Opinión

La familia, cambio y estabilidad


IDEUCA
La familia, como toda organización humana y social, vive los cambios que sacuden toda la textura humana y mundial provenientes de los avances tecnológicos en el espacio como movimiento de extensión y en la genética, las ideas y la conducta humana como movimiento de concentración.
El impacto de las diversas concepciones filosóficas, el neoliberalismo, la sociedad de la información, del conocimiento y del consumo, la ampliación aberrante de la brecha entre países y personas ricos y pobres, la profundización del sentido de la libertad, del subjetivismo y de la búsqueda de referentes humanos permanentes, han ido trastocando poco a poco los resortes más profundos de la convivencia social.
En muchos aspectos hemos pasado de las grandes certezas a las meras hipótesis, de la seguridad a la incertidumbre, de la consistencia al desequilibrio rumbo al imperio del relativismo total.
Como es natural, esta fuerza y direccionalidad de los cambios han entrado en la familia y le han inyectado cuotas importantes de inseguridad, inconsistencia y desequilibrio, tanto en su concepción como en su organización y estructura.
Esta afectación en la familia, como célula y núcleo de la sociedad, referente original y último de la educación social, se transfiere desde ella a toda la sociedad.
La sociedad está atravesada por otros intereses y apetencias que tienen consecuencias y comportamientos con frecuencia desbalanceados y desequilibrados en los distintos aspectos de la vida personal y social. Por doquier comprobamos que mucha gente vive como en el aire sin base sólida en la que anclar, con mucha prisa, apuesta a la superficialidad, a la sobrevivencia, a aprovechar el momento para el gozo o para la solución de problemas iterativos, a la búsqueda del sentido de la vida, a la necesidad de contar con estructuras de cierto carácter de sostenibilidad.
La familia, pues, se encuentra en la actualidad como en una lucha interna, como en una especie de pugilato entre su identidad tradicional como núcleo humano, reservorio de valores, espacio y clima vitales de la formación y desarrollo de los hijos, generadora de hábitos y actitudes que incidirán en su conducta personal y social y la desaceleración de estos grandes resortes humanos y sociales de tanta repercusión social.
En resumen, la familla se ve afectada, y a veces invadida, por antivalores que, procedentes del contexto global, la van debilitando en su configuración y funcionamiento, poniendo en riesgo su insustituible rol socializador y el hecho de ser fuente original de formación y educación.
Ante esta realidad es un imperativo social afianzar en la familia, como organización social, su carácter de seguridad, consistencia, unidad y cohesión connaturales que como familia proporciona a sus miembros para convertirla en el dique inquebrantable de una sociedad en zozobra.
Para tal fin, es fundamental creer firmemente en la familia, concentrar la máxima atención en ella, aceptarla y defenderla como el origen y fin de toda política social y económica del país, reconocerla y tratarla como la garantía clave del bienestar humano y social, como la organización que siempre permanece como tal, aunque afectada por la cultura del cambio. La familia cambia, pero siempre mantendrá el carácter propio de familia.
Al interior de ella es necesario resaltar su fuerza de ser el ejemplo vivo y el referente recurrente donde se cultivan los valores claves de la vida, siendo de esta manera el sedimento permanente de los mismos en tanto la unión de un hombre y una mujer constituye la realización humana más plena, biológica, psicológica y espiritualmente, realización que la familia transmite como el referente original y duradero de la socialización y desarrollo de la personalidad de sus hijos.
Frente al debilitamiento actual que en varios aspectos presenta la sociedad, esta sólo se puede mantener y progresar como hábitat verdaderamente humano y como fuerza de su reconstrucción permanente, haciendo de la familia ese hábitat y ese proceso estratégico de su reconstrucción.
De aquí su ubicación indiscutible como la organización educativa original y como instancia de permanente retorno para la seguridad y cohesión social.