Opinión

¿Disidencia a qué?


— —

Pauni Obregón Ortega;


Antes que todo, me gustaría felicitarlo por sus comentarios, ya que enriquecen nuestro pequeńo conocimiento de la historia reciente de nuestro país. Desgraciadamente, para lo que somos jóvenes la información fuera de los libros y ensayos publicados suelen desconocerse por no querer adentrar en el pasado.;


A veces, cuando uno lee a los que fueron actores directos o indirectos de la década de los ochenta en Nicaragua muestra un sentimiento de ańoranza y hasta cierto punto de decepción de la revolución “de lo que pudo ser”. Supongo que la oportunidad histórica y el alto costo que significó marcaban el compromiso de una Nueva Nicaragua. Lo cierto es que fuera de los actores que pudieron jugar y las advertencias que se pudieron dar, Nicaragua tiene mayores retos que esperanzas. La falta de estadistas (como usted apunta), los abusos de poder y una ausencia de rotación del pensamiento podrían ser algunos de los factores que hoy carcomen a la sociedad de una auténtica lucha de líderes y lo que es lamentable, de la apatía de mi generación.;


En sus comentarios hace referencia a la “disidencia” como elemento transformador en el pensamiento del individuo, y en este caso de los partidos políticos, sin embargo, la pregunta que me viene a la mente es disidencia ¿a qué? ;


Las discusiones del ámbito político nacional son más concepciones de forma que de fondo; la discusión de ideologías, pensamientos y análisis pasó a un tercer plano, relegada por acciones coyunturales a las que no escapamos. ;


La sociedad ha caído en un proceso cíclico, muchas veces viciado de buscar soluciones rápidas sin una estrategia o política que permita darle fortalecimiento a la institucionalidad. Tal vez esto se origina del mismo sentimiento de impotencia y otras veces de apatía. Los partidos políticos son una muy clara expresión de ello y sus discusiones se limitan a campańas electorales y cuotas de poder, cayendo en un debate estéril por la coyuntura. ;


La población deja que las fuerzas políticas se aglomeren a su antojo para crear la polarización en cada proceso electoral, los militantes de los partidos creen ciegamente cada vez más en los “caudillos” de sus partidos bajo el pretexto de que su discusión crearía escisiones que serían aprovechadas por la oposición, las discusiones intelectuales se convierten en una plática entre sordos, y el relevo generacional mantiene una estructura de pensamiento inmutable que cede ante grupos de intereses... por ello disidencia ¿a qué vamos a tener?;


Para que exista disidencia debe de haber un claro camino a seguir, una visión de lo que quiere la sociedad y en todo caso los partidos. Una posición coherente de los que buscan el poder, pero me atrevería a decir que en la actualidad ni ellos mismos saben comprender su visión. El llamado “Pacto Social” que Rosseau nos propuso y que continuamente Serrano Caldera recuerda, se traslada de un acuerdo de nicaragüenses a ratificación de tratados y acuerdos internacionales para poder sobrevivir en la era de globalización.;


A veces me cuestiono si realmente aprenderemos a valorar las críticas y posiciones diferentes en una sociedad donde parece que nos encanta que los caudillos nos iluminen. La lucha interna en los partidos pareciera el motor que crea ese cambio, pero me da la impresión que debe de darse otro tipo de batalla y es la revolución del pensamiento, de ideas, que se tiene que hacer en nuevos espacios con nuevos actores. ;


La generación joven que participó en el proceso revolucionario de los ochenta o que estuvo en el exilio, o en los campos de Honduras debería de asumir los retos, pero el pragmatismo se ha adueńado de sus ilusiones. La discusión se limita a una simple suma aritmética para poder conseguir el pan de cada día y posiblemente eso daría que los mismos políticos de profesión sean los que siempre decidan. ;


La apatía tal vez sea una forma de disidencia, aunque no brinda una respuesta a la problemática. Posiblemente, el mayor reto será crear las bases y educación en las generaciones jóvenes que nos permita alentarnos a romper con estos círculos viciosos, aunque las limitaciones se contrapondrán con los ideales. Supongo que “pueblos que no aprenden de su historia están condenados a repetirla” será el mayor aprendizaje que nos ilustre, aunque la frase parece haber perdido sentido si la comparamos con nuestra historia republicana. ;


Desde muy cerca, 9 de febrero 2004;


Correo electrónico: po35@law.georgetown.edu;