Opinión

Comunidades de aprendizaje y capital social


Ph. D.IDEUCA

La propuesta de mociones a la Ley General de Educación, recientemente entregadas por el Foro Nacional de Educación a la Comisión Nacional de Educación de la Asamblea Nacional para su aprobación en lo particular, presenta innovaciones relevantes que perfilan la educación del país con perspectiva de futuro, superando el pasado y el presente. Uno de los conceptos provenientes de la propia Constitución de la República y reafirmado por esta Ley, presenta a la educación como tarea de todos y todas. Las comunidades de aprendizaje, en el nuevo contexto global que nos asiste, se constituyen en núcleos dinamizadores que, trascendiendo el centro educativo mismo, entrelazan a éste con la comunidad construyendo nuevos modelos de interacción y formas innovadoras y comunitarias de aprendizaje, capaces de acrecentar el capital social que requiere el país.
Numerosos autores y países reconocen que la educación y el aprendizaje revisten, cada día, mayor complejidad, a la vez que son reconocidos como el lugar nuclear, agente clave y decisivo para el cambio dentro de la sociedad del conocimiento que ya nos rodea. En tal sentido, podría decirse que los (as) educadores (as) se convierten en los “parteros” de esta sociedad del conocimiento; sin ellos (as) el futuro nacería muerto o con malformaciones. De su preparación, reconocimiento, motivación y capacidad de iniciativa y liderazgo dependerá, en gran medida, la posibilidad de dinamizar el cordón umbilical que ha de unir de forma inseparable la escuela con la comunidad.
A las reformas educativas ya no les es posible actuar de espaldas a los docentes ni a las comunidades de aprendizaje. Se trata de avanzar en esta idea central: la profesión de educar se ha de convertir en una verdadera “profesión de aprendizaje”, un lugar clave para conformar comunidades de aprendizaje interesadas en una nueva manera de ver la educación y al país. La educación no es posible promoverla ni fortalecerla si no es “en racimo”, con la comunidad de aprendizaje unida para construir un futuro viable, poniéndose al frente de la educación, defendiéndola y proyectando sus aprendizaje para fortalecer el capital social como expresión compleja de aprendizajes, interacciones, creencias, saberes y valores con los que la comunidad y sus actores defienden, como un todo, sus intereses, su calidad de vida y su futuro.
Lo anterior requiere que apostemos a una comprensión de la cultura más profunda, y a promover un contrato educativo que posibilite contribuir a reinventar la educación desde una perspectiva realmente comprometida en vencer la pobreza y lograr el desarrollo del país. Este contrato social que el FNE viene construyendo, ha de delimitar responsabilidades de todas las partes para construir una nueva educación, superando la tentación de “mercadear” con ella. Es necesario salir al paso de una cultura del individualismo competitivo en la educación, que conduciría a una lucha darviniana por la supervivencia y el éxito de los centros educativos.
Es preciso impulsar comunidades de aprendizaje en las que los docentes trabajen entre sí y con las comunidades organizadas, centrándose de forma coherente en mejorar la enseñanza y el aprendizaje centrado en los contextos locales más próximos a los intereses de los educandos. Algunas investigaciones, en esta dirección, han puesto de manifiesto que, las comunidades de aprendizaje más fuertes, son las que se centran en los estudiantes, compartiendo la responsabilidad en sus aprendizajes, desarrollando métodos innovadores de enseñanza y adecuando el Currículum Básico Nacional a sus demandas.
Estas comunidades de aprendizaje están llamadas a promover atributos claves en la sociedad del conocimiento: trabajo en equipo, solidaridad, búsqueda y aprendizaje continuos, flexibilidad, valores morales, honestidad, compromiso con la defensa de los derechos individuales y sociales; apoyo para que el profesorado sepa tomar decisiones y llevar a cabo innovaciones propias, tras procesos de investigación-acción, en los que la reflexión crítica compartida se convierte en el instrumento dinamizador de los cambios de sus prácticas. Esta perspectiva educativa amplia estrecha profundos vínculos entre la escuela y la comunidad, urge de estrategias facilitadoras, sin las cuales difícilmente será posible alcanzar el éxito:
- Desarrollo del liderazgo compartido con la comunidad en los centros educativos formales y no formales.
- Construcción de indicadores de comunidades de aprendizaje, apoyados por una supervisión de apoyo técnico y procesos de acreditación.
- Gestión del rendimiento con calidad, haciendo partícipe a toda la comunidad y al país entero de los resultados obtenidos y de las formas de superarlos.
- Implantando procesos de monitoreo y autorregulación de los centros educativos trabajando a la par de sus comunidades de aprendizaje.
- Conformación de redes entre comunidades de aprendizaje a través de las cuales fluya comunicación, intercambio, transferencia de innovaciones y motivación para avanzar.
- Descentralización real promotora de responsabilidades conjuntas en la educación y con capacidad y recursos para resolver los problemas educativos y transformar la educación.

Estas comunidades de aprendizaje entran en contraposición con lo que podríamos denominar “sectas de formación para el rendimiento”. Sus contrastes son obvios: Por un lado, aspiramos a que las comunidades de aprendizaje transformen los conocimientos, produzcan investigación de sus procesos, relativicen sus certidumbres, proporcionen soluciones locales, asuman responsabilidades conjuntamente, aprendan continuamente y constituyan comunidades en su práctica. En cambio las “sectas de formación para el rendimiento” simplemente transfieren el conocimiento, se limitan a requisitos impuestos, se dirigen por los resultados, se rigen por falsas certidumbres, siguen orientaciones y guiones estandarizados, dependen completamente de la autoridad, se interesan por una formación intensiva y se reducen a “sectas” mirando sólo al rendimiento.
El FNE apunta a su última etapa: Conformación de la plataforma concertada de un sistema educativo articulado e innovador, capaz de interactuar entre sus componentes, actores y modalidades educativas, en profunda interacción con la sociedad y sus expectativas. En su esencia reside la comunidad de aprendizaje como expresión genuina y concreta de esta intencionalidad, en calidad de matriz dinamizadora del capital social que requiere la nación.