Opinión

Homicidio de mujeres


Si me permiten llamaré su atención sobre álgidos problemas sociales: El feminicidio y las maras. La Asamblea General de la ONU definió el feminicidio como “el genocidio contra las mujeres perpetuado cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales que permiten atentar contra la integridad, el desarrollo, la salud, la libertad y la vida de las mujeres. O sea que se comete con la intención de destruir un grupo social, identificado con su género, para someterlo a condiciones de existencia que acarrean su destrucción.
Las mujeres y niñas centroamericanas viven una violencia específica ligada a la pobreza y a la ubicación que la sociedad les impone en su ordenamiento familiar, religioso y laboral: ­La violencia de género. Desde la tierna infancia hasta la vejez, son víctimas de maltrato familiar, amenazas a su seguridad, discriminación e irrespeto a sus decisiones, violación, acoso sexual en el trabajo. En este contexto ­el incremento de la violencia delincuencial hace aún más frágil el derecho a la vida y al bienestar de las mujeres. Si esta violencia se acompaña por la omisión sistemática en la procuración de justicia de parte de las instancias judiciales que dan menor importancia a la persecución de los delitos contra las mujeres­, el feminicidio se convierte en un síndrome donde todos los factores concurren.
Centroamérica es el área donde es más reiterado el homicidio con alevosía de mujeres de todas las edades, condiciones sociales, profesiones y niveles educativos. Estos crímenes se vinculan con las prolongadas guerras civiles, con altos índices de violaciones a los derechos humanos, masacres y procesos de pacificación que, por su propia dinámica de exclusión de las bases sociales, terminaron por convertirnos de repúblicas bananeras a repúblicas maquiladoras.
Otros dicen que el feminicidio puede ser una política expresamente diseñada para aterrorizar a las mujeres que emergen como forjadoras del cambio social y económico. Una “acción de ablandamiento” para disuadir a las mujeres de participar política, sindical y culturalmente. Tratan de inculcar miedo a las mujeres para que dejen de reivindicar y defender sus derechos recién obtenidos a partir de los puntos más débiles y poco consolidados de las democracias.
La mayoría de los asesinatos de mujeres centroamericanas se comete en zonas urbanas, donde se ha incrementado la violencia delincuencial, el tráfico de drogas, de armas y los secuestros para pedir rescates­ y las actividades de bandas de jóvenes llamadas maras.
Las maras controlan barrios enteros de San Pedro Sula, Tegucigalpa, San Salvador y Guatemala. Delatan las carencias sociales, la falta de oportunidades educativas, el aumento del tráfico y consumo de drogas y la facilidad para conseguir armas. Son responsables de los casos de asesinatos de mujeres jóvenes, generalmente muchachas que se habían involucrado sentimentalmente con ellos.
Como están las cosas en Managua hacia allá caminamos con velocidad de crucero mientras los políticos de las tres maras de aquí no se ponen de acuerdo. Ni con San Caputo.

* Vicerrector Académico de la UCC