Opinión

Ética y política


Antes de que el de Managua diera lectura a los apuntes sobre ética y política, el de Masatepe quiso comentar: “Se nos había pasado que cada vez que la Corte Celestial pone “preso” a Alemán en las comodidades de su casa, con régimen domiciliar, “convivencia familiar” o con todo el departamento de Managua por cárcel, habla don Daniel y se lava públicamente las manos diciendo que él no es magistrado ni juez para tener potestad de hacerlo, y se declara respetuoso de las leyes que administra su Corte, y todos sabemos que él es el custodio de Alemán, y quiere convertirse en el custodio de don Enrique. ¿Pensará que este pueblo es tan idiota como él de mentiroso, cuando todo el mundo sabe cómo maneja magistrados a través de la Corte Celestial?”
El de Managua lamentó: “Magistrados, algunos hasta amigos, a quienes poco a poco y a jirones los van despojando de lo que les quedaba de dignidad. Es triste, pero eso está clarísimo en los nuevos principios doctrinarios del danielismo, para quienes, como señalábamos el jueves pasado, la ética es un prejuicio burgués. Pero bueno, tal y como les había ofrecido, fui a revisar el libro de José Luis L. Aranguren, “Ética y Política”, y de ahí y de él, tomé estos apuntes para lo que puedan servir:”
-La ética, considerada en sí misma, es primariamente personal. /No sólo eso. Las “normas” o “modelos” de comportamiento y de existencia... han de ser libremente aceptadas por cada uno de nosotros para que el acto y la vida sean morales. /Pero la moral no es social solamente por el origen de las normas, sino también, por el origen de la conciencia moral. /La moral, como moral de la conciencia, consiste en la constitución de un “fuero interno”. Éste surge en los momentos de crisis histórica, cuando la moral social aparece inadecuada, inservible o injusta, y el hombre, para salvarse, al menos como persona individual, se retrae a ese fuero interno, refugiándose en la intimidad de su conciencia moral.
-Un político puede ser, por ejemplo, en su fuero interno, profundamente inmoral o, como suele decirse, amoral. Pero será un mal político si prescinde de la moral como arma política. El enmascaramiento de los móviles y las intenciones, la invocación de principios morales (aunque se esté, íntimamente, muy lejos de creer en ellos), el cuidado en no ofrecer al adversario un flanco descubierto de inmoralidad personal por el que poder ser atacado políticamente... constituyen también la psicología del político. Un político que se entrega, por decirlo así, ingenuamente a la inmoralidad “política” sería un mal político, lo mismo que si se declarase formalmente maquiavélico. El maquiavelismo del político puede ser un modo secreto de proceder, nunca un paladino programa político.
-La ética, en nuestro contexto, está siendo siempre “buscada”. Es una exigencia, una demanda, una actitud y, si se quiere, una inquietud también, la inquietud moral, la “sed de justicia”. Por el contrario, entendemos por política una realidad, temáticamente descubierta y estudiada por la sociología y la ciencia política, eminentemente positiva que, ésta sí, está ahí, dada --si bien dinámicamente--, y constituida por un juego de fuerzas, el “poder” político y sus condicionamientos sociales.
-Planteadas así las cosas, nos encontramos con una cuestionabilidad originaria de la relación entre ética y política. Para el llamado “realismo político”, la moral es un “idealismo” en el sentido peyorativo de la palabra, es decir, un irrealismo cuya intromisión en la política no puede ser más que perturbador. El ámbito apropiado de lo ético es el privado. En el público no tiene nada que hacer. Lo moral y lo político son incompatibles y, por tanto, a quien ha de actuar en política le es forzoso prescindir de la moral.
- El logro del bienestar se define, no como un subproducto económico, sino como una gran tarea moral, que requiere el esfuerzo de todos, tanto en el plano de la ética personal, como en el de la ética social... la moralización social ha de efectuarse, a la vez, por modo personal y por modo institucional... Todo esto, sin olvidar nunca el problematismo intrínseco a esta moralización y el hecho de que la tarea moral, lo mismo la personal que la colectiva, es, en realidad, una tarea infinita, inacabable.
El de Masatepe, Sherlock y Watson habían escuchado absortos los conceptos de Aranguren leídos por el de Managua. “Excelente --dijo el de Masatepe-- y me parece que ya es hora de mi reciprocidad por la fábula de “La víbora pródiga” y este resumen de “Ética y Política”, de manera que el próximo jueves les contaré la fábula de “El espejo complaciente”.

Jueves, 6 de octubre de 2005.