Opinión

Derecho de gentes, la Constitución y los tratados internacionales


No importa quién tenga la razón (políticamente), entre los actores de la crisis actual que vive Nicaragua. Pero de una cosa debemos estar completamente claros: los Estados Unidos han violentado las reglas, tratados internacionales y la Constitución de la República, al entrometerse en las cuestiones internas de los nicaragüenses.
El Estado nicaragüense en uso de las facultades que le dan el Derecho de Gentes (Derecho Internacional) la razón de Estado y nuestra misma Constitución de la República que en su primer artículo dice: “La independencia, la soberanía y la autodeterminación nacional son derechos irrenunciables del pueblo y fundamentos de la nación nicaragüense…” Es soberano y debe resolver sus problemas domésticos aquí, en nuestro territorio nacional.
Este principio constitucional no admite discusión alguna y si por ventura algún hijo de la patria trata de desconocerle, que no esgrima argumentos infantiles y propios de los apátridas al decir cosas como: “si los sandinistas pidieron ayuda a los gringos y allí no hubo injerencias”… o “cuando la Contra le pedimos ayuda a los gringos y allí no hubo injerencias…”.
Cualquiera otra posición que desee usarse para justificar al insensato diplomático Zoellick con su arremetida verbal en asuntos de mero resorte de los nicaragüenses, no es aceptable. No encuentro justificación, para que todavía no se haya expresado nuestra formal protesta a través del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Con mucha pena, voy a referir a dichos señores un extracto de nota protesta, escrita por el entonces ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua, mi bisabuelo don Tomás Ayón al Honorable Ministro Residente de los Estados Unidos, C.N. Riotte, el 15 de diciembre de 1869. Dicha nota fue motivada por reclamos que este último le hacía al gobierno nuestro, específicamente al presidente Guzmán, por su intervención en la ejecución del convenio de Pueblo Nuevo (Historia Patria).
He aquí parte de dicha carta: “…Por estas razones, el Gobierno está dispuesto a oír sus observaciones amistosas, no solo en este asunto, sino en todos aquellos en que tenga a bien hacerlas, dando así una muestra de la estimación personal que le profesa, pero debiendo conservar ilesos los derechos de la nación, se ve en la necesidad de no admitir la intervención oficial que pretende como Ministro de los Estados Unidos en las cuestiones interiores de los nicaragüenses…”
Señores rectores de las Relaciones Diplomáticas de nuestra nación con otros países, vuestro silencio no es otra cosa que la consecuencia del servilismo de nuestro Presidente. Exijamos respeto para que se nos rinda. En ese contexto debieron haber actuado de inmediato (por supuesto: que con otro Presidente de la República).
Recordemos esas hermosas palabras que adornan la entrada principal de la Embajada de México en nuestro país. “Entre las personas, como entre las naciones: el respeto al derecho ajeno es la paz”.
acastell46@yahoo.com