Opinión

Reclamación histórica del período colonial


Para quienes miramos América desde el fondo lejano de su historia, nuestra historia comienza 25 a 30 mil años atrás, cuando pasaron por el estrecho de Bering – en el estrecho norte del continente- los primeros emigrantes asiáticos.
Entonces, no fue el nuestro un continente vacío. Los pueblos de Abya-Yala se encontraron en muy diversos estadios de desarrollo al llegar los invasores europeos. La mayor parte de las culturas del Norte y Sudáfrica, atravesaban por algunas de las diferentes etapas de la comunidad primitiva.
Las poblaciones de México, América Central y los países andinos conocían ya las diferencias de clase y habían desarrollado sobre la base de una agricultura avanzada, brillantes centros de cultura y civilización.
Para los pueblos de Abya Yala no hubo tal “Descubrimiento de América”, porque para 1492 ya existían grandes civilizaciones y culturas avanzadas como los mayas, los aztecas y los incas. Los buscadores de riquezas y aventuras tuvieron que enfrentarse a pueblos desarrollados.
Según el escritor uruguayo Eduardo Galeano, el 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor.
Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó.
Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente.
“Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso. Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve” (Eduardo Galeano
Con “caramelos” no podrán reparar
el grave daño que nos hicieron
Hace más de una década, cuando España se preparaba para celebrar los 500 años de la llegada de Colón a América, el Colegio de Economistas del Perú dirigió una carta al Embajador de España solicitando que la tramitara con el rey Juan Carlos. En dicha carta, los economistas peruanos hacían una Reclamación Histórica del Periodo Colonial.
Los economistas calcularon solamente tres deudas pendientes y bien documentadas: el rescate del inca Atahualpa, la rebaja secreta de las acuñaciones hechas en la Casa de la Moneda de Lima en tiempos del rey Carlos III, y los préstamos forzados y nunca pagados que vaciaron las Cajas de Comunidad de los pueblos indígenas.
Los economistas, para conocer la cifra con exactitud, tuvieron que convertir el valor de las antiguas monedas españolas en dólares americanos. A la cifra obtenida, le aplicaron el más bajo tipo de interés oficial vigente durante la Colonia, que era el 4 por ciento simple. Eso, hasta 1824, cuando la Independencia. De entonces a la fecha, aplicaron el tipo de interés preferencial más bajo que emplea el Fondo Monetario Internacional, que es el 4 por ciento compuesto.
Finalmente, se pudo saber el monto de la deuda que tiene la Corona Española con las comunidades indígenas del antiguo Imperio Inca. La cantidad asciende a 647 mil millones de dólares.
En esta fabulosa cifra no se incluyen los saqueos masivos cometidos por los conquistadores ni los tributos que por siglos tuvieron que pagar indias e indios.
Y esto es solamente en Perú y Ecuador. ¿Cuánto podría reclamar México por lo robado en Tenochtitlan? ¿Cuánto deberían reclamar Guatemala y Colombia y todas las islas del Caribe?
¿Y qué diría Bolivia, el país más saqueado de América? Entre 1503 y 1660, llegaron al puerto de Sevilla 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata. Las riquezas transportadas a España en poco más de un siglo y medio excedían tres veces el total de las reservas europeas.
¿Y cuánto debe Inglaterra, Francia, Portugal, Holanda y todos los países que participaron en el comercio de esclavos y que arruinaron al continente africano?
Los judíos, con razón, reclamaron indemnizaciones al gobierno alemán por las atrocidades cometidas durante las pasadas guerras mundiales. ¿Y los pueblos indios y negros?
Lo que Europa y Estados Unidos deben es cien veces superior al valor total de la deuda externa de los países de África y América Latina. Con “caramelos” no podrán reparar el grave daño que nos hicieron.