Opinión

Las fuerzas democráticas


— Carlos Tünnermann Bernheim —

Con frecuencia nuestros políticos, y algunos diplomáticos extranjeros, hablan de “las fuerzas democráticas” para contraponerlas al FSLN, representativo, según ellos, de las “fuerzas no democráticas”.;


Está claro que mientras el FSLN siga manejado, en última instancia, por la voluntad de un caudillo, es difícil considerarlo como un partido que practique, a lo interno, los procedimientos democráticos, aunque su ideario diga lo contrario y por muchas “consultas populares” que se lleven a cabo. Todos sabemos que en el FSLN, la última palabra, y a veces la primera, es la del caudillo como se evidenció en el caso de la elección del candidato para la Alcaldía de Managua y, en el pasado, con la fórmula para las elecciones presidenciales, fenómeno que todo hace indicar se repetirá en el 2006. Ojalá los partidos de la Convergencia logren una verdadera democratización en la selección de los candidatos para el resto de las alcaldías, mediante la anunciada apertura a la participación ciudadana.;


Pero si esto sucede al interior del FSLN, el PLC no anda mejor en cuanto a la práctica democrática en su organización y selección de candidatos. Incluso, los últimos acontecimientos ponen al PLC en ventaja sobre el FSLN en cuanto a los “dedazos” del caudillo. El Dr. Arnoldo Alemán, pese a su condición de reo condenado por un tribunal de primera instancia por la comisión de graves delitos contra el erario público, sigue imponiendo su voluntad hasta en las decisiones de menor jerarquía, como la designación del secretario ejecutivo de la Asamblea Nacional. Es más, el PLC se presenta en el escenario como un partido cuyo primer punto en su agenda partidaria es lograr, a todo trance, la libertad del reo Alemán, pese a lo que seńalan todas las encuestas de opinión ciudadana y las contundentes pruebas en su contra aportadas por la Procuraduría.;


¿Puede, entonces, considerarse al PLC como representativo de las “fuerzas democráticas” del país, si tiene tan cuestionable desempeńo en lo que respecta a la lucha contra la corrupción, ahora declarada una de las dos guerras que ocupan los lugares prioritarios de la agenda mundial, y es, a la vez, un partido donde los candidatos a los cargos principales necesitan el aval del caudillo, tal como sucedió incluso con la candidatura presidencial de nuestro actual presidente en las elecciones recién pasadas?;


Entonces, es poco serio seńalar al PLC como el posible “polo democrático” o “núcleo aglutinador” de las “fuerzas democráticas”, en las próximas elecciones, salvo que el interés no sea fortalecer realmente nuestro incipiente proceso democrático sino apoyar a los grupos políticos del país proclives a seguir sumisamente las “sugerencias” del país hegemónico.;


Por otra parte, es inaceptable que la participación activa de embajadores extranjeros, por muy respetables que sean, en las negociaciones políticas internas de nuestros partidos, pueda calificarse de simple “rol facilitador”. O nos equivocamos mucho o nos engańamos por puro gusto, si nos empeńamos en negar que este tipo de intervención en nuestros asuntos políticos internos es puro y simple injerencismo, cualquiera sea la intención con que se intervenga.;


Finalmente, pensamos que las verdaderas fuerzas democráticas de Nicaragua están en los amplios sectores mayoritarios de la ciudadanía, que según las encuestas, no están de acuerdo ni con el proceder del FSLN ni con la actuación del PLC, precisamente por juzgarlos partidos antidemocráticos, que dańaron profundamente nuestra institucionalidad democrática, con el pacto de 1999, que condujo a las reformas constitucionales de principios del ańo 2000, y partidarizaron, como nunca antes, todos los poderes del Estado.;


Las verdaderas fuerzas democráticas representan la reserva moral y política de este país que, ojalá algún día, puedan organizarse en una gran alianza cívica como la que se intentó organizar en las elecciones pasadas bajo la bandera del Partido Conservador, y que fracasó por la miopía de sus directivos y las presiones foráneas.;


Las auténticas fuerzas democráticas son las que, precisamente por sus firmes convicciones democráticas, no están dispuestas a ceder un ápice en la lucha contra la corrupción; las que promueven la recuperación y fortalecimiento de nuestra institucionalidad y no aceptan los pactos entre caudillos ni las componendas de cúpulas, y se esfuerzan por insistir en el carácter prioritario de la lucha contra la pobreza y el desempleo, sin contaminación populista. Son los “vigores dispersos” que, por esa dispersión, son también co-responsables de la situación en que nos encontramos.;


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Enero de 2004.;