Opinión

El precio del magistrado perfecto


La imaginación de las gentes del Caribe es exuberante, prolífica, barroca. En la narco-mitología contemporánea de una grande y bella isla de ese mare nostrum, se relata lo siguiente. Había una vez un gran jurista en la isla, que fue un eminente catedrático con gruesos tomos escritos e impartidos, había sido justo juez y alcanzó a coronar su carrera, por sus incuestionables méritos y honradez, como magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Este severo señor de rostro aquilino, esbelta y pulcra figura –sólo de blanco lino se vestía- pulía su honradez como en Amsterdam, Baruch Spinoza pulía su ética y los lentes que fabricaba. Era de aquellas personas que hacen del puritanismo y la virtud el más abyecto de los vicios. Que a los pobres mortales pecadores como nosotros, hasta nos caen mal de lo “puro” que son.
Quiso el destino que en su país cayese en manos de la justicia un gran cargamento de cocaína acompañado de unos tantos narcos colombianos. Entre ellos un lugarteniente importante de uno de los capos del Cartel de Medellín. La mafia inmediatamente se empezó a mover para liberar al traficante y empezó a intentar comprar al honrado magistrado. Le prometieron poner en una cuenta en Suiza a su nombre un millón, dos, tres, cuatro, cinco, etc. millones de dólares a su nombre. Ignoro hasta dónde llegó la puja, pero al final –es triste decirlo- los narcos hallaron el precio de aquel crisol. Nuestro buen señor consiguió órdenes de liberar al cargamento, al lugarteniente y resto de narcos y él se perdió en Europa, entre la espesura de sus verdes dólares.
No les hago el cuento anterior para rematar con la vieja moraleja de todo hombre o mujer tienen un precio. Esto no es cierto. Hay mujeres y hombres, los mejores de la especie, que han demostrado que no se pueden comprar y mueren por sus ideas. Jesús de Nazaret, María Magdalena, las feministas de la revolución francesa, Ana Ajmatova, Gandhi, el Che, Madre Teresa, Luther King o Mandela. Les relato aquello, con mi mejor pluma borgeana (de Jorge Luis por supuesto), para llamar la atención sobre el Poder Mundial del Narcotráfico.
En el Informe Mundial Sobre las Drogas de la ONU, sobre las dimensiones del negocio de este tráfico se señala lo siguiente: “Se han hecho muchas estimaciones de los beneficios totales derivados de la industria de la droga ilícita, situándose la mayoría entre 300.000 y 500.000 millones de dólares EU. No obstante, el creciente número de datos reunidos hace pensar que la cifra real se sitúa en torno a 400.000 millones de dólares. Un volumen de negocios de 400.000 millones de dólares equivaldría aproximadamente al 8 por ciento de todo el comercio internacional. En 1994, esta cifra habría sido mayor que el comercio internacional de hierro, acero y vehículos de motor, y más o menos igual al volumen total del comercio internacional de textiles.” (Página 124 del doc. cit).
Las dimensiones de este lucrativo negocio obliga a contratar a buenos profesionales para la producción y a comprar a cuanto funcionario, político, policía, militar, religioso, intelectual, periodista, etc, se pueda. Porque el narco funciona como una araña que teje su red de influencias por donde van a circular de ida hacia las metrópolis, la cocaína o la heroína y de regreso el dinero sucio, producto de la venta de los estupefacientes y que es necesario lavarlos, pasarlos por una dry cleaning financiera.
Aquí en Nicaragua nos hemos quedado estupefactos por la olímpica salida de US$ 609,000 (seiscientos nueve mil dólares americanos), en una operación realizada por magistrados, jueces, abogados y banqueros. Mal atol le siento al gato, como decía mi tío Henry. Nuestro país, nuestras autoridades, nuestras instituciones tienen que ponerse las baterías frente al poder narco si no quieren sucumbir y ser un apéndice de un negocio que destruirá el poco país que queda y a nosotros nos dejará más pobres, enfermos y locos.
Entre las medidas de defensa frente a este cáncer social, estimo necesarias las siguientes: que los periodistas, a riesgo de sus vidas como en Colombia, Estelí o Juigalpa, investiguen a fondo la red que esta mafia ha logrado tejer en Nicaragua; la Asamblea Nacional debe crear comisiones ad hoc que investiguen inmediatamente al Poder Judicial de Nicaragua de cabo a rabo; los partidos políticos de cualquier signo deben estar alertas, porque en período de elecciones se aparecen generosos donantes que después cobrarán caro.
Meterse en la red narco, en esta mafia es fácil y atractivo, pagan bien, son generosos. Si no ved como han florecido tantas fortunas en el Atlántico y en Pacífico. Fortunas eclosionadas de simples palos blancos que de la noche a la mañana son ricos, sin saber explicar de dónde sale tanto pisto. Lo imposible es salir de ella, sólo se sale muerto o a costa de la vida de algún ser querido.
Las anteriores son mediadas paliativas. La solución, y en esto estoy de acuerdo con mi escritor Carlos Fuentes, es legalizar, normar y controlar la producción, la distribución y el consumo de drogas. Pero eso es coca de otro costal y palabras para otro artículo.