Opinión

Los próceres también fueron niños


Al margen de la discusión de su nacimiento, por apropiación, identidad, celebración y tradición, nadie discutiría que Miguel Jerónimo Larreynaga y Silva nació y vivió su niñez en Telica, a pesar del texto que diga lo contrario.
Primero, porque es hijo de doña Manuela Balmaceda y Silva, teliqueña nacida y criada en esta localidad, hija del capitán y terrateniente Baltasar Silva, quien era dueño de más de mil manzanas de tierra, entre ellas, la famosa hacienda La Silveña, hoy hacienda San José de Telica, de la familia Gurdián, y por lo anterior, económicamente, en mejores condiciones que la familia paterna del prócer.
Segundo, porque decir que nació en León no significa taxativamente decir que nació en la ciudad de León. ¿Y si se refería al departamento y no a la ciudad? ¿Por qué lo uno y no lo otro? Recordemos que a finales del siglo XVIII el municipio de Telica era apenas un caserío, una villa, sin formación económica, social o política y, por tanto, menos referencial. ¿Cuántas veces me ha tocado a mí decir que vengo de León, cuando en realidad he llegado de Telica? ¿Cuántas veces he dicho que nací en Telica, cuando en verdad nací en Paso de Lajas, una comarca de este municipio? ¡Ah, dirán ustedes, qué hermosa es la imaginación y qué benditas las palabras!
Tercero, porque no existe otro lugar en todo el país donde cada 29 de septiembre se hagan celebraciones y desfiles por las calles como en Telica, en homenaje al prócer, ilustre firmante del Acta de Independencia de Centro América. Y en ninguna otra localidad existen tantos hombres con el nombre de Miguel Larreynaga como aquí. ¿No le parece extraño a usted que en León no haya una casa, una biblioteca, una calle, un parque, una librería o una sala de algo con el nombre del prócer? ¿No es extraño que nadie lo celebra en la ciudad a parte de las efemérides de la patria? Como dice don Alí Canales, un contador teliqueño, amigo del recordado don José Jirón Terán, con el respeto que don José se merece, el dariano le dijo una vez: “Mirá, Alí, nació en Telica, pero es mejor para todos decir que nació en León”.
Entonces, vea: una de las escuelas más antiguas del municipio es la escuela Miguel Larreynaga, dirigida actualmente por la profesora Ana María González, institución que celebra al prócer todas las últimas semanas de septiembre. La biblioteca municipal, situada del parque una cuadra abajo, lleva el nombre de Miguel Larreynaga. El parque de la localidad lleva el nombre del prócer y además, tiene un pequeño busto blanco de Miguel Larreynaga viendo al occidente, hacia la calle principal del pueblo. La librería de la profesora Imelda Alarcón lleva el nombre de Miguel Larreynaga. Y más aún, cuando Manuel Ignacio Pereira Quintana, el seis de septiembre de 1936, siendo Alcalde de Telica, fundó un pueblo en tierras teliqueñas, lo bautizó como Larreynaga, Malpaisillo. Y estoy seguro que muchos otros establecimientos de la localidad llevarían con gusto el nombre del prócer centroamericano, como muestra clara de apropiación, identidad, celebración y tradición con un hijo del lugar.
Y yo quiero imaginar al niño Miguel Jerónimo, entre los cinco y ocho años de edad, de la mano de su tía Mercedes, o de su abuelo, el capitán Baltasar Silva, poderoso terrateniente que montaba a caballo, dueño de una fortuna fértil, o, por qué no, colgado de la falda de su madre, doña Manuela Balmaceda y Silva, caminando por las casas solariegas y encardonadas de Telica: la esquina de las Parra, frente al parque, hoy de los Barreto, donde según se dice nació; en la otra esquina, donde doña Bernarda Herrera, cerca de la gallera con torneos los domingos; en la esquina más abajo, donde don Enrique Albert, tan parecido a Miguel Larreynaga, que de niño, yo pensaba que el prócer aún vivía y caminaba por las calles del pueblo; o correteando por las riberas del río, buscando garrobos, cenzontles, gorriones o leña, o simplemente, bañándose en el caudal de las aguas del río Telica, que hoy yace muerto sin sus corrientes. Tal vez, si estuviera vivo, si hubiera nacido al comenzar este siglo, lo veríamos subir los balancines, jugando por su parque, o leyendo a Darío y a todos los poetas nicaragüenses en