Opinión

Nicaragua no ha encontrado su rumbo


Entre 2000-2005, la economía de Nicaragua no ha encontrado su rumbo; el gobierno Bolaños no ha tenido la habilidad de incrementar el producto interno bruto (PIB) para disminuir la deuda social y la concepción neoliberal encara la tarea incumplida de legitimarse en los hechos con una ola general de prosperidad que permita la generación de más empleos.
Hacen falta muchas cosas: una política agro-industrial y otra de fomento a la exportación realmente vinculada y efectiva con las necesidades de los pequeños y medianos productores agrícolas e industriales. También es necesario articular al sector exportador con el resto de la economía, así como inversión pública y privada. El actual gobierno ya está terminando y durante su período no existió la habilidad de cambiar las políticas para reactivar el desarrollo económico. Se logró cierta estabilidad macroeconómica, pero fuera de eso no se alcanzó un crecimiento respetable que disminuyera la pobreza y el hambre.
Como vamos, es difícil que el crecimiento macroeconómico se refleje en las clases de menores ingresos. El PIB debe crecer alrededor de 7 por ciento anual para que beneficie a los pobres. Sin embargo, el país está estancado en la economía y dividido en la búsqueda de consenso político sobre el futuro que desea. Y también está perdiendo oportunidades.
Con su actual estructura, la economía nicaragüense no puede crecer más. Ya no digamos 7 por ciento al año, ni siquiera 5 por ciento. Hay grupos de presión, banqueros y empresarios, que se oponen a las reformas económicas fundamentales, como impulsar una mejor distribución del ingreso, para no perder privilegios y ganancias. Hay ausencia de un sentido de propósito estratégico en la discusión que sostienen cotidianamente los actores políticos, económicos y sociales sobre el futuro del país.
No hay una preocupación especial sobre el país. Los empresarios preguntan y presionan sobre muchas cosas. Y las preguntas y las presiones no tienen nada que ver con una agenda de modernización económica que está detenida. Tiene que ver con el entorno político, las campañas de los distintos precandidatos, la postura que probablemente tendrán sobre las tasas de interes de las tarjetas de créditos, las reformas a ley electoral y obviamente si se van a discutir o no los temas nacionales de importancia para la clase dominante, como la ratificación del Cafta. Las preguntas de fondo debieran de ser: ¿por qué Nicaragua no crece a una tasa anual más alta?, ¿por qué no crece satisfactoriamente para alcanzar las metas del milenio?, ¿se alcanzará a reducir la pobreza extrema y el hambre para el 2015?
El punto esencial es lo que el país hará para crecer en los siguientes años a las tasas anuales que necesitamos, ya no hablamos de 7 por ciento, sino cuando menos 5 por ciento, que debía ser un crecimiento potencial posible para Nicaragua y hoy no lo es. Hoy el crecimiento potencial está entre 3 y 4 por ciento, que es muy bajo. Ese es un punto fundamental de la Nicaragua del futuro.
Estos temas no han sido bastante discutidos, aunque existe un diagnóstico bastante claro sobre la situación actual del país. El punto es cómo lograr que una agenda de modernización del país se convierta en la agenda nacional. La oportunidad política es buena, porque los candidatos van a estar discutiendo sus ideas y propuestas, y espero que esta discusión sirva para hacer conciencia entre la opinión pública y los candidatos.
Asia, no sólo China, es la región con mayor dinamismo económico en el mundo. Esto se explica porque esas naciones tienen un sentido de planeación y visión de largo plazo. En los años 60, Centroamérica tenía casi el doble de ingreso per cápita que algunos de los países asiáticos. Hoy en día, ellos triplican al de los centroamericanos. La tasa de crecimiento per cápita promedio en aquellas naciones ha sido de 5.4 por ciento y de 1.8 por ciento en Centroamérica. Algo similar, ocurrió con España, Portugal, Grecia e Irlanda, que ingresaron en la hoy Unión Europea en los años 70 y 80. Algo hicieron bien ellos y algo hicimos mal nosotros.
Los países asiáticos tuvieron una política educativa muy definida para incrementar primero la calidad de la educación de la población. Corea del Sur era un país que hace 45 años tenía un índice de analfabetismo peor que el que entonces tenía Nicaragua, y ahora tiene un nivel de educación formidable. Corea del Sur invierte más del 8 por ciento del producto interno bruto (PIB) en educación, tecnología e investigación.
El diagnóstico del país ahí está, talvez hace falta precisar algunas cosas, fundamentalmente lo que se requiere es acción política, la cual debe incluir que la gente se dé cuenta en dónde estamos y qué es lo que tenemos que hacer para prosperar, para reducir realmente la pobreza, generar más empleos y reducir las desigualdades.
La diferencia con los casos señalados, donde ha habido éxito, es que la gente se pone de acuerdo: el gobierno, el sector privado, los partidos políticos. Esto no quiere decir que no haya discusiones o disputas, sino que exista un sentido de propósito de largo plazo, de tener claro hacia dónde queremos ir. Nosotros estamos peleando todo el tiempo. Estamos pensando con atavismos. Es una realidad que tenemos que transformar si queremos ser un país próspero y moderno. Si no, nos vamos a quedar donde estamos, cada vez más rezagados.
El punto es que se tienen que tomar acciones concretas para que haya inversión en infraestructura, en capital humano, en educación de calidad, en tecnología. El tema fundamental hoy es el crecimiento económico, la formación de capital humano y como estamos hoy no se va a lograr ni siquiera las metas del milenio.
En promedio, las economías centroamericanas alcanzan un ingreso por habitante de 10 ó 12 por ciento de las cifras del primer mundo. Por consiguiente, la copia de los patrones de consumo de los países desarrollados sólo es posible para una minoría, para la elite que concentra los ingresos. Eso es precisamente lo que ocurre cuando 10 por ciento de la población de mayores ingresos absorbe más del 40 por ciento del producto.
La batalla entre el interés nacional y los intereses globalizados, parece inclinarse hasta ahora por los segundos. Los gobiernos de buen grado o por influencia de las circunstancias transfieren funciones y poder al mercado, aunque hacerlo les complique dar respuesta a los justos reclamos de los ciudadanos. En ese escenario emerge y se difunde la ideología neoliberal y se transmuta por entero la escala de valores: hoy vale menos la justicia social y más la libertad económica; más la calidad de vida de unos pocos que el bienestar de muchos; más los equilibrios estabilizadores que el desarrollo.
Sin verdaderos acuerdos abiertos y democráticos que conduzcan a combinar con acierto los objetivos sociales, a formar consensos políticos y económicos, será inasequible erradicar los problemas que carcomen a la sociedad nicaragüense contemporánea.