Opinión

Sartre, el filósofo de la libertad


En su última obra filosófica, Crítica de la razón dialéctica, de 1960, Sartre convierte la angustia que se deriva de la conciencia de la libertad subjetiva, existencialista, y la separación entre el ser y la conciencia, en una praxis política basada en el determinismo social marxista, que se proyecta en una práctica política de liberación colectiva.
A partir de 1960, cuando coincide con las líneas fundamentales de la filosofía marxista, considera el mal metafísico de la reflexión existencial como un lujo, cuando ha elegido compartir las decisiones políticas a las que se ven sometidos sus contemporáneos, en una época de lucha contra el fascismo, de resistencia contra las dictaduras militares, y de lucha por la liberación nacional de los pueblos oprimidos por el colonialismo. Abandona la UDR, en la que militaba entonces, porque la considera incapaz de responder a las necesidades políticas y sociales de su tiempo.
Como activista político, Sartre defiende la tesis marxista que el hombre alienado se ilusiona con la idea que su conciencia está separada de la acción concreta.
Sartre es el filósofo más leído y, quizás, el mayor pensador del siglo XX. Resume la inquietud subjetiva, generalizada, de una época llena de contradicciones. Aún el movimiento hippie se ve influido por la filosofía existencial. Ya en la obra literaria de Dostoieski, la pregunta central es cómo debe vivir un ser humano, y para quién tiene que hacerlo. Heidegger agrega, el ser humano es lo que uno hace en el mundo, con plena conciencia del sinsentido último de la vida propia. Para Kierkegaard el hombre tiene conciencia de sí mismo como un absurdo; el hombre vive lleno de misterios y de paradojas, con un sentimiento de angustia, hasta que salta a la fe. El prototipo de este hombre de fe es Abraham, al que Dios le pide que deje todo, que confíe y tenga fe.
El profeta no puede comprender por qué Dios le pide matar a su propio hijo. Sin embargo, con dulzura, explica a Isaac lo que Dios le ha encomendado. El joven, desesperado, ruega a Dios que en ese momento sea su padre, ya que no tiene padre en la tierra. Abraham prefiere que su hijo crea que no tiene padre, antes que pierda la fe en Dios.
Para Sartre, Abraham tenía un mar de posibilidades y eligió, libremente, obedecer a Dios. El término “angustia” lo utiliza Sartre para el reconocimiento de la libertad total de elección a la que hace frente el hombre en cada momento. Sartre piensa que la mente cobarde recurre a la fe para aliviar la angustia provocada por la idea de un universo sin sentido. En el Ser y la Nada, Sartre destaca el coraje de la conciencia humana para aceptar el absurdo de la existencia, y su capacidad de otorgar sentido a un mundo sin sentido. La realidad revela su ser y su nada.
El “pecado original”, para Sartre, es, precisamente, la angustia o el terror que siente Adán cuando se enfrenta con su propia libertad. Cuando Dios le ordena no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, Adán conoce, por primera vez, que puede comer de él, y que debe elegir. Esa absoluta libertad de elección es la condición necesaria de la auténtica existencia humana. El ser humano siente la angustia, o “pecado”, de ser el origen de sus propios valores.
Un espíritu que toma conciencia del absurdo, de un mundo en el que los pensamientos y la vida carecen de porvenir, está dispuesto a pagar por sus decisiones. No hace su elección con el apoyo de reglas éticas, por consiguiente, acepta el compromiso y la responsabilidad de sus propios actos, sin sentimiento de culpa, porque nada los justifica ni los condena. No puede encontrar ninguna base objetiva, racional, para defender sus decisiones morales. Debe adoptarlas, por consiguiente, sin el recurso de la razón o de la ciencia.
Los seres humanos se proyectan a sí mismos fuera de la nada mediante la afirmación de sus propios valores y, por tanto, asumiendo la responsabilidad ética de sus actos, sin el respaldo ni el auxilio de la sociedad, de la moral tradicional o de la fe religiosa.
Al final, Sartre reconocerá: “Lo que lamenté, en La náusea, es no haberme jugado por entero... me faltaba sentido de la realidad. Desde entonces, he cambiado. Frente a un niño moribundo, la náusea no tiene peso. La existencia no es un regalo, cada cual está obligado a legitimarla con sus actos, es un proyecto que hay que realizar”.
Sartre legitimó su existencia al desarrollar una actividad militante ante la realidad colonialista, al lado de los argelinos. Cuando los colonialistas franceses llamaban a incrementar los bombardeos y la represión en Argelia, Sartre escribió: “Francia no espanta a nadie, no tiene siquiera los medios de intimidar; comienza a horrorizar, eso es todo”.
Éste es el filósofo que repartía volantes a favor de la libertad en el Mayo del 68, a quien, a cien años de su nacimiento, recordamos con respeto.

* Nicaragüense. Ingeniero eléctrico