la biblioteca de su propio nombre en la antigua casa amarilla. Quizá, visitando los hervideros de San Jacinto, con su humo blanco sobre las casas, el Santa Clara, el volcán Telica y sus travesías entre bosques y piedras de “malpáis”. A lo mejor, viendo el proyecto geotérmico, casi apagado, aún sin la luz necesaria para alumbrar San Jacinto, sus alrededores, Nicaragua y parte de Centroamérica. Acaso, yendo al municipio de Larreynaga, Malpaisillo, su propio poblado, para hablar con los Pereira, con Alma Nubia Leytón, con Lechado, con Bayardo Juárez y Aura Estela Picado, con el Indio Pan de Rosa y Abraham Mayorga, o con la profesora Maritza Pérez.
Por considerarlo de sumo interés para este trabajo, anoto la descendencia materna y paterna del prócer, extraída de la Genealogía completa del Licenciado Miguel J. Larreynaga y Silva, de don Carlos Manuel Delgado Reyes:
El capitán Baltasar Silva contrajo matrimonio con una señora de apellido Balmaceda y procrearon dos hijos: Manuela Balmaceda y Silva (madre de Miguel y que murió en el parto) y Mercedes Balmaceda Silva, tía que lo crió en su niñez.
Mercedes Balmaceda Silva, tía de Miguel, procreó a José Eugenio Silva, primo de Miguel. José Eugenio tuvo hermanos por parte de padre: José Felipe, José de la Asunción, José Trinidad, María Teodosia, María Espíritu y María Juana Flores Silva...
José Eugenio Silva se caso con doña Ana Jacoba Mayorga Robles, procrearon dos hijos: Pastor Silva y Josefa Silva. Pastor Silva se casó con doña Francisca Rueda y procrearon seis hijos: Concepción, Octaviana, Dominga, Aurelia, Domingo, Rafaela Silva Rueda. Pastor tuvo tres hijos fuera de matrimonio: Anita, Gorgonio y Eustaquio Chavarría.
Concepción Silva contrajo matrimonio con Valentín Reyes y procrearon nueve hijos: Julio, Valentín, Octavio, Juana, Herminia, María de Jesús, Hermógenes, Eusebio y Mercedes Reyes Silva. Octaviana Silva Rueda contrajo matrimonio con Roque Caballero, procrearon doce hijos: Felipe, Teodosia, Aurelia, Mélida, Antonia, Magdalena, Cecilia, Juana, Luis, Bernardo, Simón e Isabel Caballero Silva.
Dominga Silva Rueda contrajo matrimonio con Victoriano Zapata y procrearon seis hijos: Indalecio, Máximo, Andrés, Carlota, Ángela y Felipa Zapata Silva. Aurelia Silva Rueda contrajo matrimonio con José de la Cruz Soza y procrearon tres hijos: José, Edmundo y Mélida Soza Silva.
Domingo Silva Rueda contrajo matrimonio con la señora Martha Caballero y procrearon nueve hijos: Demesio, Evangelina, Francisca, Leticia, Jesús, Alicia, Domingo, Rosa y Gustavo Silva Caballero (De ellos viven aún Evangelina, Rosa y Gustavo).
Rafaela Silva Rueda contrajo matrimonio con el señor Máximo Ruiz Baldizón y procrearon trece hijos: Juan Francisco, Rafael, Humberto, Eduardo, Ricardo, Guillermo, Santiago, Isabel, Mercedes, Berta, Casta, Julia y Ángela Ruiz Silva.
Por el lado paterno, se sabe que don Miguel Larreynaga era orfebre, ocupación de españoles pobres o de mestizos o de mulatos. Su tatarabuelo, Antonio Padilla, era definitivamente mulato. Según Romero y Buitrago en el título En busca de la democracia, capitán de una de las tres compañías de pardos de la ciudad de León en 1741, Padilla, acusado de conspirar, fue condenado a muerte por el gobernador don José Antonio Lacayo. Don Miguel se casó con la hermana de un maestro platero y procrearon tres hijos: José Joaquín, padre de Miguel, María y Gertrudis Larreynaga. Del matrimonio de José Joaquín Larreynaga y Manuela Balmaceda y Silva nació Miguel Jerónimo Larreynaga y Silva, el 29 de septiembre de 1772. Obtuvo el grado de Bachiller en Artes, en Derecho Civil y Canónico, Profesor de Filosofía y Retórica en el Colegio Seminario San Ramón, Licenciado en Medicina Forense, Relator Interino de la Audiencia, Abogado, Asesor de Guerra del Escuadrón de Dragones de la Provincia de Sonsonate, Defensoría del Juzgado de Intestados y la Cátedra de Derecho Teórico-Práctico, catedrático de Derecho Público y Economía Política, Presidente de la Corte Suprema de Apelaciones, Diputado de Suchitepéquez y Huehuetenango, entre otros títulos y cargos. Falleció en Guatemala, a la edad de 75 años, el 28 de abril de 1847.

Telica, 01 de octubre, 2005.
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