y un año después, la Ley Fundamental de Instrucción Pública, uno de los antecedentes lejanos de la actual Ley General de la Educación, aprobada en lo general el 30 de junio pasado por la Asamblea Nacional.
2. La educación en la Constitución
de 1893
Los artículos de la Constitución de 1893 relacionados con la educación son los siguientes:
• Art. 56 Se garantiza la libre enseñanza, la que se costee con fondos públicos será laica, la primaria será además gratuita y obligatoria, la ley reglamentará la enseñanza sin restringir su libertad, ni la independencia de los profesores.
• Arto. 100 In. 20 Es atribución del Poder Ejecutivo fomentar la educación pública y difundir la enseñanza popular.
• Art. 51 Es libre el ejercicio de toda industria, oficio o profesión, sin título previo.

3. Laicismo y promoción
de la Educación Pública
Respecto a las Constituciones anteriores, dos aspectos sobresalen, en la Constitución de 1893, éstos son: el laicismo y la promoción de la educación pública como deber del Estado.
Respecto al laicismo, la Constitución de 1893, rompe con una norma jurídicamente establecida en las Constituciones de 1826, 1838, 1854 y 1858 en la que se establecía que la religión católica, apostólica y romana era la que profesaba el Estado. Inspirada en las doctrinas liberales de la Revolución Francesa y el positivismo de Comte, la Constitución de 1893 va a establecer el laicismo como un principio fundamental de la educación pública escolar tal a como la conocemos en la actualidad.
Al respecto, en nuestra obra de hace 28 años, La Educación en Nicaragua: un caso de Educación para el desarrollo del subdesarrollo (Editorial Unión, 1977), con base a las características que emergían de aquellas apuestas, afirmamos que “el proyecto que inauguraba el capitalismo dependiente en Nicaragua, rompía bruscamente con la base ideológica de la escuela conservadora anterior, reemplazando al maestro monástico por la presencia liberal de la escuela laica. Surgía así oficialmente en Nicaragua a fines del siglo XIX, una apuesta de escuela copia del enciclopedismo francés, tan de moda entre los ilustrados de la época”.
La oposición a la enseñanza religiosa con la instauración del laicismo en las escuelas públicas y el establecimiento de la libertad de enseñanza, son parte de la matriz de la nueva ideología liberal, que busca imponerse a través de las escuelas, en contra, principalmente, de la ideología religiosa y conservadora del período colonial, y del dominio político de los sectores oligárquicos y conservadores que ganaron el poder en los años posteriores a la Guerra Nacional. Con esto el nuevo régimen ejercitaba una de las funciones de toda educación, la función ideológica, faltaba cerrar el círculo respecto a la otra función de la educación, como lo era la producción de las calificaciones de la fuerza de trabajo.
El establecimiento de la educación como una responsabilidad del Estado y la consecuente gratuidad y obligatoriedad de la misma para las familias de sus usuarios, es un hecho absolutamente nuevo, respecto a la relación entre la educación y el Estado en Nicaragua hasta ese momento, y que observado, un siglo después, en estos días de neoliberalismo privatizador, expresa las diferentes formas que ha asumido el capitalismo para relacionarse con la educación en nuestro país a través de su historia.
El nuevo modelo capitalista agroexportador, que se imponía a fines del siglo XIX (como ahora con el Cafta-Zonas Francas), necesitaba con urgencia fuerza de trabajo, con un mínimo de calificación (alfabetización - educación primaria) en las destrezas y habilidades, no sólo para los procesos de cultivo y cosecha del café como rubro de exportación, sino que también para los ciclos de su comercialización y exportación, y para la participación de la población en los procesos de expansión de las actividades mercantiles que emergían como mecanismos dinamizadores y modernizadores de la sociedad patriarcal en proceso de transformación.
Necesidades económicas y políticas, y no morales ni éticas, fueron las causas que dieron origen al establecimiento de la “gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza”, así como por qué se le asigna al Poder Ejecutivo la obligación de “fomentar la educación pública y la enseñanza popular”, y el establecimiento de “la libertad para el ejercicio de oficios y profesiones, sin el requisito del título previo”.
Es la educación, siempre lo ha sido, el mecanismo por excelencia para transformar
(o reproducir) la vida en sociedad.
1 Juan S. Chamorro. “Objetividad sobre la lucha contra la pobreza en Nicaragua”. El Nuevo Diario 07/10/05