Opinión

Terrorismo preelectoral 2006


En Nicaragua se viven problemas de toda naturaleza, el Presidente de la República mantendrá hasta el último minuto de su gobierno la misma actitud política de sobra conocida y comentada, heredando al sucesor un país en situación económica y social en desgracia en relación a las condiciones existentes al inicio de su gobierno. Así van a ser las cosas y los nicaragüenses deben ir tragándoselas, que en los quince meses restantes, 2005-2006, la actividad económica continuará muy deprimida y los pobres sobrellevarán mayores penurias.
¿Qué puede esperarse de un nuevo gobierno a iniciar en 2007 para encauzar al país hacia la recuperación? No se trata de deseos ni emociones, para no encontrarse con una Caja de Pandora. Una idea preliminar podrá verse con la calidad de la campaña 2006, y en la capacidad que vayan mostrando los precandidatos, en especial, el que mejor enfoque haga, en palabras sencillas, del manejo de la crisis, nada de ampulosidades, sino de planteamientos al grano. Hasta ahora solo vaguedades se les ha escuchado, lo mismo de siempre.
Todo dependerá del conocimiento puntual que tuvieren y expresaren de los principales problemas candentes que se están viviendo, de las propuestas de soluciones creíbles en su período presidencial y la disponibilidad de recursos internos, así como de compromisos a cumplir en fechas prefijadas.
El preámbulo de campaña que tenemos a la vista muestra más de lo mismo, a la hora de repartición de chicha, minigrupos que se autollaman partidos se alborotan buscando alianzas bajo la bandera de la democracia para obstaculizar y competir con quienes califican de antidemocráticos, alianzas que a la fecha no razonan justificación alguna sobre cómo resolver los problemas.
¿Cuál el mensaje frente a la necesidad de reestructurar el Estado y resolver los graves problemas económicos y sociales?, en ese barullo, ¿qué es democracia?, esa gente no tiene idea de qué es democracia, ninguno es demócrata, son oportunistas. Un pésimo comenzar.
Bajo esa oscura democracia se desarrolla una sucia campaña preelectoral impulsada por la intervención extranjera que busca un títere criollo que le garantice protección a sus intereses, incluso sobre la protección de los intereses del pueblo nicaragüense. A los precandidatos no se les conocen opiniones sobre los difíciles problemas del diario vivir del pueblo nicaragüense, y callan por miedo al descarado injerencismo que les abre espacios para colarse en el próximo gobierno.
Se ha montado una campaña terrorista electoral 2006 a través del sistema de encuestas, que realiza una firma extranjera, obviamente, con información simplista que publica en un medio de comunicación de derecha para manejar a la opinión pública, y gobernar el país por encuestas, actitud que hace mucho daño al país.
Hace poco días aparecieron resultados de una encuesta que anunció temor de fraude electoral en los resultados del proceso que tendrá lugar en 15 meses, con el claro objetivo que sólo puede interpretarse de cargarle la mano a los miembros del CSE, prejuzgando su honestidad, una calumnia en una gastada muestra de mil y pico de personas, su coto de caza, sobre una población de más de 5 millones de habitantes, y en base a probabilidades matemáticas, computadoras e interpretaciones. Las encuestas son útiles en países civilizados, donde los encuestados tienen un determinado nivel cultural, entienden lo que se les pregunta y son responsables al dar respuestas, en Nicaragua, ¡por favor!
La misma firma encuestadora, califica y desprestigia al Poder Judicial; se atreve afirmar cuáles instituciones del país son confiables y cuáles no, cuáles son los buenos y cuáles los malos en Nicaragua, quiénes puntean las preferencias políticas con el propósito de colocar en el fondo de esas preferencias a las personas contra quienes está montado el terrorismo, con la creencia de hacerles desaparecer del escenario político nacional.
En ese one, two de la firma extranjera encuestadora y el periódico local de derecha, único en que se publican resultados, pareciera existir una mano pachona injerencista que los utiliza en una campaña publicitaria sostenida contra políticos calificados de antidemocráticos o corruptos que pretende acabar su carrera.
El gran problema surge al no existir verdaderos partidos políticos reconocidos que califiquen como democráticos, solo chingastes, un popurrí, minorías dispersas que carecen de estructuras nacionales, en actividad permanente, dirigidas siempre por las mismas personas: caudillitos. Eso de señalar preferencias políticas en encuestas tan prematuramente a la campaña, con organizaciones fantasmas, solo puede entenderse que se trata de intereses de extranjeros. Los candidatos de partidos organizados salen de sus convenciones nacionales; antes solo existe competencia interna de precandidatos en cada partido por la nominación
No se pretende defender o acusar a nadie, sino poner los puntos sobre las íes. Primero, no debe seguirse ignorando el injerencismo en la política interna de Nicaragua, ni a los títeres criollos traidores; el estudio de la historia revela como causa principal del atraso y la pobreza a ese dúo, y para reestructurar el país, el injerencismo debe acabar de tajo, de lo contrario, nada cambiará. Si los nicaragüenses son incapaces de realizar la transformación por sí mismos, nada más hay que decir.
Cualquier señalamiento sobre confiabilidad en instituciones, sobre miembros del CSE o el Poder Judicial, sobre ciudadanos buenos o malos, bonitos o feos, carece de lógica, porque el mal está en el sistema político soportado por leyes, y no en sus miembros, éstos se encuentran ahí por el canal legal correspondiente, sus criterios son personales y ningún ciudadanos es juez de otro, no existen acusaciones de violación a leyes.
El voto popular directo elige diputados, presidente y concejales municipales. El Presidente nombra su gabinete y funcionarios de entes gubernamentales descentralizados; los diputados nombran a los miembros de los otros poderes. Con cualquier objeción, por ejemplo, sobre asuntos de justicia o electoral, nada se gana ni se va cambiar nada insultando o calumniando a las personas miembros de los poderes respectivos. El daño de las críticas recae sobre Nicaragua, no sobre las personas. Nadie, que se conozca, objeta nombramientos de miembros del Poder Legislativo en esos poderes, pero cuando no les gusta algo, lanzan improperios.
Es muy cómodo desde oficinas con aire acondicionado hacer señalamientos a funcionarios al margen de los sistemas legales, y las cosas no van a cambiar si no cambian los sistemas, y ese es el problema que hay que confrontar. El problema básico político de Nicaragua está en su sistema, pero los críticos no le entran al fondo, se van por las ramas, a las personas, y ahí se quedan patinando, nada resuelven haciéndole daño al país.
Hay que entender que en Nicaragua la solución política descansa en un sistema que no concentre la atención sólo en elegir al Presidente de la República, lo más importante para un buen gobierno es la forma de elegir diputados y cómo resulta la integración de la Asamblea. No es asunto de presidencialismo ni parlamentarismo, simplemente de racionalismo para el mejor gobierno del país y el pueblo.
También entender la importancia de la existencia de auténticos partidos políticos, organizaciones serias, como se aprecia en el mundo occidental. El sistema actual con eso de los grupos de salón alrededor de caudillitos, o que cualquiera organiza un partido, lo único que logra, como en los colmenares, es llevar a la Asamblea zánganos. Con los llamados micropartidos, lo único que se promueve es la degeneración del sistema.