Opinión

El diálogo es la solución


Nicaragua desde afuera se ve como un país atrapado en una crisis política en espiral, y lo más sensato para todos es que el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo hagan un alto al fuego y se sienten a dialogar, siempre y cuando prevalezca el respeto a la Constitución y las leyes del país.
Hay muchos temas de interés nacional que se deben de abordar para llegar a un entendimiento en función de Nicaragua y las necesidades de la población, y la negativa del Poder Ejecutivo de sentarse a dialogar en los términos que sugiere la Organización de los Estados Americanos (OEA), en su calidad de facilitador, no contribuye con la paz y la tranquilidad que los nicaragüenses necesitamos para trabajar.
Mientras los poderes Ejecutivo y Legislativo no se sienten a dialogar sin condiciones y sin presiones externas, Nicaragua seguirá siendo noticia internacional, pero no por su crecimiento económico o su desarrollo social con justicia y equidad, sino por la confrontación y la inestabilidad, ahuyentando de esa manera la inversión extranjera que tanto necesitamos.
Los problemas de los nicaragüenses los debemos de resolver entre nosotros, y después de una guerra entre hermanos deberíamos de tener la suficiente madurez para sentarnos a dialogar en base a soluciones reales y no a las impuestas por intereses extranjeros, y en ese sentido coincido plenamente con monseñor Leopoldo Brenes, Arzobispo de Managua, Masaya y Carazo, quien calificó de “bien triste” el hecho de que los funcionarios de Gobierno despojados de su inmunidad por supuestos delitos electorales viajaran a otro país con el fin de denunciar ante instancias internacionales los procesos de desafuero que se desarrollan en la Asamblea Nacional y ante los tribunales de justicia.
La Constitución Política y las leyes de Nicaragua son muy claras cuando nos indican que nadie está por encima de la ley y que nadie es culpable hasta que no se le demuestre lo contrario.
El ex presidente Arnoldo Alemán fue despojado de su inmunidad como diputado ante la Asamblea Nacional, juzgado por una juez que públicamente se declaró, durante el proceso judicial, “militante del FSLN” y hoy cumple una sentencia condenatoria de veinte anos de prisión que todavía no es firme.
La Asamblea Nacional y la justicia que el presidente Enrique Bolaños y su Gabinete de Gobierno aplaudieron en el pasado por el caso del ex presidente Arnoldo Alemán, hoy la declaran “hija del pacto e imparcial”; sin embargo, los actores en el Legislativo y el Judicial no han cambiado, siguen siendo los mismos.
La historia de la humanidad está plagada de guerras sangrientas y de serios conflictos, y el diálogo ha demostrado ser el mejor instrumento para lograr el entendimiento.
Nicaragua no está al margen de la historia de la humanidad. La solución es sentarnos a dialogar para lograr un entendimiento y un ambiente de estabilidad que nos permitan trabajar en función de nuestro desarrollo económico sostenible con justicia social. Adicionalmente, es importante para nuestros intereses estratégicos que las decisiones y las políticas por implementar que se deriven de dicho diálogo sean armónicas con el conjunto de naciones que nos apoyan moral, política y económicamente.
Si el presidente Enrique Bolaños ama a Nicaragua como dice amarla, debe de asistir al Diálogo Nacional en los términos que la OEA lo ha planteado en su calidad de facilitador, y como garante debemos de contar con la presencia de Su Eminencia, el cardenal Miguel Obando y Bravo.

*Economista