Opinión

De pizzas, nacatamales y Cassimirri


— Oliver Gómez —

Será un repugnante precedente pero sólo nos hará pensar, cuando Alesio Cassimirri esté bajo la fría bota geográfica del país que lo vio nacer. Cuando las imágenes de su juicio obligadamente deban ser transmitidas en Nicaragua. ;


Cuando vea directamente a la cámara y bajando el rostro nos recuerde que nada pudimos hacer por él en su propia nación. Nada por restarle las once cadenas perpetuas y ninguna prueba en su contra. En contra de un nicaragüense como usted y yo.;


Cuatro veces ha votado en elecciones nacionales. Son 24 ańos en resumen, una vida que habla pocamente adverso de una familia asentada en el país sin queja alguna. No es Cassimirri quien está en tela de juicio, son Valeria, Pedro, Raquel y Alejandro. Su familia que ahora es muy diferente a la nuestra: en tensión, angustia y quizá llorando en ahogo por las madrugadas.;


Ni siquiera lo conozco, pero Cassimirri buenos músculos le saca a la conciencia nacional al atravesar por tan difícil situación siendo nicaragüense. Sabiendo que su azul y blanco no les sirve ni siquiera de garantía para evitar una deportación ante una solicitud extranjera. De completarse el “show”, usted y yo --igual de nicaragüenses-- podríamos ser los próximos mientras los funcionarios públicos se sujetan el delantal migratorio.;


No es casualidad el interés del gobierno italiano. Los periódicos lo ratifican. Tantas veces han buscado a Cassimirri como las tantas que han tenido crisis internas. Parmalat, bien podría ser otra, la que se lleve al padre y destruya a la familia nicaragüense que bajo cédula de identidad arroja miles de córdobas a la Dirección General de Ingresos por su negocio, “La cueva del Buzo”. ;


Pero ¿Dónde está la empresa privada? ¿Dónde está el Cosep de los intereses nacionales?, aquellos empresarios que olvidaron las palabras inscritas por don Roberto Terán en aquella dura piedra de la Rotonda que lleva su nombre. Incluyo aquellos que ahora tienen a la familia Cassimirri en sus manos.;


Ojalá que estos funcionarios utilicen las palabras de apertura y cierre de los discursos del presidente Enrique Bolańos, al momento de tomar la decisión de extraditar o dejar en el país a este empresario: “En el nombre de Dios y de Nicaragua”.;


¿En qué país estamos viviendo?, y cito al contralor José Pasos Marciaq: ¿en qué país estamos viviendo? Cassimirri, tan nicaragüense como usted y yo, camina por la cuerda tensa sin saber qué hará su nación por una desgracia que lejos de estirarla, Nicaragua quiere encoger después de una guerra y tantos saqueos al erario público.;


No es pesar el sentimiento que debería provocar una familia azul y blanco, y mucho menos duda, para que “brille hermosa la paz”. Para que el buzo que tanto provecho ha dado al país pueda sumergirse ahora en “tu glorioso pendón bicolor”, en la Nicaragua donde “ya no ruge la voz del cańón ni se tińe con sangre de hermanos”.;