Opinión

¿Qué pasa con el desarrollo de Nicaragua?


¿Por qué no logramos o no hemos logrado como país una sostenible estabilidad y desarrollo nacional y social? No es tan fácil responder dicha pregunta, aunque se nos pueden venir a la mente muchas posibles explicaciones relacionadas con la dominación o intervención extranjera, con la falta de institucionalidad, con carencias en la cultura política, por adoptar sistemas o modelos económico-sociales inviables para nuestra realidad, o por la pervivencia de sistemas políticos poco democráticos o excluyentes que hemos tenido históricamente hasta la actualidad. Dichos factores son algunos de los tantos que existen y que han dificultado nuestro desarrollo nacional desde siglos atrás.
En el trecho histórico más reciente que hemos vivido (los últimos 15 años) se ha confirmado meridianamente que el abandonar un modelo económico-social y adoptar uno nuevo sin retomar lo positivo del anterior y asumiendo una actitud fundamentalista y fanática en la imposición del nuevo modelo, nos ha conducido a mayores retrocesos, a profundizar la desigualdad y hacernos más vulnerables nacional y económicamente.
Eso ha pasado con el modelo neoliberal impuesto a nuestro país y que ha marcado negativamente a los países subdesarrollados en los últimos 20 años. Eso condujo a que el Estado perdiera su responsabilidad en la protección social (abandono de políticas sociales) y en el desarrollo económico nacional, asignándoselo al mercado, al gran capital privado nacional y transnacional, excluyendo y estrangulando a los pequeños y medianos productores; condujo a la privatización de los bienes públicos y nacionales, que además de vaciar el poco sustento económico nacional que existía fue una gran fuente (guaca) de corrupción de los gobernantes y sectores a ellos vinculados, que al mismo tiempo implicó una nueva acumulación y recomposición de nuevos sectores del capital con el saqueo de los bienes públicos que se tenían. En ese sentido, la riqueza sufrió un retroceso en su distribución, ensanchando la brecha social entre ricos y pobres, y en esas condiciones el mercado y el sector privado demostraron -–de nuevo-- que con sus reglas no se crea ni equidad, mucho menos progreso.
Por eso los gobernantes nicaragüenses a partir de los años 90 “insertaron” al país en la llamada globalización, con una economía más débil y con ciudadanos más desprotegidos, y por tanto no se podía ser competitivo o exitoso en dichas condiciones. Al final, nuestros gobernantes, siguiendo al pie de la letra las recetas económicas y sociales impuestas por los países desarrollados y los organismos financieros, fueron “más papistas que el Papa”: les dijeron que debían abrir al máximo la economía mientras sus mentores las mantenían protegidas, les pidieron que privatizaran empresas y servicios públicos mientras aquellos mantenían un importante sector estatal en éstas y otras áreas, hoy se creen el cuento del libre comercio mientras los mentores de estos tratados mantienen su proteccionismo, sus subsidios y dan el caramelo de las cuotas para algunos de los productos de exportación, con lo cual (“como botón de muestra”) se demuestra que al establecerlas ya no hay libre comercio y mucho menos que éste solucione las necesidades de desarrollo estratégico del país.
Al año 1989 Nicaragua tenía un arancel a las importaciones de 150% como promedio general, esto era fundamental para proteger la economía nacional y obtener importantes ingresos para el país. Pero al año 2003 dicho arancel a la importación bajó drásticamente al 5% como promedio general, con lo cual la economía quedó completamente (abierta) desprotegida y con menos ingresos por esa vía. Esta apertura drástica condujo desde el año 1992 a la desprotección de diversos sectores económicos y a la quiebra de muchos de ellos, dejando poco sustento productivo interno que creara por lo menos el mínimo empleo. Porque, además, supuestamente dicha apertura “traería a chorro” la inversión extranjera que al mismo tiempo crearía muchos empleos. Pero tampoco eso ha sucedido, y lo que ha llegado en inversión (mayormente zonas francas) son a los países con el menor ingreso PIB per cápita del mundo, donde se generan relaciones laborales cuasi-esclavas.
Y lo más grave es que de aprobarse el Cafta-DR con esas vulnerabilidades, se profundizarían o agudizarían las tendencias ya marcadas por la apertura comercial. Porque además dicho Tratado no surge como parte de un proyecto o de una construcción integracionista de los centroamericanos, sino de una imposición de los Estados Unidos interesado en controlar esta área de las américas no sólo por un interés comercial, sino por el control territorial y de recursos naturales bajo una visión geo-económica y geopolítica.
A parte de la apertura comercial y el libre comercio, el otro paradigma asumido ha sido el de la privatización, que implicó privatizar más de 350 empresas productivas y de servicio. Pero ello no mejoró la economía, sino que la empeoró. Por ejemplo: se privatizó en lo fundamental el servicio de energía eléctrica, bajo el supuesto de que INE como empresa estatal era ineficiente y no podía subsidiarse, ya que eso era parte de mentes estatistas anacrónicas. Pero la privatización de la energía no solo no mejoró, sino que empeoró el servicio eléctrico, beneficiando al capital privado con subsidios permanentes
Pero tampoco el sector privado ha provocado mayor capacidad de generación de energía eléctrica, creando al contrario una mayor dependencia del petróleo. Si el país a 1990 producía su energía en un 80% de generación hidroeléctrica y geotérmica, hoy es al revés: el 80% depende del petróleo, lo que implica un retroceso significativo de un indicador de fortaleza e independencia económica de cualquier país.
Por tanto, el asumir y seguir aplicando un modelo económico-social que no ha desarrollado a las sociedades y a las naciones y además que está en crisis, es anacrónico, y es una causa fundamental de los problemas que enfrentamos como país. Efectivamente hay otras causas que no permiten el desarrollo de Nicaragua (y las cuales hay que analizarlas), pero si no cambiamos el modelo actual es poco lo que podremos avanzar como sociedad y como nación, dado los atrasos y demandas acumuladas y dadas las mayores complejidades del mundo en que vivimos.
(*) Secretario General de la Federación de Profesionales Docentes de la Educación Superior de Nicaragua (Fepdes-ATD).
fredyfranco@hotmail.com