Opinión

El futuro olvidado, pero presente en el tiempo (Nueva generacion)

‘No me deseches en el tiempo de la vejez; no me desampares cuando mi fuerza se acabe’ Salmo 71:9

Con la mirada casi perdida, quizás pensando en lo que fue su vida y sin saber lo que vendrá; sentada en su silla mecedora, la noble abuela reposa –de su cansancio inexplicable por la vida- con la única esperanza que está empezando a desvanecerse: ‘no ser olvidada en el tiempo’.
Hoy en día los miembros de la tercera edad constituyen uno de los grupos en mayor riesgo, debido a que ni siquiera sus propias familias son capaces de brindarle la atención que se merecen. Estos señores y señoras que un día dieron toda su vida, no sólo por sus hijos, sino también por esta nación, son una historia a la que se le ha dado vuelta a la página y en las siguientes no se mencionan.
Las familias son estructuras cuyos sistemas se encuentran cada día más lejanos unos de otros. Los abuelos –tirados en un rincón-, ya no son útiles ni siquiera para contar fantásticas historias a los nietos, quienes se divierten jugando nintendo. La solución: dejar al abuelo(a) en un asilo.
Lo que muchas personas no saben es que en estos lugares se adquiere la peor de las enfermedades: ‘el temor a ser olvidado’, y sobre todo si es por quienes más se quiere. Esta enfermedad llega como una terrible premonición que termina siendo la cruda realidad.
Cabe mencionar que nuestra Constitución Política protege jurídicamente a los ancianos. Específicamente en el artículo 77 dice: “Los ancianos tienen derecho a medidas de protección por parte de la familia, de la sociedad y el Estado.”
El Estado, por su parte, debería jugar un papel fundamental y más activo en ausencia de familia, para las personas que han arribado a la tercera edad. Además del artículo constitucional, que claramente delega una responsabilidad en las instituciones estatales, existe el decreto presidencial No. 93-2002 con el cual se creó el Consejo Nacional del Adulto Mayor.
Esta institución, adscrita al Ministerio de la Familia, es la encargada de promover la protección al adulto mayor; no obstante, aún se ven muchos ancianos deambulando en las calles sin dirección y rumbo fijo con la única esperanza de encontrar un bocado de comida.
No sé si clasificar las penurias que pasan estos ancianos como injusticias o ilegalidades; después de analizarlo, determino que es una excepción y se ubica en ambas categorías.
Lo que falta es una campaña de concientización, este organismo gubernamental debería trabajar por recuperar el respeto que se ha perdido hacia el adulto mayor; ya no se le brinda el asiento, no se le ayuda a cruzar la calle y mucho menos se guarda silencio frente a sus palabras cargadas de experiencia y sabiduría.
Muchos de ellos se consideran muertos en vida, como objetos inservibles que ven pasar los días sin ninguna diferencia con la única certeza que quizás mañana ya no estén.
Es lamentable que muchas personas, siendo tan jóvenes, no reconozcan el valor incalculable del abuelo(a); si el Estado los olvida, no los olvidemos nosotros que somos sus mejores frutos y sueños. Recordemos que con la misma moneda que pagamos nos pagarán, porque hoy somos jóvenes, pero un día seremos la abuela y el abuelo, y los frutos que recojamos dependen de lo que empecemos a cosechar hoy.
(*)Estudiante Derecho UCA/ Coordinadora Voluntariado Social –Hogar Adulto Mayor-
estradalonso@yahoo.com