Opinión

Acerca del escándalo en la Corte Suprema de Justicia


Recientemente se eligió en los Estados Unidos al Presidente de la Suprema Corte, cargo que ennoblece a quien lo ejerce, pues constituye la máxima aspiración que un profesional del Derecho pueda tener.
Después de un análisis de su actuación como abogado, el Congreso de los Estados Unidos lo confirmó para el cargo que había sido propuesto por el presidente Bush, pues es un honor y un mérito ser Presidente del máximo tribunal de los Estados Unidos de América, cargo por demás vitalicio y el cual dejará sólo que renuncie o que fallezca.
En cualquier país, que no es el nuestro por supuesto, ser miembro del máximo tribunal es un orgullo profesional, sin embargo, en Nicaragua, ser miembro de la Corte Suprema de Justicia es un cargo con poco brillo, un cargo sujeto a los vaivenes políticos de los caciques de turno, un cargo al que se llega sin tener los méritos profesionales que ameriten ejercerlo, en otras palabras, un cargo político.
En otro país, que no es Nicaragua, el Presidente de la Corte Suprema de Justicia, y otros jueces, ya hubieran sido suspendidos por no decir sustituidos de su cargo y procesados debido a los escándalos suscitados en relación al dinero que se le entregó al narcotráfico.
¿Cómo es posible que no se den cuenta que están firmando un cheque por más de medio millón de dólares? ¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Será que el narcotráfico ya ha invadido las esferas del Poder Judicial? ¿Podremos confiar en el Poder Judicial Nicaragüense? Todo esto amerita una investigación a fondo de lo que está pasando y que no vengan con el cuento de que un juez ordenó esto y otro ordenó aquello, pues está en juego mucho dinero, pero sobre todo el prestigio del país y del propio sistema judicial.
Pero, mientras vamos de un escándalo a otro, mientras nos estamos peleando unos con otros, cinco empresas textileras no quieren invertir en el país debido a la situación política, y los ticos, nuestros hermanos del sur, como siempre, se quieren aprovechar de la situación, por aquello de que en río revuelto, ganancia de pescadores, y nos quieren quitar el río San Juan a sabiendas de que el Tratado Cañas-Jerez es bien claro al respecto.
Por tanto, es necesario que nosotros como nicaragüenses reflexionemos, dejemos atrás nuestras pasiones políticas y levantemos el prestigio de este país que en la actualidad no está en una situación agradable, por no decir deplorable.

*Docente-UNAN-LEÓN