Opinión

El Parlamentarismo (Nueva generacion)


En estos días viajé a la ciudad de Rivas a dar una conferencia sobre parlamentarismo versus presidencialismo. En el auditorio donde estaba, me encontré a un muchacho de nombre Ivo Rodríguez, quien estudia Psicología en sus últimos años. En pocos minutos, entablamos una amena conversación en voz alta acerca de que si conviene o no la aplicación de un sistema parlamentario en Nicaragua, teniendo en cuenta la crisis política que vivimos y de que en 1995, con las reformas constitucionales de ese año, se elevó a primer Poder del Estado a la Asamblea Nacional.
Estas inquietudes me llevaron a escribir algunas ideas acerca del sistema parlamentario, que tiene su origen en el Parlamento de Inglaterra. Hay que remontarse al período de 1086, fecha en que comienza a arrancar el nacimiento de la monarquía sajona-normanda, situación que se cierra con la aprobación del primer gran documento de la revolución, la petición de Derechos (1628)1.
Podría decirse, que esto dio lugar a dos situaciones que dan paso a la evolución constitucional inglesa: el primero, la aprobación de la Carta Magna Inglesa del rey Juan Sin Tierra (1215), y segundo, la convocatoria del primer Parlamento en que participan los Comunes por Simón de Monfort, en 12642. Todas las fechas mencionadas anteriormente, son hitos históricos tardíos de la formación de estas instituciones, en concordancia con las paralelas de los continentes; su importancia está, en que da origen a un proceso histórico en donde apenas existe solución de continuidad.
Como afirma el profesor Luis Sánchez Agesta3, tampoco son estos hechos demasiados importantes en sí mismos. El primero, la Carta Magna, es un documento feudal, cabeza de serie en Inglaterra de otros análogos de la misma época en que el rey Juan, derrotado y excomulgado, concede (sin su voluntad) el respeto de las libertades, costumbres y derechos de sus vasallos. Derechos concretos que van a dar lugar a dos preceptos políticos ingleses del siglo XVII: el sometimiento del Rey al derecho y el carácter voluntario de los auxilios financieros que percibe el monarca (concedidos contractualmente).
Su realización feudal es expresa, al igual que sus principios, si no, miremos que: “El Rey va a respetar el derecho de los barones que dependan de él, y a su vez, de los súbditos de éste”. Pero tal vez, lo más trascendental de la Carta Magna, según Green4, es que los obispos y los nobles no sólo han reclamado y asegurado sus derechos, sino también los de los labradores y los comerciantes, los burgueses y los villanos. La igualdad se expande no sólo de los barones frente al monarca, sino del pueblo frente a sus señores. Igual significado tiene la convocatoria de un Parlamento en 1264 por Simón de Monfort, Conde de Leicester.
El Parlamento se logrará reunir un año después, y son llamados a conformarlo dos ciudadanos de cada ciudad y dos burgueses de cada burgo, junto a los caballeros que representaban a los condados5. Esto nos refleja, en que en el Parlamento se va a edificar una auténtica estructura social junto a la nobleza, y como nos afirma Freedman6, se han establecido líneas fundamentales del Parlamento, que en adelante será quizá modificado, pero no alterado en sus elementos esenciales: el Rey, en reunión con sus Lores y sus Comunes. Esto nos refleja, en primer lugar, la consolidación del Parlamento (hasta llegar a nuestros días), y segundo, el sometimiento (de aquí en adelante) de la autoridades al Derecho. Premisas básicas en el ordenamiento inglés y demás países del mundo.
* Profesor Titular de Derecho Constitucional. Primera entrega.
1 Sánchez Agesta Luis. “Curso de Derecho Constitucional Comparado”, Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Derecho, sección de publicaciones, 7 ma
edición revisada, Madrid, 1988, p.112.
2 Idem.
3 Op.citp. p. 113.
4 “History of English People”, 1945, p. 98.
5 Sánchez Agesta Luis. “Curso de Derecho Constitucional Comparado”, Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Derecho, sección de publicaciones, 7 ma
edición revisada, Madrid, 1988, p.113.
6 “British Political Facts 1900-1960”, Londres, 1963, p. 81.