Opinión

Taxis, taxis, taxis...


— Enrique Alvarado Martínez —

Mi cuńado que vive en Nueva Orleans, ciudad de más de un millón de habitantes, nos visitó por unos días para el fin de ańo e inicio del 2004. El y su esposa quedaron gratamente sorprendidos por las bellezas naturales que les enseńamos y soportaron estoicamente las pésimas carreteras que nos tocó sortear, tanto camino a Selva Negra, a Granada o a Pochomil, afamados destinos turísticos que siempre queremos mostrar a los visitantes extranjeros.;


Pero hubo algo que llamó poderosamente la atención a mi cuńado cuando preguntó con asombro ¿Por qué hay tantos taxis en Managua? Había hecho cálculos con la lógica del gringo y la experiencia de los que viven en una gran ciudad e hizo la observación que había entre 3 o 4 taxis, por cada vehículo particular. La explicación pudo haber sido, las simples diferencias económicas entre un ciudadano norteamericano y un ciudadano nicaragüense. El norteamericano promedio tiene su propio auto, el nicaragüense viaja asardinado en esas latas rodantes o se atreve a pagar un taxi. El asunto no quedó suficientemente aclarado porque más y más taxis, salían al paso como cucarachas atolondradas el día de la fumigación, aceleraban, aventajaban y frenaban apenas rozándose el uno al otro. Es la competencia –dije- Es que andan buscando pasajeros. No sería más apropiado -comentó su esposa- que los pasajeros buscaran a los taxis. Y en ese comentario, en apariencia intrascendente, estaba la clave del asunto. El taxista es un cazador furtivo que tiene que conjugar el ojo del águila con la garra del felino. El pasajero no busca al taxi, espera ser cazado en el lugar menos pensado. Esto viene a plantear el viejo tema del cual ya hemos hablado. ¿Por qué tienen que circular los taxis en busca de pasajeros? No sería más lógico y económico que los taxis esperaran que el pasajero los busque. ¿Que hacen las grandes ciudades para disminuir esa invasión antieconómica de taxis? Tienen TAXIS DE PARADA y TAXIS DE LLAMADA. Eso significa que en lugares estratégicos: terminales de buses, supermercados, mercados, centros comerciales hay un espacio destinado para que, en orden del primero al siguiente, los pasajeros caminen unos metros y aborden el taxi. Esto, además de evitar la aglomeración, el desorden y el peligro a los asaltos, significa una economía para el propio taxista que no anda gastando combustible en la búsqueda afanosa del cliente casual. La otra forma es el TAXI DE LLAMADA. Ahora hasta los trabajadores de la construcción andan con su celular y pueden llamar a una central de taxis y esperar unos minutos para que lo vayan a recoger.;


Pero posiblemente esta solución que parece lógica se tope con la “lógica” del desorden. Desorden del río revuelto que ocurre con las leyes, la Constitución y los poderes del Estado. El desorden es “alegre” se presta para la “vivianada”, el ventajismo y el aprovechamiento. ;


Pero el caso es que Managua no tiene capacidad para más taxis, ni para más carros o buses. Su capacidad ha sido sobrepasada y las rotondas que se siguen construyendo no son la solución, son mas bien, parte del problema. Hay que buscar una salida ahora, antes que el caos haga de Managua una ciudad intransitable y que, cuando ocurra el frecuente desastre natural, la inundación o el terremoto, la capital se convierta en una trampa mortal.;