Opinión

Haití, otra vez en llamas


— Jeffrey Sachs —

Haití está ardiendo otra vez. Muchos culpan al presidente Jean-Bertrand Aristide, y es posible que pronto sea derrocado. Sin embargo, casi nadie comprende que el caos actual fue creado en Washington de manera deliberada, cínica y resuelta. La historia lo confirmará. Mientras tanto, se profundizará el caos político, social y económico y la empobrecida población de Haití sufrirá las consecuencias.;


La Administración Bush ha estado impulsando políticas que puedan derribar a Aristide desde 2001. El odio hacia él comenzó cuando Aristide, en ese entonces un cura de parroquia y activista por la democracia contra la cruel dictadura de Duvalier en Haití, comenzó a predicar la teología de la liberación en los ańos 80. Los ataques de Aristide hicieron que los conservadores de EU lo calificaran como el próximo Fidel Castro. ;


Hicieron circular historias de que Aristide tenía desequilibrios mentales. El desdén de los conservadores se acrecentó notablemente cuando el presidente Bill Clinton apoyó la causa de Aristide, cuando un golpe militar impidió su victoria electoral en 1991. Clinton puso a Aristide en el poder en 1994, y los conservadores se burlaron de él por malgastar las fuerzas estadounidenses en la “reconstrucción nacional” en Haití. Esta es la misma derecha que ha derrochado $160 mil millones en una acción mucho más violenta y cuestionable de “reconstrucción nacional” en Irak. ;


Los ataques a Aristide comenzaron en cuanto la Administración Bush asumió el poder. Visité al presidente Aristide en Puerto Príncipe a principios de 2001. Me pareció alguien inteligente y con intenciones de desarrollar buenas relaciones con el sector privado de Haití y con los Estados Unidos. Sin mostrar trazas del agitador que se decía que era, pidió consejos acerca de cómo reformar su economía y explicó sus aprensiones realistas y premonitorias de que la derecha estadounidense intentaría hacer fracasar su gestión como presidente.;


Era claro que Haití estaba en una situación desesperada: era y es el país más pobre del hemisferio occidental, con un estándar de vida comparable al África subsahariana, a pesar de estar a sólo unas horas de Miami por avión. La expectativa de vida era de 52 ańos. Los nińos sufrían de un hambre crónica.;


De cada 1000 nińos nacidos, más de 100 morían antes de cumplir 5 ańos. La epidemia de Sida, la peor del Caribe, se desarrollaba sin control alguno. El sistema de salud había colapsado. Temiendo desórdenes sociales, los turistas e inversionistas extranjeros se mantenían bien alejados, por lo que no había empleos en los cuales trabajar.;


Pero Aristide era inmensamente popular a principios de 2001. Había muchas esperanzas de que pudiera lograr avances contra la extraordinaria pobreza. Junto al doctor Paul Farmer, el legendario médico tratante del Sida en Haití, visité pueblos en la plataforma central del país, preguntándole a la gente acerca de sus opiniones políticas y sobre Aristide. Todos se referían afectuosamente al presidente, con el apodo “Titid”. Era claro que había un líder electo con el apoyo de los pobres de Haití, que constituyen el grueso de la población.;


Cuando volví a Washington, conversé con altos funcionarios del FMI, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Organización de Estados Americanos. Esperaba escuchar de estas organizaciones internacionales que se apresurarían a ayudar a Haití. ;


En lugar de ello, me asombró enterarme de que todas ellas iban a suspender la ayuda, debido a vagas “instrucciones” de EU. Parecía ser que EU no deseaba dar paso libre a la ayuda a Haití debido a irregularidades en las elecciones legislativas del 2000 e insistía que Aristide hiciera las paces con la oposición política antes de enviar ayuda de cualquier tipo.;


La posición de EU era una farsa. Aristide había sido elegido presidente por una indisputable mayoría. Sin lugar a dudas era el líder del país, elegido por el pueblo, una afirmación que George W. Bush no puede hacer acerca de sí mismo.;


Tampoco había dudas sobre las elecciones legislativas de 2000: el partido de Aristide también había ganado por una amplia mayoría. Se afirmaba que el partido de Aristide había logrado ilegítimamente algunas bancas del Parlamento. Si es verdad, y la acusación sigue sin probarse, no sería diferente a lo que ha ocurrido en decenas de países de todo el mundo que, sin embargo, reciben el apoyo del FMI, el Banco Mundial y los mismos Estados Unidos. Medidas del modo que sea, las elecciones de Haití habían marcado un paso adelante hacia la democracia, en comparación con las décadas de dictaduras militares apoyadas por EU, sin mencionar los largos períodos de ocupación estadounidense directa.;


Mientras más uno preguntaba en Washington, menos sentido tenía la posición de EU. Las personas que estaban en puestos de responsabilidad en las agencias internacionales simplemente se encogían de hombros y murmuraban que no podían hacer más por ayudar a Haití, en vista del veto de Bush a la ayuda. Más aún, al decir que la ayuda estaría congelada hasta que Aristide y la oposición política llegaran a un acuerdo, la Administración Bush daba a la oposición no electa un abierto poder de veto. Los enemigos de Aristide simplemente se negaron a negociar, para hundir a Haití en el caos. ;


Ahora el caos ha llegado. Es triste escuchar en la BBC o CNN a estudiantes desbandados diciendo que Aristide “mintió” porque no mejoró las condiciones sociales del país. Sí, el colapso económico de Haití está generando disturbios y muertes, pero las mentiras no fueron de Aristide. Vinieron de Washington. ;


Incluso ahora, Aristide dice que compartirá el poder con la oposición, pero la oposición dice “no”. Los opositores a Aristide saben que la derecha de EU se pondrá de su lado para llevarlos al poder de manera violenta. Mientras esto sea cierto, la agonía de Haití continuará.;


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Jeffrey D. Sachs es profesor de economía y director del Earth Institute de la Universidad de Columbia. Copyright: Project Syndicate.;