Opinión

El monumento a Rigoberto


Interesante polémica se ha originado con el proyecto de la Alcaldía de Managua de erigir un monumento al poeta leonés Rigoberto López Pérez, quien pasó a la historia de Nicaragua, quiéranlo o no los herederos del somocismo, por su sacrificio personal a cambio de la muerte del tirano.
Lo curioso es que en el diario oficial de los detractores de Rigoberto, unas pocas semanas antes de iniciar la polémica, un señor “X” escribió una larga diatriba a favor del tiranicidio, basada en una enjundiosa recopilación de autores medievales que sólo él conoce, justificando el “ajusticiamiento” del “tirano” Hugo Chávez, por de más, un presidente elegido dentro de los parámetros de la democracia tradicional occidental, o “burguesa”, si la quieren llamar así.
Hoy, otro señor “X”, en un profundo artículo, obra maestra de la demagogia y la manipulación, quiere equiparar el ajusticiamiento de un tirano con los asesinatos políticos del Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, periodista, escritor, político, “Mártir de las Libertades Públicas”, con el que se podría adversar políticamente, pero al que jamás se le podrá considerar un asesino o torturador, y otros personajes públicos más o menos polémicos, pero evidentemente de mucha menor valía cívica, con el perdón de sus deudos.
Me parece curioso cómo estos “señores” olvidan los métodos utilizados por el amante de la esposa del embajador gringo, Mr. Hanna, para ascender y sostenerse en el poder.
Ninguno de ellos menciona, por ejemplo, el asesinato del General Augusto C. Sandino y de sus lugartenientes, un año después de firmada la paz, el 21 de febrero de 1934, en lo que hoy se consideraría una “Ejecución extrajudicial”. Ni mucho menos mencionan las persecuciones que se iniciaron esa misma noche para exterminar a la mayor cantidad posible de ex miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional, ya todos retirados de la lucha y reunidos en Cooperativas organizadas por el General Sandino para trabajar las tierras y las minas que les cedió el Estado. ¿No se podría considerar esto como “Genocidio”?
Ninguno de ellos hace referencia a las decenas de prisioneros políticos, de distintas tendencias, confinados a Little Corn Island, quizá porque ninguno de ellos sepa de esta historia, ni que Manolo Cuadra, nuestro gran narrador, escribió precisamente “Itinerario de Little Corn Island”, donde, con su peculiar estilo, deja su testimonio personal de ese confinamiento.
Ninguno de ellos recuerda las continuas redadas de políticos que hicieron célebres las cárceles de “La Aviación” y “La 21”, entre otras, y en las cuales se encontraban desde intelectuales civilistas como el profesor Edelberto Torres y Salvador Mendieta, el General liberal Carlos Pasos o el político conservador Gustavo Manzanares, hasta los líderes obreros Armando Amador, Manuel Pérez Estrada y Domingo Sánchez Salgado, “Chagüitillo”.
Ninguno de ellos rememora la manera corrupta como se expropiaron a pacíficos ciudadanos alemanes, cuando el ex admirador de “Il Duce”, por obra milagrosa del desembarco en Normandía, le “declara la guerra” a las potencias del Eje. Cómo se apropió, pues, Somoza, de “51 ranchos de ganado y 46 fincas ganaderas”1, y hasta de “La Cementera”, hoy devuelta a los ilustres miembros de la “Sucesión Somoza” por obra y gracia del pacto Alemán-Ortega.
Ninguno de ellos restituye a la memoria los asesinatos violentos de los oficiales de la Guardia Nacional involucrados en los sucesos de Abril de 1954. Sus propios compañeros de armas torturados con saña y luego asesinados con alevosía. ¿Sabrán ellos acaso quiénes fueron los hermanos Báez Bone, por ejemplo?
Cuando estos señores se llenan la boca hablando del exilio que vivieron en los 80, ¿tendrán alguna idea de cuántos cientos de nicaragüenses tuvieron que irse por décadas al exilio durante el somocismo? ¿Tendrán idea de cuántos nicaragüenses murieron en el exilio soñando volver a la patria antes que amaneciera el 19 de julio? ¿Tendrán alguna idea de cómo sería irse al exilio en una época donde la mayoría de los gobiernos de América Latina eran militares asociados con Somoza? ¿Cuántos de estos desterrados pasaron del simulacro de fusilamiento con Somoza y la caminata a pie hasta la frontera, para luego de ahí, de presidio en presidio, llegar a la Guatemala de Arévalo y Árbenz o hasta México?
Restringir 45 años de luchas antisomocistas exclusivamente a la historia del FSLN es un disparate. Negar la historia de la “Estirpe Sangrienta” es un absurdo antinicaragüense. Rigoberto López Pérez es un Héroe Nacional, así les duela a los herederos del régimen, y su monumento siempre nos recordará a todos los presos políticos, a los torturados, a los exilados, a los asesinados, para que nunca más se entronice en Nicaragua una dictadura, y para que los herederos del somocismo recuerden siempre el destino que les depararía de intentarlo.
Managua. Octubre 04/2005

1 William Krehm (1960) Democracias y Tiranías en el Caribe, citado por Jaime Wheelock (1978) Imperialismo y Dictadura, Siglo XXI Editores, México.