Opinión

Familia, educación, valores


Ph.D.IDEUCA

Dentro del cambio como el contexto habitual en el que nos movemos y se mueven todos los referentes de valores y de conductas personales y sociales, la familia sigue siendo a la vez un espacio que activa el cambio y un resorte de estabilidad y de referencia recurrente en el desarrollo personal y social.
La familia constituye la primera y más perfecta experiencia de socialización generando el sentido de acogida, seguridad, afiliación, amor, estima, ejemplo, hábitos, comportamiento, valores, convivencia, contrastes, sensaciones, complementariedad, idealización de la figura paterna y de la necesidad materna. En resumen, es el espacio psicológico y social que forma parte permanente del ser humano. La familia se inserta en cada persona y será en el fondo algo que le acompaña siempre como lo suyo primario. De lo anterior se deriva el impacto profundo y duradero que ejerce la familia en la primera infancia y en el período de la educación preescolar.
La educación preescolar y la familia se encuentran en la construcción del sentido de los hábitos básicos de convivencia y de apertura a los demás.
Dentro de la educación formal es la educación preescolar el período de socialización en el que la familia y la escuela están más cerca, forman prácticamente una unidad complementaria.
La educación preescolar viene a ser la continuación de la familia, perfecciona en forma de hábitos básicos y de una incipiente organización personal aquello que en la familia se vive de manera natural. La educación preescolar va dando forma a las primeras manifestaciones de socialización, fuera del ámbito y clima familiar.
En el siguiente paso de la socialización relacionado con la educación primaria, la escuela toma cierta delantera en el proceso de socialización al completar, afianzar y proyectar aspectos del contexto familiar que requieren de su desarrollo.
Por una parte experiencias como la sistematicidad, el orden, la disciplina, la mediación pedagógica, el ejemplo, la tarea escolar (clase, estudio, exámenes), el proceso del aprendizaje producto de un esfuerzo propio, el incipiente desarrollo de la creatividad y de la autonomía, empiezan a consolidar la personalidad del niño y de la niña.
Por otra parte el compañerismo, la amistad, la influencia del grupo etario, la participación en diversas actividades comunes, el descubrimiento físico, biológico y social de uno mismo íntimamente relacionado con los otros en forma de un nuevo sentido de comunidad, hace que el contexto escolar recree un proceso de socialización en el que se produce el fenómeno de cierto desprendimiento de la familia a la par que ésta genera una nueva forma de pertenencia. La familia se mantiene y se siente como núcleo de permanente retorno, pero se amplía en el proceso de la autoafirmación personal. Es la etapa en la que la persona comienza a diferenciar como experiencia propia lo bueno de lo malo y empieza a trazar la ruta hacia la autonomía y la autoafirmación.
En un tercer paso de la socialización adquieren mucha fuerza los influyentes resortes que constituyen la compleja vida de la sociedad actual llena de fisuras y contrastes, pero generadora de nuevos refuerzos para el duro proceso de la autoafirmación y ubicación de la persona en esa sociedad que como contexto imprescindible va cambiando en sus componentes sociales claves. En este proceso cabe la posibilidad de sentir a la familia original como algo lejano e incluso incómodo en algunos aspectos, pero más necesaria y cercana en otros porque permanece en ella el factor de estabilidad y el sentido del reclamo de un retorno instintivo a ella. Es el interesante momento de la construcción y afirmación de la autonomía, del comportamiento emanado de una especie de ley interior como la fuente del comportamiento social y ético, pero reteniendo la vinculación con la familia como garante de dicha autonomía. Este proceso toma vida sostenida en la etapa de la educación secundaria, la que se consolida en la Universidad.
En el proceso de socialización de toda persona en circunstancias normales la familia, la escuela y el contexto conforman un continuum íntimamente conectado y complementario donde se incuban las sensaciones, experiencias y hábitos básicos; se descubre la diferencia entre el bien y del mal; se construyen desde la autonomía como ley interior, los valores como fuente y referente de la conducta y responsabilidad humana y ética en el ámbito personal y social.
En el proceso global de la socialización vinculado a los valores humanos, sociales, morales y éticos se produce una activa relación entre la familia, la escuela y el contexto, pero en el que la familia es el factor original y permanente del mismo. Uno transita por diferentes aulas y niveles educativos, pero siempre retorna a la familia como factor permanente de seguridad y de estabilidad. Esta relación de familia, escuela, contexto pese a conformar un continuum intrínseco e interactivo en el proceso de socialización y construcción de la personalidad de todo individuo, a veces aparece fracturado. La familia queda aislada de la escuela y ésta permanece lejana a la familia. Esa separación ha sido histórica. No obstante la esencia misma de la educación ha reclamado el encuentro permanente de escuela y familia porque el proceso educativo es un proceso social de personas (niños, niñas, adolescentes, adultos) y las personas se mueven hacia y en un núcleo familiar. Este encuentro se está dando de diversas formas. La familia está poco a poco dentro de la escuela y la escuela está cada vez más abierta a la familia y al contexto. Estos tres espacios en interacción dinámica de socialización constituyen la fuente viva de los valores humanos, sociales y éticos de las personas y de la sociedad.