Opinión

Los Beatles, desde un lejano puerto


La música es el arte que se mantiene más al alcance de la gente. Evoca cada ser y sus circunstancias.
Un montañés creará música que de alguna manera pinta su entorno de altura, rebaños de nubes y animales de pastoreo. Mientras tanto el que vive en un llano, sacará del arpa sonidos de un viento corriendo libre.
Quien ha vivido surcando la vía férrea u oyendo el tren pasar con su ”chachachá”, volcará ese sonido en sus composiciones melódicas. Y así sucesivamente.
¿Qué puede producir el habitante de un puerto donde llega toda clase de gente de cualquier rincón del mundo? ¡Por supuesto! música de todo el mundo, por supuesto, en la medida de lo posible.
Y si este puerto es a su vez una ciudad industrial, y su tiempo está en el borde entre la década post guerra y la década de los sesenta del siglo veinte. Pues va a producir rock and roll, e igual que lo hace la ciudad portuaria, el compositor se nutrirá de los barcos de carga y después se encargará de llevar una nueva mercadería a todos los rincones de nuestra Tierra. Eso, amigos míos, son los Beatles.
Cuatro, como cuatro son los elementos, agua, tierra, fuego y aire. Cuatro, como son los puntos cardinales.
Para tocar lo que estaba de moda de una forma nunca antes interpretada, debían tener influencias de muchos países. De marineros embriagados que cantando en tabernas se trasladaban a través de melodías hasta sus países de origen. Probablemente McCartney escuchó Bésame mucho, de un marinero latinoamericano o de un español con ínfulas de tenor, si acaso no fue que se la oyó a la orquesta donde su padre era miembro. Y a partir de allí la sencilla canción latina de amor le persiguió obsesivamente y no pudo aguantarse y la cantó, allí está en el record de Let it be.
La balada de los primeros días, And I love her (Y la amo), la considero un bolero, tiene timbal y clave, además de la guitarra española. Y si buscamos y ponemos atención, en la larga producción Beatle, encontramos, latin rock, blues, rock al estilo Chuck Berry y Elvis Presley, valses por supuesto, y qué más... música de las antillas, marchas, fox trot, etcétera, etcétera.
Por eso es que no hay un compositor de valía que no haya reconocido el aporte de este grupo o que no haya interpretado alguna de sus composiciones. Ahí están salseros, nueva trova cubana, intérpretes de jazz, de bossa nova.
Recordemos las excelentes versiones que hizo Sergio Mendes con su Brasil 66, de varias creaciones del dúo genial.
Y las que hicieron otros, aunque no todas con tan buen suceso como las anteriormente citadas. Por ejemplo, Los Fabulosos Cadillac destrozaron en un desgraciado cover la canción lírica Strawberry fields, algo que ni los Beatles ni los Fabulosos Cadillac se merecían.
Es por ello que el cuarteto de Liverpool no fue éxito de dos o tres años como muchos supusieron, traían bajo sus famosas melenas materia gris y material de armonías para rato.
Ellos experimentaron con instrumentos nunca antes imaginados por intérpretes de rock, folk, soul y demás. Ejemplo de ello fue el moog, instrumento electrónico precursor de los sintetizadores actuales.
Los que revolucionan una arte, nunca desprecian algo novedoso, lo incorporan. Y así fueron experimentando con nuevos instrumentos y en la letra de sus composiciones comenzaron a profundizar más y más en los misterios de la vida. Soñando un sueño que formaría parte de una herencia común.
*Periodista, cronista cultural,
mercadotecnista.
hupaltam@yahoo.es